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21 de Marzo de 2007, 11.00 horas, Término Municipal de La Laguna. Acudimos a nuestra cita con Agustín Cabrera. Al encuentro asistimos el investigador Jesús Tremps, la periodista Adriana González y un servidor. Cabrera es químico y ejerce su profesión desde hace, al menos, 30 años. Nos recibe muy amablemente en su residencia, con un misterioso recipiente de cristal en la mano. En una envejecida etiqueta adherida al receptáculo podemos leer “U- 238” . El químico destapa el bote y nos muestra su interior. Una sustancia negruzca y desagradable posa al fondo. |
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El área del accidente pudo verse contaminada por Uranio Empobrecido.
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27 de Marzo de 1977, 17.15 horas , pista de cabecera del aeropuerto de Los Rodeos. Un vehículo de bomberos intenta abrirse paso a través de la niebla. La visibilidad no permite ver más allá de unos metros. En estas condiciones localizar un Boeing 747 en llamas es como buscar un aguja en un pajar.
Por fin parece distinguirse algo a no demasiada distancia. Al aproximarse descubren gran parte de un avión envuelto en gigantescas llamas. De hecho, el incendio terminaría de sofocarse totalmente a las tres de la madrugada del día siguiente. Hay restos del aparato por todos lados. También parecen distinguirse restos humanos. Todo ello en un radio de 500 metros . No hay supervivientes. Los bomberos parecen percatarse de otra bola de fuego a unos cientos de metros...¿Otro avión en llamas? Al llegar, el espectáculo al que asisten es horroroso. El otro boeing está semidestruido. A su alrededor hay desperdigados algunos cadáveres. |
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Los supervivientes salen como pueden por cualquier agujero del aparato. Otros esperan encima de una de las alas de la aeronave que, milagrosamente, está intacta. Los demás deambulan por la pista como zombis. Días después se confirma el dato: La mayor catástrofe aérea de la Historia …¡583 muertos! |
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Algunos meses después de la tragedia, el químico Agustín Cabrera se encontraba en el depósito donde se almacenaban los restos de los aparatos siniestrados, en la localidad de La Cuesta. Le llamó la atención el observar cómo saltaban gran cantidad de chispas de una sierra radial que estaba siendo usada por un trabajador para cortar un trozo de metal de uno de los aviones. Cabrera aconsejó al operario que se abstuviera de seguir con su labor y se llevó unas muestras del metal para analizarlo.
Tras someterlo a diversos estudios, pudo averiguar que se trataba de uranio empobrecido. Extremo éste que, también, pudo ser constatado por la Junta de Energía Nuclear, que se interesó vivamente por este asunto. El químico Agustín nos decía que las señales de radioactividad podían ser rastreadas de una forma bastante notable desde, al menos, 300 metros de distancia desde donde se encontraba la chatarra, a través de un contador Geiger. ¿Qué hacían 300 kilos de uranio entre los restos de las aeronaves? ¿Pudo constituir la presencia del material un peligro para el personal que ayudaba en el accidente, debido a su radioactividad? |
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El químico Agustín Cabrera conserva una muestra del uranio localizado en los Boeing.
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| La explicación, generalmente aceptada, es que la presencia del uranio obedecía a que formaba parte de unas estructuras, instaladas en las alas de las aeronaves. Estas estructuras, a modo de barras, ayudaban a estabilizar el avión durante el vuelo. En nuestro caso, el material estaba instalado en la cola de popa de los Boeing. El uranio, en este sentido, como material era muy útil ya que era pesado y, relativamente, barato. |
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Detalles del frasco con el uranio.
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¿Cual era el problema entonces? La alta toxicidad de esta materia. El uranio, aunque empobrecido, es un elemento radioactivo. La propia Organización Mundial de la Salud admite que, inhalado en grandes cantidades, puede provocar graves trastornos para la salud.
Aquel desgraciado día del 27 de Marzo de 1977, entre supervivientes, policías, voluntarios, periodistas y personal de emergencias, habrían cientos de personas que estuvieron expuestas a los riesgos del uranio. Si este elemento formaba parte del fuselaje de los aviones, ardió junto con ellos. Al alcanzarse más de mil grados de temperatura, las estructuras de uranio se descomponen en pequeñas partículas que quedan flotando en el aire. Éstas pudieron ser aspiradas por las personas presentes en lugar y depositarse en los pulmones. Se empezó a rumorear que estas partículas radioactivas, ya alojadas en el cuerpo, podrían generar problemas a largo plazo, como cáncer de pulmón.
No tenemos constancia de que esta circunstancia la tuvieran en cuenta las autoridades ni si llevó a cabo alguna investigación para verificar, efectivamente, si hubieron afectados.
Un publicación electrónica “Private Eye”, en su número 1056, hablaba de un policía español que estuvo presente en Los Rodeos, el fatídico día, y que murió, víctima del uranio empobrecido. Tampoco se ha podido constatar este punto.
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Otra versión, más arriesgada de los hechos, nos habla de contrabando de uranio a bordo de uno de los aviones.
Agustín Cabrera nos dijo que este material se detectó en uno de los aparatos únicamente, en el norteamericano, no en el holandés. También nos comentó que, en un informe de la compañía Boeing, se negaba la instalación de estructuras de uranio empobrecido en el fuselaje de las aeronaves. En aquellos días, saltaba a la prensa la noticia de que Sudáfrica anunciaba su capacidad para manipular material nuclear. Este hecho podría haber provocado, la inmediata actuación de la Junta de la Energía Nuclear. ¿El PAN AM siniestrado tenía como destino el país africano? ¿Se trataría de un cargamento no autorizado de uranio empobrecido, camuflado a bordo de un avión de pasajeros que nunca llegó a su destino?
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Ciertamente, no hay demasiados elementos de peso que permitan sostener esta teoría.
Uno de los colectivos que más se han interesado últimamente por el tema del uranio empobrecido ha sido el partido político Los Verdes. Hace un año, me reunía con su portavoz, Octavio Hernández. Su grupo solicita la desclasificación de los informes correspondientes a la retirada de los restos de los aviones siniestrados del aeropuerto. En principio, esta labor era competencia del departamento de Industria, pero Octavio sospecha que debe haber informes militares sobre esta operación, ya que, en su opinión, ya existía por parte de los gobiernos (tanto americano como español) un conocimiento previo de la existencia del uranio en los fuselajes de los aparatos. Según el portavoz de Los Verdes, a pesar de las investigaciones que se han realizado tanto por parte de las autoridades españolas, como holandesas como americanas no ha habido transparencia respecto a las informaciones. |
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Lo que quedó de uno de los Boeing.
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El accidente dejó una huella imborrable en el suelo y en las conciencias.
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Otra cuestión sin resolver es dónde se encuentran los restos de los aviones junto al uranio. Recordemos… Industria los retira y los deposita en un almacén en La Cuesta. El químico Agustín Cabrera se interesa vivamente por el material tras constatar la presencia de uranio, ya que ello le era muy útil para un negocio de plata que llevaba a cabo. Lo adquiere tras salir a subasta. Tiempo después, aparece en la puerta de su domicilio una pareja de la Guardia Civil que le decomisa (según sus propias palabras) el susodicho material y se lo lleva a Madrid. A partir de ahí, se pierde la pista del uranio. El portavoz de Los Verdes apuntaba a la posibilidad de que, finalmente, se encontrara en un depósito en Estados Unidos. Cabrera sin embargo se quedó con 300 gramos del uranio, los metió en un frasco y le puso una etiqueta en la que se podía leer “U- 238” (Uranio).
Cuando el químico nos enseña el frasco, lo primero que llama la atención es que el cristal del recipiente se ha vuelto opaco, posiblemente por la radiación emanada por la materia. Cuando lo destapa para que veamos el contenido, procuramos no acercar demasiado las narices.
Llegados a este punto, ¿qué postura ha tomado al ciencia? A través de la redactora de televisión Adriana González doy con un joven científico, Francisco Hernández, Doctor en Física por la Universidad de Uppsala (Suecia).
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Con él, efectuamos un experimento con un contador Geiger. Al acercarlo a la muestra del frasco, ciertamente, el aparato acusaba la radioactividad de la materia. |
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Francisco Hernández es miembro del Laboratorio de Física Médica, en la Escuela de Enfermería, el único en las islas que lleva a cabo mediciones radiológicas. Allí nos reunimos junto al catedrático de Física Medica, José Hernández Armas. Aunque siguen analizando las muestras de uranio me adelantaron algunas lecturas preliminares. Fundamentalmente, nos confirman que, en principio, el material nos es especialmente dañino. Según nos aclaraba Hernández Armas, la probabilidad de que una persona que hubiera inhalado micropartículas de uranio empobrecido generara alguna patología asociada a la radioactividad no era significativa con respecto a otra persona que no hubiera respirado tal materia. Hernández Armas también nos apuntaba un dato interesante. Como conocedor de datos epidemiológicos, descarta cualquier aumento de patologías sospechosas entre la población entre los años 1977 y 1990, en el término municipal de La Laguna , como consecuencia de la contaminación de uranio. Afectados por uranio empobrecido en los Boeing del accidente de Los Rodeos, un mito que se desmorona… por el momento. Un último apunte. En un caso parecido, ocurrido en el año 1992, un avión israelí se estrelló contra un bloque de viviendas en Ámsterdam. El accidente provocó la aparición inesperada de un equipo de individuos ataviados con escafandras para guerra química.
Como consecuencia de los riesgos potenciales que supone la presencia del uranio, ha ido desapareciendo, paulatinamente, de las estructuras de los aviones. |
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Francisco Hernández, Doctor en Física ha analizado los restos de uranio.
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Los rotativos de todo el mundo siguieron el suceso.
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En su lugar, como contrapeso se utiliza tungsteno, un material menos perjudicial para la salud. Sin embargo, el paso de los años, no ha logrado que desaparezca el temor.
En 2001, en el transcurso de una interpelación parlamentaria, el senador del Grupo Socialista Francisco Catala Pardo traslada una cuestión al Gobierno. Catala pregunta si los aviones de la compañía IBERIA siguen incorporando uranio empobrecido. El Gobierno responde que, a esa fecha, sólo 5 aeronaves Boeing 747-200 (como las de nuestro accidente) pertenecientes a la mencionada compañía siguen empleando ese material. Probablemente, a fecha de hoy, ninguno.

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Este artículo ha sido publicado en la Revista Digital Angulo 13 en el mes de marzo de 2008 con la expresa autorización de su autor. |
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