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La historia del mítico buque correo de la compañía inglesa White Star Line "Titanic" no nos es desconocida. Tras la realización de la película estadounidense "Titanic" por parte del director-productor James Cameron, hoy, son muchos los que conocen los promenores de éste mítico naufragio que acabó con la vida de una gran parte de su tripulaciín y pasaje. Hoy nos acercamos a la historia y al hundimiento del "Titanic", en un acercamiento que aunque nos son lo temas que solemos tratar, más orientados a la Ufología y la Parapsicología, sin dudas si ha despertado en más de una ocasión en nuestro interior un vivo interés por conocer toda su historia. |
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EL NAUFRAGIO DEL TITANIC: ANTES Y DESPUÉS Podemos definir un iceberg (del inglés "ice", hielo y del alemán "berg", montaña), como una gran masa de hielo que en ocasiones puede adquirir grandes proporciones. El flujo de la mar y el movimiento de las olas van erosionando el frente de los glaciares, que lentamente se van deslizando en el mar, y de los que se desprenden esos enormes bloques que, separados, forman un témpano y que después marchan a la deriva, llevados por las corrientes. Su número, por ser elevado y variable, resulta muy difícil de calcular. Se estiman que tan sólo de Groenlandia se desprenden al año unos 7.500 a 8.000, de los cuales un promedio de 430 a 500 alcanzan e incluso rebasan los bancos de Terranova y Labrador; a partir de entonces, la temperatura aumenta y los va derritiendo poco a poco. Algunos han llegado hasta el paralelo 30; esto es, más al sur de Nueva York, y en 1.926 fue visto uno, a varios kilómetros al sur de las islas Bermudas (paralelo 30).
Dado que el hielo pesa algo menos que el agua (su peso específico es de 0,92), por lo cual los icebergs tienen sumergida la mayor parte de su mole, lo que les hace muy peligrosos para la navegación. |
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Son bastante frecuentes los témpanos que tienen entre 200 y 300 m de largo, cuya parte emergida alcanza entre los 50 y los 75 m sobre el nivel del mar, con una altura en conjunto de unos 500 m. El peso aproximado de una de estas montañas de hielo es de 25 millones de toneladas. Sin embargo, algunos han alcanzado proporciones gigantescas.
En 1.938 fue visto uno de asombrosas dimensiones: 2.300 m de longitud y que se elevaba sobre la superficie del agua unos 450 m, lo cual no es gran cosa, comparado con algunos de las aguas antárticas, donde se han observado algunos con una altura entre los 600 y 700 m y con una longitud de... ¡160 Km.!
El 12 de noviembre de 1.956, el buque estadounidense "Glacier" constató en el Pacífico meridional, a 240 Km. de la isla Scott, un iceberg tubular que medía 335 Km. de largo y 97 de ancho, lo que supera ligeramente la superficie de Bélgica. El témpano ártico más alto fue divisado en abril de 1.935 por una patrullera norteamericana en el Atlántico a 28º 44' norte y 48º 42' oeste. Por su parte, el iceberg antártico más septentrional fue observado en aguas atlánticas por un mercante, el 30 de abril de 1.984, a 26º 30' sur, y 25º 40' oeste.
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TITANIC: SU HISTORIA
El miércoles 10 de abril de 1.912, a las doce en punto, zarpaba del puerto de Southampton (junto al Canal de la Mancha, Inglaterra) el barco más lujoso y de mayor tamaño construido hasta entonces... Se trataba del Titanic, salido de los astilleros de Harland & Wolff de Belfast (Irlanda), habiendo sido botado el 31 de mayo de 1.911. Este gigante de los mares era el fruto de la carrera que desde principios de siglo venía enfrentando al Reino Unido con Alemania por el dominio de los mares. Era el orgullo de su compañía propietaria, la "White Star Line".
Medía 269 m de eslora y 28 de manga, y con un peso bruto de 46.328 toneladas, desplazaba 66.000. Su potencia de cerca de 50.000 h.p. comunicaba fuerza a sus motores, que disponían de 3 hélices, y que gracias a sus 29 calderas de 5 m de diámetro cada una, con un total de 159 hornos que consumían diariamente 650 toneladas de carbón, en los momentos más favorables, conseguía alcanzar una velocidad próxima a los 24 nudos (un nudo equivale a 181,8 m).
Su característica más peculiar estribaba en un doble fondo, dividido en 16 compartimentos estancos. Como podía flotar hasta con 4 de éstos inundados y nadie imaginaba catástrofe peor que un choque en la intercesión de 2 de ellos, se le calificó de "insumergible". |
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Titanic en los astilleros irlandeses
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| Este paquebote de lujo era como un auténtico palacio flotante, superando a los deseos de los más exigentes por su lujo, comodidades y refinamientos. Resistía perfectamente la comparación con cualquier hotel de lujo; disponía de unas 3.000 camas y cada una de sus "suites" de lujo medía 15 m de largo. Contaba también con un paseo de cubierta privado y sus paredes estaban decoradas con maderas nobles de estilo isabelino. Los camarotes disponían de muebles de estilo holandés antiguo, y los de primera clase estaban decorados según periodos y estilos, desde Luis XV hasta la Reina Ana. |
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Ultima foto realizada al Titanic
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Costado del Titanic
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Cubierta del Titanic
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Se habían cuidado todos los detalles, el trasatlántico contaba con ascensores, y un moderno gimnasio, con toda clase de aparatos, incluidos equipos de equitación mecánica que simulaban el trote y el galope de un caballo; pista de "squash", baño turco y piscina. En los grandes salones, incluido el de fumadores, disponían de mobiliario inglés del siglo XVIII. Tenía tres bibliotecas con más de 30.000 volúmenes, sin contar con enormes despachos y salones de trabajo, destinados a los pasajeros que no podían suspender sus actividades durante la travesía... Incluso los compartimentos de tercera clase eran muy confortables para la época.
Allí, todas las proporciones y medidas eran colosales: por ejemplo, fueron embarcadas 40 toneladas de patatas, 12 de diferentes clases de agua mineral, 7.000 sacos de café, 35.000 docenas de huevos, etc. Su tripulación estaba integrada por 904 miembros (397 entre oficiales y marineros, y el resto dedicado a la atención de los distintos servicios del pasaje). Allí, todas las comodidades de la época estaban al alcance de cualquier privilegiado dispuesto a pagar hasta 4.350 dólares (precio de un pasaje de lujo) por una travesía marítima de 6 días. Todo había sido previsto en tan magnífico barco... menos la posibilidad de un naufragio...
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Cafe Veranda y Palm Court en Titanic
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Además de los habituales comedores en este tipo de embarcaciones, el Titanic disponía de un magnífico restaurante "a la carta", así como el "Café Parisien", una exactísima réplica de la cafetería de moda en aquel entonces. Su escalera principal era de lo más suntuosa que pudiera imaginarse en un barco. No faltaban lugares de reunión como el "Café Veranda" o el "Palm Coirt" en la cubierta "A".
Confiados en una fama de "inhundible", sin perjuicio de grandes fortunas en dinero, valores, joyas y objetos de valor, que llevaban los pasajeros en sus camarotes o en sus cajas de seguridad, la nave portaba objetos artísticos y arqueológicos de gran valor, destinados a ser expuestos en América, entre ellos una momia egipcia (de una sacerdotisa o hechicera) y una rarísima edición del Rubaiyat, de Omar Khayyam, valorada en 250.000 libras de la época... Hasta tal punto está persuadida la "White Star Line" de la invencibilidad de su trasatlántico, que lo había asegurado -sólo por puro trámite- en la cuarta parte de su valor.
A las 10.30 de aquel domingo 14 de abril el capitán del Titanic, Edward J. Smith, asistió a un servicio religioso celebrado en el salón-comedor de primera clase.
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A las 7.30 un grupo de pasajeros celebraba una fiesta en su honor en el restaurante "a la carta", ya que el capitán tenía 62 años, y pensaba solicitar el retiro tras el término del viaje inaugural. Mientras tanto el vapor Californian, que navegaba a pocas millas por delante del trasatlántico, telegrafiaba informando de la presencia de grandes témpanos en aquella zona. Sin embargo, el capitán Smith no llegó a recibir este mensaje y alrededor de las 9 se disculpó ante sus anfitriones, dirigiéndose al puente, donde estaba de servicio el segundo oficial Charles H. Lighttoller, con quien comentó las incidencias meteorológicas y la proximidad de uno o varios icebergs. Sobre las 9.20 el capitán se retiró a su camarote, tras advertir al segundo oficial: "Si la situación se pone incierta, hágamelo saber de inmediato. Estaré dentro".
Como la noche estaba bastante despejada y tranquila, salvo una pequeña modificación en el rumbo, el Titanic no adoptó ninguna otra medida de precaución; y eso que en las últimas horas se habían recibido seis telegramas, cinco para el capitán y otro para el radiotelegrafista, que no fueron tenidos en cuenta.
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A las 23.40 de la noche del domingo, el vigía Fleet vio un gran témpano a muy poca distancia de la proa e inmediatamente dio la alarma con reiteración... Sabía que la velocidad del buque en aquel momento era de 22,5 nudos y que éste navegaba por una zona peligrosa en la que los últimos 27 años habían naufragado 19 barcos... Por lo demás, el agua estaba en calma y la noche y la noche era fría y clara... El primer oficial, William Murdoch, no había tomado muy excesivamente en cuenta la alarma de Fleet, hasta que lo que consideraba una neblina... ¿neblina en una noche clara?, se convirtió en un pavoroso bloque de hielo de más de 60 m de altura. Rápidamente, el oficial hizo virar el buque ligeramente hacia babor, con lo que si bien evitó una colisión frontal, hizo que alguna de las partes más afiladas del témpano rasgase el casco del Titanic, abriendo una brecha de cerca de 100 m de longitud. Casi inmediatamente el paquebote detenía su marcha. Fue justamente entonces cuando Lady Cosmo Duff Gordon, una pasajera que, como otros muchos, ya se había retirado a su camarote a esas horas, sintió "como si alguien hubiera pasado un dedo gigantesco por el costado del barco". Acto seguido el Titanic comenzó a inclinarse ligeramente a babor, y raudales de agua comenzaron a penetrar en él. Pronto fue informado del accidente el ingeniero constructor del buque, Thomas Andrews, que viajaba en él y que fue una de las víctimas del naufragio -el coloso podía mantenerse a flote con 4 compartimentos estancos anegados, pero no con 5-, quien vio de inmediato que la nave estaba perdida sin remisión.
La mayor parte de los pasajeros no advirtieron nada alarmante e incluso el propio capitán Smith tardó 20 preciosos minutos en darse cuenta de la situación; sabía que se iba a desatar el pánico colectivo, por lo cual ordenó obrar con cautela. Mandó avisar al pasaje, pero procurando restar importancia al incidente, y sólo a las 12.05, cuando ya el agua alcanzaba la pista de "squash", ordenó disponer los botes salvavidas y que se emitiera la llamada de auxilio habitual en aquella época, "C.Q.D.", junto con la recién adoptada y aún en vigor, "S.O.S.", siendo tal vez la primera vez que se utilizó.
La situación del buque en aquel momento era de 41º 46' norte, y de 50º 14' oeste. Se calculó, muy a la ligera, que dada la gravedad de las averías y la enorme brecha, el Titanic estaba condenado a desaparecer en menos de tres horas. Algunos barcos captaron las angustiosas llamadas de socorro y trataron de acudir a toda máquina; pero, por una ironía del destino, el radiotelegrafista del Californian se había ido a dormir, por lo que esta nave, a tan sólo 19 millas de distancia, y que hubiera podido llegar a tiempo para ayudar eficazmente al |
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Capitan Smith

Ingenieron jefe del Titanic, Tomas Andrews
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salvamento del pasaje y de la tripulación, no advirtió nada, si bien es cierto que el segundo oficial del mismo, que se hallaba en cubierta observó una desusada iluminación e incluso cohetes de señales, pero no concedió al hecho mucha importancia, atribuyéndolo a que en algún gran trasatlántico estaban celebrando una fiesta a bordo.
Cuando, ya tardíamente, el pasaje tuvo conciencia de la catástrofe, sonó el clásico: "¡Sálvese quien pueda!" ¡Las mujeres y los niños primero!"... Desafortunadamente, el Titanic, considerado insumergible, llevaba 2.207 personas a bordo y sólo disponía de 1.178 plazas en los botes. Cundió el pánico y se sucedieron actos de bajeza inenarrables, alternados con sacrificios y abnegaciones difícilmente igualables en semejantes circunstancias... La noche se saldó con 1.503 muertos, el 68% de los embarcados.
La falta de plazas en los botes, la confusión y el miedo, así como el desorden con que se realizaron las operaciones de abandono del buque agravaron el naufragio y fueron responsables de no pocas víctimas. Mientras tanto, el Titanic -se había dado la orden de tener encendidas a toda costa las calderas 2 y 3, para mantener en funcionamiento la energía eléctrica-, con todas sus luces encendidas y lanzando cohetes de señales, seguía hundiéndose más rápidamente de lo calculado. Mientras, la orquesta de a bordo interpretaba diversas melodías, en un vano intento de crear una atmósfera festiva y disminuir el miedo, y así permaneció hasta el último instante. Según la mayor parte de los supervivientes, la última pieza interpretada fue Más cerca de ti, Dios mío, aunque -al parecer- opiniones más autorizadas afirman que se trataba del viejo himno Otoño.
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Matrimonio Strauss
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Interior Titanic
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Lord Pirrie y Bruce Ismay junto a Titanic
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El viaje inaugural del Titanic había traído a la flor y nata de la sociedad británica y estadounidense. Entre sus más acaudaladas víctimas destacaban: John Joseph Astor IV, reputado como el hombre más rico del mundo; Benjamin Guddenheim, conocido como el "rey del cobre"; el "rey de los ferrocarriles", Charle Hayes; Isidor Strauss, propietario de los mayores almacenes neoyorquinos; y el millonario español Victor Peñasco.
Un detallado examen de las listas de supervivientes revela que, contra lo que suele creerse, el factor determinante para sobrevivir no fue ni la edad ni el sexo, sino la condición social. Se salvó el 98% de las pasajeras de primera clase, contra un 54,7% de las de tercera. Entre los hombres de primera se registró un 66% de supervivientes, contra sólo un 29,4% de los niños de tercera. Si se observan las cifras totales de las víctimas, se puede comprobar que perecieron 120 pasajeros de primera clase (el 8%); 162 de segunda (el 11%); 535 de tercera (el 35,5%), y 686 miembros de la tripulación (el 45,5%).
Hasta las 12.45 no fue arriado el primer bote salvavidas de estribor, el número 7, con capacidad para 65 personas, pero que partió sólo con 28. Los siguientes, de características similares, tampoco regresaron para recoger a más náufragos, algunos de los cuales -como apuntábamos- hubieran podido ser salvados. A la 1.10 se arrió el último bote de babor, con sólo 39 ocupantes. Algunos consiguieron asirse a tablas u otros improvisados flotadores, con la esperanza de ser recogidos por los botes o algún barco, pero el frío no tardó en acabar con ellos.
La última visión que tuvieron los supervivientes del Titanic fue la elevación de la popa y el último parpadeo de las luces, antes del hundimiento definitivo... Eran las 2.20 del lunes 15 de abril. |
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Imagen del Titanic
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Era la noche del 14 de abril de 1.912. Sobre la cubierta del trasatlántico Titanic, el marinero de guardia Frederick Fleet oteaba en la noche fría y serena. El trasatlántico, el "insumergible", la más grande y hermosa nave del mundo, avanzaba majestuosa en la quinta noche de su viaje inaugural hacia Nueva York. Se encontraba a 700 km. al sur de Terranova y a 1.900 de Nueva York.
A las 23.40 Fleet vio de pronto frente a sí una enorme masa blanca en medio de la oscuridad. Observó un instante y llamó inmediatamente por teléfono al puente de mando.
-¿Qué sucede? -habló la voz del oficial que atendió el teléfono.
-Un témpano, frente a proa.
-Está bien.
Prontamente se interrumpió el ruido de las maquinarias y el barco se preparó para retroceder. Fleet observaba con espanto acercarse cada vez más la inmensa montaña de hielo, mucho más alta que el castillo de proa. El marino se hallaba espantado, esperando el encontronazo. Pero luego, ya en el último momento, la proa comenzó a doblar a la izquierda, mientras la montaña de hielo se escurría por el flanco derecho de la nave. |
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El peligro parecía haberse conjurado. Más el témpano, con un espolonazo bajo las aguas, había abierto una enorme hendidura en el casco del buque. En el recinto de la caldera número 6, el fogonero Fred Barret estaba hablando con el segundo oficial de la máquina cuando se encendió la luz roja de alarma. Se sucedió enseguida un estruendo ensordecedor, mientras toda la pared de acero de la embarcación se abrió, dejando pasar un torbellino de espuma blanca...
Así murió el Titanic, el insumergible. A las 2.20 del día 15 de abril, el imponente buque, luego de haberse empinado, comenzó a deslizarse bajo el agua. Hasta que al fin, en una nube de espuma, las aguas cubrieron el asta de la bandera de popa. Con la nave desaparecieron 1.503 personas.
Enciclopedia Estudiantil Códex, núm. 89, pág. 10 |
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EL HUNDIMIENTO: CRÓNICA DE UNA TRAGEDIA El escritor visionario Morgan Robertson describió la tragedia catorce años antes de que ésta tuviera lugar. Uno de los pasajeros del barco sabía que su cita con la muerte llegaría, inevitablemente, durante aquella travesía. Otros muchos viajeros cancelaron su billete en el último momento debido a negros presagios y algunos soñaron con el naufragio días antes de que el barco se hundiera definitivamente en las profundidades del Atlántico Norte... La del Titanic es, más que ninguna otra, la crónica de una fatalidad anunciada.
EL 14 DE ABRIL DE 1.912, 1.513 personas perdieron la vida en aguas del Atlántico Norte, víctimas de un fatal accidente marítimo. El orgullo de la navegación, el trasatlántico más lujoso e imponente de todos los tiempos, acababa de chocar contra un iceberg y los escasos medios previstos para salvar al pasaje fueron insuficientes para evitar la tragedia. |
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Recreación del hundimiento del Titanic
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La aventura del Titanic ("los agonizantes gritos moribundos que lanzaban miles de gargantas, los quejidos y gemidos de aquellos que estaban a punto de ahogarse") pasaba así a la historia negra de la navegación. Los sucesos de aquella noche dejaron demasiadas preguntas por responder. ¿Y si el barco hubiese avanzado más despacio? ¿Y si hubiese habido luna y los vigías hubiesen tenido binoculares? ¿Y si la colisión hubiese sido frontal y no lateral? ¿Y si la reacción de la tripulación del Californian hubiese sido diferente? Todas ellas, cuestiones muy técnicas e irresolubles. Sin embargo, las circunstancias que rodearon aquella tragedia convirtieron también al Titanic en un banco de pruebas psíquico donde analizar, a posteriori, manifestaciones de percepción extrasensorial como la precognición, la clarividencia o la transmisión telepática, así como la capacidad de la astrología para predecir catástrofes. Cuestiones que, en última instancia, planteaban una pregunta que el hombre se ha realizado desde sus orígenes: ¿Está escrito el futuro? Y, en caso afirmativo, ¿puede cambiarse a voluntad? Lo cierto es que aquel suceso fue presentido por muchas personas, algunas de las cuales pudieron burlar el trágico destina, mientras que otras caminaron derechas hacia él.
¿ES EL TITÁN DE ROBERTSON EL TITANIC?
Catorce años antes del hundimiento del Titanic, el escritor británico Morgan Robertson publicaba una novela de aventuras titulada Vanidad. A Robertson le costaba mucho escribir. Como tantos otros colegas a lo largo de la historia, solía situarse delante del papel y esperar... Pero había algo que le diferenciaba del resto: Robertson decía contar con un "ayudante espiritual" que, desde el astral, lo inspiraba en sus creaciones. Así que entraba en una especie de trance hasta que la narración fluía con facilidad. Y, aunque esta supuesta colaboración con el otro plano no le supuso, desde luego, la fama como escritor (Robertson no ha pasado a la historia precisamente por la calidad de sus narraciones), lo cierto es que las similitudes entre Vanidad y el suceso del Titanic son tan numerosas que resultan, cuanto menos, sospechosas. Veamos las más significativas: |
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Nombre del barco: Eslora: Tonelaje: Propulsores: Mástiles: Velocidad máxima: Capac. transporte: Botes salvavidas: |
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Titán
275 m
25.000 T.
3
2
25 nudos
3.000 pasaj.
24
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Titanic
300 m
30.000 T.
3
2
25 nudos
3.000 pasaj.
20
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Sorprendentemente, el Titán de Robertson acabó sus días estrellándose contra un iceberg (¿otra "coincidencia"?), en una noche de abril (¿una más?) en la que, además, también moría la mayor parte del pasaje. ¿Fueron todas ellas coincidencias fruto de la inspiración astral? ¿Se trató de una precognición? En este caso, parecería casi ofensivo hablar de casualidades.
Robertson murió tres años después del hundimiento del Titanic sin que nadie hubiera prestado demasiada atención ni a su vida ni al sorprendente desarrollo de su obra. |
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Recreación del hundimiento del Titanic.
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CITA CON LA MUERTE
Otro caso que da que pensar es el de W. T. Stead, que compartió el destino de todos aquellos que perdieron la vida el 14 de abril mientras el Titanic se hundía. Sin embargo, su historia está plagada de interrogantes, porque él, a diferencia de muchos otros pasajeros, sí sabía que su inevitable cita con la muerte tendría lugar durante ese viaje. ¿Por qué acudió entonces? En 1.880, 32 años antes del suceso que nos ocupa, Stead publicaba un cuento en la Pall Mail Gazette donde ¿casualmente? se narraba el hundimiento de un gran buque de pasajeros en mitad del Atlántico. En 1.892, como si una extraña obsesión persiguiera a este hombre, sacaba a la luz otro nuevo relato sobre un naufragio. Esta vez aportaba un nuevo dato: el buque se hundía tras chocar con un iceberg. Y, en 1.910, dos años antes de la tragedia del Titanic, Stead daba una conferencia sobre la necesidad de reforzar la seguridad en los barcos de pasajeros. Cuentan que ilustró su charla con un sobrecogedor dibujo donde él mismo aparecía como una víctima más del supuesto naufragio tratando de pedir, inútilmente, ayuda.
Empujado por la curiosidad, Stead visitó también el Titanic durante su proceso de construcción y quizá ese mismo impulso que lo persiguió durante tres décadas fue lo que le llevó a consultar con dos especialistas en el arte de la predicción: el conde Louis Warner de Hamon y W. de Kerlor.
El primero de ellos, cuyo verdadero nombre era William Warner, era conocido en la sociedad londinense como Cheiro. Entre sus consultantes se encontraban personajes como Arthur Balfour, ex primer ministro británico, o su primer cliente y máximo avalista, el Sha de Persia, a quien previno contra un atentado y un frustrado intento de asesinato. Pero también solían acudir a él gente como Samuel Clemens -mundialmente conocido como Mark Twain-, los reyes Leopoldo de Bélgica, Eduardo VII o la reina Alejandra, el presidente estadounidense George Cleveland o el controvertido escritor Óscar Wilde, a quien un quiromante pronosticó una muerte en la ruina si no cambiaba sus hábitos de vida. Siete años después, Wilde era declarado culpable y encarcelado por ser homosexual.
Asimismo, en 1.984 Warner auguraba al general Kitchener, máximo exponente de la edad de oro del imperio británico, que su éxito llegaría en 1.914, año en el que Kitchener fue nombrado Secretario de Estado y reconocido con el título de conde. Pero en esa misma entrevista también le aconsejó que no viajara en barco mientras tuviera la edad de 66 años. Sin embargo, en 1.916 una misión en la corte del zar Alejandro II obligó al general a embarcarse en el HMS Hampshire, que naufragó tras topar con una mina alemana. Ese fue el fin de Kitchener. |
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Anuncio del desastre del Titanic.
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Algo muy similar le debió ocurrir a W.T. Stead. En su visita a Cheiro pocos meses antes de zarpar el Titanic, el quiromante le advirtió de que existía un gran peligro para él en el mar. Varios meses después completó su predicción con una nota dirigida a Stead en la que le advertía de que la travesía sería muy peligrosa para él si la emprendía en Abril de 1.912.
El segundo adivino consultado por Stead, el médium W. de Kerlor, le predijo que realizaría un viaje a América, cuando nuestro protagonista no tenía aún ni siquiera intención de hacerlo. Posteriormente, Kerlor tuvo un sueño en el que veía a Stead envuelto en una catástrofe marítima junto a cientos de personas: "Veo -comentaría- más de un millar de personas en las oscuras aguas, luchando desesperadamente por salvar la vida y pidiendo socorro, pero ni ellos ni usted se salvarán".
Incluso pocos meses antes de la botadura del Titanic, un sacerdote británico escribiría a Stead una carta prediciendo que un trasatlántico de nueva factura habría de hundirse. Pero, a pesar de todas estas advertencias, Stead reservó un pasaje para el viaje inaugural del Titanic. Todo parece indicar que no quería faltar a su lúgubre cita...
¿SALVADOS POR LA SUPERSTICIÓN?
Sin embargo, hubo otras muchas personas relacionadas con este suceso que corrieron mejor suerte, como por ejemplo Colin McDonald, quien rechazó el puesto de segundo ingeniero a bordo del Titanic debido a una corazonada: estaba convencido de que un negro presagio se cerniría sobre la nave. También consiguió salvarse un hombre de negocios londinense, Connon Middleton, que había soñado dos noches seguidas con el hundimiento del Titanic y con los pasajeros, aterrados, nadando junto a la nave. |
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Una visión que se produjo diez días antes de la partida y que comunicó a sus familiares y amigos con estas palabras: "Un gigantesco dedo helado pasa rozando por el flanco del barco y lo vuelca". A pesar de la angustia provocada por esa imagen, Middleton no pudo anular su pasaje hasta pasados algunos días, cuando recibió un cable de Nueva York confirmando que podía aplazar su viaje. Justo dos días antes de la partida -tal y como consta en el registro de la compañía naviera- este hombre de negocios anulaba su reserva, librándose así de una muerte segura.
Algo que también hicieron otros pasajeros, como el banquero J. Pierpont Morgan, quien, ya con el equipaje a bordo, canceló su billete alegando la excusa de tener ciertas reservas de carácter supersticioso sobre el viaje inaugural de cualquier barco.
Más aún. Una año antes de que tuviera lugar el desastre, en 1.911, se publicaba en Nueva York una obra que, bajo el título de Predicciones para 1.912, contenía todas las visiones, predicciones y profecías efectuadas por diversos videntes y astrólogos estadounidenses de la época. La más increíble de todas era la que hacía referencia a un barco inexistente (el Titanic aún no había sido construido) sobre el que se decía lo siguiente: "Un titán del mar, un coloso que se hundirá en las heladas aguas del Atlántico Norte...".
Pero de nada sirvieron las premoniciones. El mismo día de la partida del Titanic, el miércoles 10 de abril, el médium V. N. Turvey anunciaba que "un trasatlántico se perderá" y, en una carta enviada a un conocido, predecía que el hundimiento se produciría dos días después. Turvey se equivocaba, pues la catástrofe tuvo lugar ...¡cuatro jornadas más tarde! |
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Probablemente al mismo tiempo que se realizaban estas escogidas predicciones, se hacían otras muchas pronosticando lo contrario. Era imposible, pues, pensar en detener toda la maquinaria puesta en marcha en torno al Titanic por una corazonada o intuición. La percepción extrasensorial parece ser un instrumento válido a nivel individual, pero poco influyente a la hora de cambiar el rumbo de los acontecimientos colectivos... PESADILLAS QUE SE HACEN REALIDAD El hecho es que, a las 23.40 horas del 14 de abril, el costado de estribor del Titanic chocaba duramente contra un iceberg que sobresalía 18 metros sobre el mar. Al parecer, el hielo abrió una grieta de más de 100 metros de largo en el barco, aunque aún hoy siguen vigentes otras hipótesis acerca del impacto del iceberg sobre el casco. Así fue como la proa comenzó a hundirse y, a medianoche, el Titanic lanzaba un desesperado S.O.S. (fue el primer buque en utilizar la señal S.O.S. -Save Our Souls- en lugar del C.Q.D. -Came Quick Danger: Peligro, vengan rápido- que se usaba anteriormente). A las 2.20 de la madrugada, el barco se partía en dos. |
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Mensaje de aviso de iceberg al Titanic.
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A este respecto, el célebre escritor Graham Greene escribiría en su autobiografía: "La noche de abril del desastre del Titanic, cuando yo tenía 5 años, soñé con un naufragio. Una imagen del sueño ha permanecido conmigo más de sesenta años: un hombre con impermeable, doblado al lado de una escalerilla del barco bajo el golpe de una gran ola...".
Greene no fue el único en presentir el desastre. Hubo otros casos incluso más espectaculares, como el de Edith Rusell, una de las supervivientes de la tragedia. Aquella misma noche, esta mujer, mientras salvaba su vida hacinada en un bote sobrecargado y en apariencia condenado a hundirse en las heladas aguas del Atlántico, recurrió a la imagen de su hija para superar tan dura prueba. A muchos kilómetros de distancia, en Nueva York, la joven -tal y como pudo constatarse después- percibió la imagen de su madre naufragando en una bote salvavidas, tal y como estaba sucediendo en realidad.
Éstos son sólo algunos de los ejemplos más conocidos, pero es muy probable que hubiera muchos más que nadie llegó a hacer públicos.
ESCRITO EN LAS ESTRELLAS
Quien años más tarde sí haría públicos los malos augurios auspiciados por los astros respecto a la navegación fue el astrólogo británico Dennis Elwell, que en 1.987, ante el eclipse total de Sol que iba a desarrollarse el 29 de marzo de ese mismo año, hizo "algo que nunca había hecho en mis cuarenta años de estudios de la astrología: lanzar un aviso no solicitado". Elwell escribió dos cartas a importantes compañías navieras británicas, la Cunard y la P&O. En ellas alertaba sobre "los riesgos potenciales que conllevaba el eclipse de Marzo", que -en su opinión- pondría en peligro la navegación durante un año o más. Incluso avisó de la posibilidad de eventualidades dramáticas. En su misiva indicaba que, 75 años antes, la tragedia del Titanic había tenido lugar bajo la influencia de un eclipse similar y bajo una configuración planetaria idéntica a la que estaba teniendo lugar por entonces. Porque -según explicaba- el 28 de abril de 1.911 se había producido un eclipse total y el Titanic se había hundido sólo tres días antes de iniciarse otro.
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Cubierta de segunda clase del Titanic
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Las advertencias de Elwell a las compañías navieras cayeron en saco roto, pero, como suele suceder, el destino acudió puntual a su cita. Así, el 6 de marzo de 1.987 el Herald of Free Enterprise, un gran ferry perteneciente a una filial de la P&O, zozobró en Bélgica, acabando con la vida de 188 personas.
Por su parte, el destinatario de la carta de Elwell en la Cunard, el comodoro de la flota, estaba destinado a bordo del Queen Elizabeth II. Haciendo caso omiso de la advertencia del astrólogo, pocos meses después emprendió, como estaba previsto, un viaje proyectado para "anunciar una nueva era de la navegación verdaderamente placentera". Y, aunque en este caso no sucedió ninguna tragedia ni hubo que lamentar víctimas personales, lo cierto es que la travesía fue, según reflejaron las páginas del Times de Londres, un auténtico desastre.
Desgracias marítimas ocurren todos los años, pero a quienes conocían los avisos de Elwell les tuvo que dar que pensar el hecho de que, en Diciembre de 1.987, el atestado ferry Doña Paz se hundiera en Filipinas con más de 1.600 personas a bordo. Un siniestro que superó el "récord" de víctimas marítimas, hasta entonces ostentado por el Titanic.
NAVEGAR EN AGUAS MALDITAS
eintitrés años después del hundimiento del Titanic, la memoria de la trágica travesía de este buque permanecía viva en la mente del joven oficial William Reeves, que, curiosamente, había nacido en la misma noche que tuvo lugar la catástrofe. Reeves estaba encargado de llevar a buen puerto otro barco -el Titanian-, que transitaba por las mismas aguas donde naufragó el Titanic. |
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El oficial se encontraba en el puente de mando una fría noche de Abril mientras el Titanian atravesaba la zona maldita en el trayecto que efectuaba desde el Tyne a Canadá cuando, de repente, le invadió un presentimiento "de agobio y presión, que llegó al extremo de hacerse insoportable", tal y como explicaría posteriormente. En ese instante, y mientras gritaba "¡Peligro avante!", efectuó un brusco cambio de rumbo. Súbitamente surgió de la negra noche un enorme iceberg que no partió al Titanian gracias a la asombrosa "intuición" del joven Reeves...
Esta vez, por suerte, un presentimiento pudo salvar centenares de vidas. |
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Este reportaje ha sido publicado en la Revista Digital Angulo 13 en el mes de marzo de 2008 con la expresa autorización de su autor. |
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