© Alfonso Ferrer


 

¿Quién no ha imaginado como será el fin del mundo? Ya se ha encargado Hollywood se recrearlo en infinidad de veces. Por alguna razón, las historias con implicaciones catastróficas para la humanidad, provenientes de la factoría americana, se han multiplicado en los últimos diez años: que si un meteorito se estrella contra la Tierra , que si el cambio climático…incluso (¿por qué no?), la humanidad sometida a una posible invasión extraterrestre,

Tenemos la sensación de que, en cualquier momento, se puede desatar una tragedia de alcance global. Es más, en ocasiones, creemos que ocurrirá de manera inminente. Es una idea que, sin duda, ha sido aprovechada por individuos, a lo largo de la historia, para llevar al desastre a gran cantidad de personas.


“Los cuatro jinetes del Apocalipsis” , de Alberto Durero


 

Primera sectas apocalípticas

En una entrevista que me concedió el antropólogo Francisco de Paula Díez de Velasco, catedrático de la Universidad de La Laguna , me manifestaba que, a diferencia de Oriente, en donde predomina una visión cíclica del universo (el mundo se acaba y vuelve a renacer), la idea occidental del fin del mundo tiene que ver con la concepción lineal que tenemos del transcurso del tiempo. Es decir, todo empieza y todo se acaba. No hay vuelta atrás. Esta percepción proviene directamente de la Biblia. En los textos sagrados se habla del origen del mundo, el Génesis, y, por supuesto, …de su fin, en el Apocalipsis.

El Apocalipsis es el último libro del Nuevo Testamento. Para Díez de Paula “es un excelente ejemplo de literatura apocalíptica pero era común en el judaísmo como ha mostrado el material de Qumran. El texto es muy evocador por el peso de la fuerza imaginal bíblica” . Su gran carga simbólica lo convierte en un libro complejo. Su autor, Juan (para muchos, Juan el Evangelista) nos habla de unas terribles visiones que tuvo, durante su reclusión, por parte de los romanos, en la isla griega de Pathmos, en el siglo I d.C.. El Apocalipsis establece que, en el final de los tiempos, una serie de catástrofes asolarán a la humanidad para dar paso a la segunda venida de Cristo y la llegada de la Nueva Jerusalén.

Las palabras de Juan dejaron una impronta en las mentes de las primeras comunidades cristianas. Éstas sufrían las tremendas persecuciones de los romanos. En las visiones relatadas en el Apocalipsis encontraron una razón para resistir y una esperanza. A fin de cuentas el reino de los cielos sería de ellos. Sólo era cuestión de esperar.

Y así pasaban los años y Jesús no llegaba. Los cristianos empezaban a desesperarse. Pensaban que la llegada del mecías iba a ser inminente. Algunos individuos quisieron acelerar este acontecimiento.

Así surgieron, las primeras comunidades sectarias.

En el siglo II, en Frigia, en Asia Menor (la actual Turquía), Montano y dos profetisas propagaban su mensaje apocalíptico en una pequeña aldea, Pepuza. Aunque eran cristianos, actuaban al margen de las autoridades eclesiásticas. Fue una de las primeras escisiones importantes en el cristianismo primitivo.

Los montanistas eran presas de un auténtico paroxismo escatológico, fruto de una interpretación literal de lo expuesto en el Apocalipsis. Practicaban al ayuno y la abstinencia sexual. Rompieron sus lazos sociales y se decía que llegaron a practicar el sacrificio de niños. Algunos iban más allá afirmando que Montano los descuartizaba y se los comía.

En aquellos años, Asia Menor parecía situarse en el epicentro de un auténtico fervor milenarista. El obispo oriental Hipólito, narra una historia contemporánea en la que un sacerdote del Ponto profetizó la llegada de Jesús, con todo lujo de detalles. El clérigo aseguró que ésta se produciría en el plazo de un año y que, si no ocurría así, no valía la pena creer más en las sagradas escrituras. Muchos vendieron sus bienes y abandonaron las actividades con las que se ganaban el pan. Se oyeron lamentos y oraciones, semana tras semana.

Cuando transcurrió el plazo anunciado por el presbítero y nada ocurrió, el caos se apoderó de la comunidad. Quienes habían vendido sus tierras acabaron arruinados y las vírgenes se casaron.

 

La Sagrada Biblia



El adventista William Miller anunció una fecha para el fin del mundo.


 

Observamos ya, en tiempos tempranos, el germen de lo que, en la actualidad, entendemos como “grupos milenaristas”.

El miedo apocalíptico se acentuó en el cambio de milenio; quizás porque, precisamente, mil años para el hombre equivalen a un día para Dios (segunda epístola de San Pedro) o porque mil años duraría el reino de Dios en la Tierra , tras la segunda venida de Jesús. La idea del milenio ha estado presente, desde hace mucho tiempo, en los temores del hombre.

El siglo XIX, sufrió un revival de los miedos apocalípticos en Estados Unidos. Y, en este caldo de cultivo, surgieron algunos grupos religiosos que preconizaban el inminente regreso de Cristo. Sería el caso de los mormones o el de los Testigos de Jehová. Éstos últimos llegaron a anunciar el fin del mundo para 1914.

Un inspirador espiritual de los propios Testigos de Jehová fue el adventista William Miller. El predicador norteamericano pensaba que el libro de Daniel era profético en cuanto a que se refería a eventos históricos concretos y se convenció de que hablaba de una llegada cercana de Jesucristo. Se dedicó a estudiar la Biblia y esperó, junto a miles de discípulos, la llegada del fin del mundo el 21 de Marzo de 1843. Como no ocurrió nada, Miller pospuso la fecha para el 22 de Octubre de 1844.

Esta forma de actuar es muy propia de los profetas. Si se anuncia una fecha concreta del Apocalipsis y no pasa nada hay dos soluciones: o renunciar a la creencia o retocar la teoría, y es lo segundo lo que se suele hacer.

Los modernos movimientos “platillistas”

La revolución tecnológica experimentada por la humanidad, a mediados del siglo XX, caló hondo en las mentalidades y modificó los arquetipos. La llegada del hombre a la Luna , el proyecto SETI y la exploración espacial supusieron un cambio en la naturaleza de los dioses.

Para Díez de Velasco, en los nuevos grupos pseudos-religiosos se produjo una visión tecnológica del relato del libro del Apocalipsis. Sería el caso de David Berg, líder de la secta los niños de Dios .

En el ideario de Berg, la Bestia será personificada en una figura política de gran poder, dirigente de un Nuevo Orden Internacional. Este personaje, en las escrituras, es reconocido como Satanás. Se comportará de manera despótica y anulará pactos para poder perpetuarse en el poder.

El Apocalipsis habla de la instauración, en Jerusalén, de la imagen de la Bestia. Para Berg, ésta será realmente un superordenador conectado a la red del Nuevo Orden Mundial. Los adeptos de este tiránico sistema deberían rendir culto a Satanás y llevar grabado un número en la mano derecha o en la nuca, sin el cual no podrían hacer transacciones ni llevar una vida económica normal. Los que no portaran este número serían fácilmente identificables y perseguidos. A ellos Dios proveerá con los medios necesarios para ganar la lucha final.

En David Berg, se conjugan los elementos típicos del líder de una secta. Vivió en reclusión y, de manera, secreta junto a su comunidad.

 

David Berg, lider de la secta Los niños de Dios , dio un enfoque tecnológico al Apocalipsis.


Abusó sexualmente de numerosas adeptas. Fue acusado hasta por seis mujeres, que incluían a varias de sus hijas y nietas. Y, por supuesto, predijo el fin del mundo: un cometa destruiría Estados Unidos, en 1973 y la segunda venida de Jesucristo ocurriría en 1993.

El reverendo Jones provocó la muerte de casi un millar de personas.


Cadáveres hacinados de adeptos de la secta Templo del Pueblo.


 

El líder de la secta, generalmente, es un tipo inteligente, que conoce las técnicas de manipulación mental. Su discurso es tan embaucador que, en no pocas ocasiones, ha llevado a toda su comunidad al más completo desastre.

Ocurrió con el reverendo Jim Jones y su grupo Templo del Pueblo. Sus adeptos se asentaron, a finales de los 70 en el país sudamericano de Guyana. Jones obligaba a sus numerosos acólitos trabajar en los campos de cosecha, de sol a sol. Además, éstos eran alimentados mediante una paupérrima dieta a base de vegetales. Eso sí, al señor Jones no le faltaba de nada.

Con un grupo de zombies cansados y hambrientos, el reverendo norteamericano debió creerse el rey del mundo. El 18 de noviembre de 1978 eligió su destino, obligándoles a beber una ponzoña letal. El balance de víctimas fue brutal: ¡900 muertos!

Este ha sido, lamentablemente, un procedimiento en algunos grupos apocalípticos. El líder anuncia la cercanía de una gran catástrofe en la que sólo sobrevivirán unos pocos. Los elegidos serán recogidos por una nave espacial. Para ello deben hacer el tránsito en el momento adecuado. Nosotros lo llamaríamos suicidio, para ellos es el salto a la eternidad.

Si se quiere otro caso, les remitiremos a la Orden del Templo Solar. Este peligroso grupo se introdujo en Canarias, en los ochenta, de la mano del homeópata Luc Jouret. Atraídos por la moda platillista que inundaba los medios durante aquellos años, incorporaron la creencia en las divinidades extraterrestres. Éstas los recogerían y se los llevarían a Sirio…nada menos. Finalmente, el “viaje” se llevó a cabo en la localidad suiza de Salvan.

El resultado de muertos no pudo ser más trágico: cuarenta ocho cadáveres se recogieron en un chalet. En los cuerpos se encontraron marcas de balazos, aunque posteriormente, fueron quemados. Entre los fallecidos, se encontraba un adepto canario, Leopoldo Cabrera. Cabrera fue una víctima no prevista. Se trasladó a Suiza para llevar la recaudación de la organización a sus mandamases. Al ver la que se estaba armando, habría intentado poner pies en polvorosa. Para entonces ya era demasiado tarde. Alguien se encargó de suicidarlo.

El “Siguiente Nivel”

Las causas por las que un individuo normal, como usted o como yo, puedan pasar a formar parte de una locura semejante siguen siendo un enigma. Lo cierto es todos somos víctimas potenciales de una secta. Los adeptos de estos grupos incluyen a individuos de lo más variopinto: desde ricos hasta pobres, desde personas sin estudios hasta licenciados universitarios… lo cual desmiente el mito de que sólo los ignorantes pueden ser engatusados.

Quizás la idea clave está en que la secta juega con las emociones del adepto. Por muy inteligente o racional que sea, para una persona siempre serán importantes cuestiones como el afecto, la integración social, la esperanza y, para muchos…la salvación del alma. El individuo siente una angustia existencial. No sabe que le deparará el futuro. Todo es incierto. La secta le ofrece el paraíso de antemano. El fin del mundo ya no será un problema.

También es cierto, que somos más propensos a ser captados por la secta, según el momento personal que estemos pasando: falta de autoestima, depresión…


Marshall Applewhite, líder de Heaven´s Gate.


 

En el norteamericano Marshall Applewhite se dio esta circunstancia. Durante los años 70, estuvo internado en un centro psiquiátrico para “curar” su homosexualidad (en la década de los 60 y 70 se seguía considerando como una enfermedad). El hecho de no aceptarse a sí mismo pudo influir a la hora de dejarse convencer por las palabras de Bonnie Lu Trusdale, una mujer con la que entabló una gran amistad. Ella le convenció de que era un elegido. En ellos estaba la semilla de la salvación y sería Marshall quien diera el mensaje de salvación de sus hermanos extraterrestres a la Humanidad.

En 1975, crearon un grupo que desarrolló sus ideas; esto es que en la Tierra se estaba librando una batalla entre el Bien y el Mal, que estaba siendo ganada por los seres luciferinos. El ideario de la comunidad se basaba en un cruce entre una lectura extraterrestre de la Biblia y la moda de los ovnis.

En 1993, se dieron a conocer como grupo en el periódico USA TODAY. Ya se había formado el germen de lo que sería la secta Heaven´s Gate (Puerta del Cielo).
 

El cuerpo de Applewhite, tal y como lo encontró la policía.


La década de los noventa fue una plataforma extraordinaria para dar a conocer sus creencias. Heaven´s Gate estaba formado por personas bien formadas que dominaban las tecnologías. El grupo se financiaba gracias a la elaboración de páginas web y la oferta de otros servicios informáticos. Se habían instalado en San Diego (California) y ya estaban preparando el paso al “Siguiente Nivel”. Éste se llevaría a cabo, coincidiendo con el paso del cometa Hale-Bopp que, en 1997, ya era bastante visible.
 

Portada de la página web de Heaven´s Gate.


 

Sus hermanos alienígenas irían en una nave espacial, dentro aquel cometa. En aquel momento los rescatarían y los salvarían de las calamidades que azotarían al mundo inexorablemente.

Las autoridades entraron en el rancho de San Diego, el 26 de Marzo de 1997. Se encontraron 39 cadáveres cuidadosamente colocados y tapados, en unas literas. No había señales de que aquel suceso hubiera sido especialmente traumático o doloroso para los adeptos de Heaven´s Gate. Todo estaba en orden, como si hubiera sido pensado hasta el último detalle.

El sistema elegido para el viaje: la ingesta de un potente veneno, el fenobarbital.

La diferencia de Heaven´s Gate con otros grupos era el grado de convicción de sus premisas. Muchos estudiosos dudan, incluso, a la hora de ponerle el calificativo de secta. El creyente número uno fue el propio Applewhite, el líder. Sus ideas se pueden consultar en su web, inicialmente secuestrada por el FBI aunque finalmente puesta a disposición del público:

http://www.psychwww.com/psyrelig/hg/index.html.

A pesar de que en el sitio web ya hay indicios de la tragedia (no olvidemos, también, la reseña del USA TODAY), nadie hizo nada por evitarlo.

En la referida página vendían cintas de video en las que divulgaban sus teorías y, curiosamente, rechazaban la idea del suicidio. Para ellos, desde una perspectiva psicológica, se trataba de una liberación. Éramos nosotros los que habíamos elegido el suicidio al quedarnos en la Tierra.

 

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Este artículo ha sido publicado en la Revista Digital Angulo 13 en el mes de enero de 2008 con la expresa autorización de su autor.

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