El aparato que se construyó efectivamente medía 40 centímetros de diámetro. Funcionaba a una presión de 10 atmósferas – 10 de compresión – y daba una potencia de 68 CV. El momento de rotación es de 500 kg/metro. Para dar un ejemplo, es el momento de rotación del motor de un Mercedes del modelo más caro. (…) En conclusión, el autor considera que representa un paso interesante hacia la sustitución del motor de gasolina por un motor a vapor (no contaminante).” El problema de las “fuentes de inspiración” (y la hipótesis del antiguo astronauta) Estrechamente relacionado con el caso del ingeniero aeronáutico Josef F. Blumrich y su patente de invención de una rueda omnidireccional tomada del relato bíblico del profeta Ezequiel (ver Ezequiel revisitado: Rueda multidireccional), lo acontecido con otro científico de meritoria trayectoria, un físico como Friedrich Egger en esta ocasión, pone de manifiesto una vez más el considerable interés que trae aparejado el problema de analizar el concepto de las “fuentes de inspiración”, muy especialmente cuando esto parece ir a pie juntillas con la hipótesis del antiguo astronauta. Como todos sabemos, el pueblo maya no había alcanzado el estadio de una civilización de los metales, y por consiguiente mal podría haber construido jamás ningún motor…ni siquiera habiéndolo visto trabajar en alguna oportunidad. Pero tal vez, si acaso algunos de ellos fueron testigos de la existencia de “una cosa prodigiosa en manos de los dioses”, bien pudieron haberla asimilado como una suerte de “objeto ritual” a la manera de lo que ocurre con los “culto-cargo” contemporáneos, es decir: copiándola simplemente, incluso sin tener necesidad de entender sus características técnicas ni sus funciones específicas… “Curioso”, es una palabra que encaja realmente muy bien aquí. Porque ante estas cosas uno no puede menos que sorprenderse… Y, como bien dijo oportunamente Egger, luego de haber patentado su “motor maya”: “Y no puede uno por menos de preguntarse de dónde pudieron conseguir los mayas conocimientos mecánicos tan avanzados, aun cuando se sepa que poseían una matemática y una astronomía muy desarrolladas. La explicación podría ser la de que pasaran por allí y les aportaran sus conocimientos visitantes altamente civilizados, tal vez extraterrestres, antiguos astronautas. No es menos sorprendente el hecho de un grupo de investigación pura (Egger se refiere a ATARPA) se haya interesado por esta realización insólita.”
Así las cosas, permítame una vez más, estimado lector, repetir la palabra que mejor cabe en este contexto: “curioso”…”muy curioso”… |