En 2004, se estrenaba en España un controvertido documental producido por la BBC. Su título: “Cuatro maneras de acabar con el mundo” . En él, se proponían una serie de escenarios en los que podría tener lugar una catástrofe de dimensiones planetarias. Una de las posibilidades era la del gigantesco deslizamiento de un volcán al mar, en una perdida isla del Atlántico. La caída provocaría unas olas descomunales que atravesarían el océano y arrasarían el litoral oriental de Norteamérica. Así, el documental mostraba como la llegada de un golpe de mar engullía a los rascacielos de Nueva York. Los ciudadanos huían despavoridos de las grandes lenguas de agua que se colaban por las avenidas.

El nombre de la isla: La Palma. El del volcán: Cumbre Vieja. En la actualidad existe una tormenta mediática en torno a este asunto.

Un informe apocalíptico

Algunos años antes de la emisión del impactante reportaje de la BBC, hacia 2001, en numerosos medios de comunicación británicos ya se estaba hablando de este tema. Las inquietantes declaraciones partían de algunos prestigiosos geólogos como Simon Day o Bill McGuire. En ese año, Simon Day publicó, junto a Steven Ward, de la Universidad de California, un impactante artículo en el que desarrollaban las conclusiones que deducían a raíz de un modelo sobre lo que podría acontecer en el Cumbre Vieja.


- En el documental de la BBC “4 maneras de acabar con el mundo”, las olas generadas en La Palma , arrasaban Nueva York -


Este volcán está situado en el sur de la isla y presenta un largo historial de erupciones. Una de ellas, según los análisis de Day y Ward, provocó una grieta muy significativa en la estructura del edificio volcánico, en 1949. Para estos científicos, la falla sería determinante en un futuro desplazamiento de parte del volcán; algo que, para los autores del informe, ocurrirá tarde o temprano.

Ello podría acontecer a raíz de un fenómeno violento, como una erupción volcánica. La rápida subida del magma podría romper las rocas del subsuelo, haciendo que el edificio volcánico se volviera sumamente inestable. Entonces, los peores pronósticos podrían tener lugar.

Simon Day y Steven Ward calcularon que, en tal caso, la cantidad de tierra y rocas que se desplazaría al mar sería inmensa. Prácticamente el volumen equivalente a un terreno de 15 kilómetros de largo por 15 de ancho por 2 o 3 de alto. Unos 500 kilómetros cúbicos de tierra. Prácticamente parte de la isla se vendría abajo.


- El desastre tendría connotaciones globales en cuestión de horas -


 

Para hacernos una idea, el espectacular desplazamiento de tierra que generó la explosión del Saint Helens, en Estados Unidos, y que fue registrado en video, implicó “sólo” tres kilómetros cúbicos de materiales.

Obviamente, toda la mole caída el mar en La Palma, desplazaría unas cantidades de agua inmensas. El primer “chapoteo” generaría una primera ola de ¡900 metros!, según los cálculos de Day y Ward. Algo inimaginable. Con el curso de las horas, las olas irían disminuyendo de tamaño.

Éstas atravesarían el Océano Atlántico a la vertiginosa velocidad de unos 600 kilómetros por hora. Prácticamente la equivalente a la de un avión a reacción. Esto es porque las olas siguen el comportamiento normal de una onda.

Al llegar a América, tendrían un tamaño de unos 30 o 40 metros , el suficiente como para causar importantes daños, sobre todo si tenemos en cuenta la energía cinética con la que llegarían.

Regiones como el Caribe o Florida se verían seriamente afectadas, al igual que ciudades costeras como Nueva York. El sur de Inglaterra y la península ibérica resultarían perjudicados pero, debidos a la geometría de la ola, en mucha menor medida, al recibir olas de unos siete metros.

La costa este africana, sin embargo, sería literalmente asolada por olas de entre 50 y 100 metros de altura.

A pesar de que los efectos mediáticos del tsunami se han referido casi siempre a las consecuencias en ciudades importantes como Miami o Nueva York, los autores del estudio reservan unas pocas líneas para las islas Canarias. Las islas occidentales quedarían arrasadas por olas de cientos de metros. En Tenerife, el tsunami llegaría hasta los mil metros tierra adentro.

Estalla la polémica

Las conclusiones de este informe han sido muy discutidas por su alto grado de catastrofismo. Muchos acusan a sus autores de crear alarmismos innecesarios. Algunos colegas los han tildado incluso de “terroristas científicos”. Sin embargo, los propios firmantes del artículo reconocen que han considerado el peor de los escenarios y que existen posibilidades alternativas.

A pesar de todo, algunos expertos consideran factible esa posibilidad. Según José Antonio Rodríguez Losada, profesor de la Universidad de La Laguna “si la caída al mar de esa mole se produce, sí se podría generar un tsunami de esas características. El acontecimiento no cabe duda de que sería cataclísmico”

En cualquier caso, para el profesor es altamente improbable que algo semejante se produzca en el corto plazo.

El fenómeno del Cumbre Vieja hace alusión a los denominados deslizamientos gigantes , algo relativamente común en las Islas Canarias, cuyas cicatrices hoy día se pueden contemplar. Por ejemplo, en Tenerife, el Valle de Güimar o de la Orotava son producto de grandes desplazamiento de terreno hacia el mar. La prueba de estos acontecimientos excepcionales están en los materiales encontrados en los fondos marinos del archipiélagos y que, en muchos casos, llegan a tener longitudes de cientos de kilómetros.

La cuestión es que el hombre nunca ha sido testigo de semejante suceso. Los referidos deslizamientos gigantes de Tenerife tuvieron lugar hace cientos de miles de años, es decir, el ser humano, tal y como lo conocemos hoy, no existía para dejar registro de tal suceso.

Uno de los científicos más críticos con las conclusiones de Simon Day y Steven Ward ha sido Juan Carlos Carracedo, director del Departamento de Volcanología del CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas).

Carracedo fue quien originalmente llamó la atención sobre la existencia de la grieta del Cumbre Vieja, a principios de los 90. Escribió un artículo sobre este asunto, “ The Canary Islands : an example of structural control on the growth of large oceanic-island volcanoes. Journal of volcanlogy & geothermal research” , en 1994, y fue invitado a presentar su trabajo en la Geological Society de Londres, donde despertó la curiosidad de gran número de científicos.

En los años siguientes, se organizarían expediciones para estudiar los fondos marinos de las Islas Canarias, constatándose el hecho de que los deslizamientos gigantes ya habían tenido lugar en el pasado.

Juan Carlos Carracedo organizó un congreso para debatir el posible colapso del Cumbre Vieja, en Puerto Naos (La Palma), en 1997. A este foro asistieron científicos de talla mundial. También estuvieron los responsables británicos de crear la posterior alarma mundial sobre este asunto, entre ellos el aludido Simon Day.

 

- El geólogo Juan Carlos Carracedo fue el primero en descubrir las grietas del Cumbre Vieja -


Al término del congreso se firmaron dos conclusiones: 1) No había evidencias de que las fallas detectadas estuvieran provocando un desplazamiento del volcán; podrían ser unas simples fracturas ocasionadas en erupción de 1949. 2) Había que seguir estudiando estas grietas por si pudieran provocar algún desplazamiento.

Posteriormente, se hicieron seguimientos por satélite de la falla del volcán, comprobándose que no se movía ni un solo milímetro. No había, por tanto, motivo de alarma.

Sin embargo, según cuenta Carracedo, los investigadores ingleses, desoyendo las conclusiones que ellos mismos habían firmado, se dedicaron a explotar este asunto comercialmente, a través de libros y documentales catastrofistas. Para el geólogo español “los modelos que se usaron en el documental de la BBC eran exageradísimos. Esto se ha demostrado porque se ha desarrollado una tesis en la Universidad de Delft, en Holanda, llevada a cabo por especialistas en ingeniería geológica en la que, ni siquiera exagerando los parámetros, se lograba crear la ola que arrasaría la costa este de Estados Unidos”

Las motivaciones de los científicos del Benfield Hazard Research Centre, la institución que ha auspiciado los polémicos análisis, tendrían que ver con la búsqueda de fondos. Primero crearían una alarma desproporcionada para así poder pedir dinero para seguir investigando. Además, Carracedo apunta otros intereses que tendrían que ver muy poco con lo científico.


- El gráfico muestra las últimas erupciones de la isla. La del Cumbre Vieja ocurrida en 1949 provocó unas grietas preocupantes -


 

. El Benfield Hazard Research Centre trabaja al amparo de la poderosa compañía de seguros Benfield. Los grandes beneficios que obtiene esta empresa provienen de la oferta de productos que cubren todo tipo de riesgos. Para ello, disponen de un gabinete de científicos que estudian los posibles desastres naturales que pueden afectar al ser humano. En su página web, se puede consultar un boletín, en el que dan cumplida cuenta de las terribles inundaciones ocurridas en Inglaterra en 2008 o de como evolucionarán las temporadas de huracanes en un futuro cercano. Además, aparte de los riesgos que suponen los grandes desplazamientos de tierra, como el del caso que nos ocupa, ya se han analizando en profundidad fenómenos como el del cambio climático o posibles terremotos.

En palabras de Juan Carlos Carracedo: “la estrategia es crear una alarma mundial que pueda afectar a mucha gente para luego promocionar un seguro que cubra los daños. Para ello había que buscar un elemento que fuera adecuado” . Y ese elemento fue el volcán de La Palma , orientado hacia la costa atlántica de Estados Unidos.

Los de la Benfield han puesto el grito en el cielo, con el asunto del Cumbre Vieja, y los estadounidenses, que viven en una sociedad dominada por el miedo (sobre todo, después del 11S), contratan más seguros. Seguros que cubren pérdidas derivadas de la llegada de una ola gigante.

El público, que es muy sensible a las informaciones catastrofistas, cae en esta trampa, sin tener en cuenta lo tremendamente improbable que será que ellos, los potenciales clientes de estas pólizas, puedan llegar a vivir algo semejante…¡American business!

El Cumbre Vieja hasta en la sopa

Para más inri, en los últimos tiempos, no han faltado otros elementos que agravan la percepción de este asunto.

Uno de ellos es el vaticinio de un vidente brasileño, Juscelino Nóbrega. El “dotado” se ha hecho tremendamente popular por, según él mismo afirma, haber pronosticado desastres tan importantes como el tsunami del sudeste asiático de 2004 o el atentado terrorista de Madrid de ese mismo año, en el que murieron doscientas personas. Ahora le ha puesto fecha a la calamidad del Cumbre Vieja: año 2013.

Por supuesto que nunca se han demostrado las capacidades adivinatorias de Nóbrega. Sin embargo él sigue esperando la recompensa millonaria ofrecida por los Estados Unidos, por haber sido quien puso en la pista del arresto de Saddam Hussein. En fin...

Parece que el posible desmorone del Cumbre Vieja, y la impronta que puede dejar en las mentes de un público susceptible, no han pasado desapercibido para muchos autores, quienes parecen haber visto un filón comercial en el asunto.

Así, aparte del mencionado documental de la BBC y otras producciones de algunos canales temáticos de televisión muy conocidos, también ha sido el protagonista de algunos libros, como “Volcán” de Richard Doyle que, de forma novelada, relatan la catástrofe. Algunos van más allá y proponen, como parte del argumento, que un grupo terrorista, enemigo de Estados Unidos, lanza un misil contra la Palma , para provocar el colapso del volcán y que el tsunami así generado arrasara las costas norteamericanas.

En uno de los capítulos de la exitosa serie “CSI Miami”, la erupción del Cumbre Vieja era un hecho. Los habitantes de Florida eran advertidos a tiempo de lo que se avecinaba. La ola llegaba y ocasionaba grandes daños. Sin embargo, el episodio terminaba de manera feliz, al apenas registrarse pérdidas humanas. No hacían mención a las víctimas que irremediablemente sí habría en otras partes del mundo (para empezar los habitantes de las propias Islas Canarias), que no podrían hacer nada dada la imprevisión y cercanía geográfica de este terrible suceso.

Las películas y novelas que especulan con el deslizamiento del flanco oeste del volcán, acrecientan los temores de los ciudadanos a ambos lados del océano, al combinar ficción y realidad.

 

- Erupción del Teneguía en 1971 -


El negocio de la adquisición de seguros, que funciona, si se quiere, como la bolsa, es decir en base a expectativas no demasiado claras, se ve potenciado por especulaciones y por el hecho de que ante una amenaza semejante, poco podríamos hacer.

La percepción del fenómeno, la clave

Nadie dice que el desplome del volcán haya que descartarlo. Simplemente, que es poco probable en el corto plazo. El error está en que tenemos la tendencia de utilizar la escala humana para medir acontecimientos de escala geológica. La vida humana es insignificante en comparación con los plazos que intervienen en fenómenos geológicos como el que nos ocupa. Entre un deslizamiento gigante y otro pueden pasar cientos de miles de años. Sería muy mala suerte que usted o yo viéramos caer al Cumbre Vieja.

Aunque, al margen de lo que pudiera pasar, ahora o dentro de doscientos mil años, Juan Carlos Carracedo hace una lectura interesante de este asunto que pone de relieve el poderío económico y cultural de los Estados Unidos de América sobre el resto del mundo. Para el geólogo, es éste y no otro, el telón de fondo.

Si las olas no llegasen a las costas norteamericanas, La Palma seguiría siendo una islita perdida de la que nadie habría oído hablar en su vida y a la que, mucho menos, la influyente BBC hubiera dedicado tantos minutos.

En ese caso, el tsunami del Cumbre Vieja nunca hubiera existido.

Videos-modelo sobre cómo podría producirse la caída del volcán.

VIDEO 1.

VIDEO 2.

VIDEO 3.

Estos videos son propiedad de Steve Ward, de la Universidad de California.

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Este artículo ha sido publicado en la Revista Digital Angulo 13 en el mes de junio de 2008 con la expresa autorización de su autor.

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