Las pruebas de ADN han confirmado que Josef Fritl es el padre de los seis niños fruto del incesto. Tres de éstos han nacido y vivido toda su vida en cautiverio, teniendo como padre "a tiempo parcial" a su propio abuelo. Por otro lado, el estado de salud y su inclinación a llorar fueron los criterios por los cuales el presunto violador austriaco escogió a sus otros tres hijos-nietos para adoptarlos junto a su esposa en la localidad de Amstetten, a 130 kilómetros de Viena. El destino de los tres niños más tranquilos fue permanecer con su madre en el escondite sin ver la luz natural hasta ser liberados el último sábado de abril. Fritzl subió del zulo a tres bebés de pocos meses en los años 1993,1994 y 1997, alegando ante su familia que la hija, supuestamente desaparecida en una secta, los había depositado delante de la puerta de su casa.
Estos niños crecieron en la casa familiar como si fueran sus nietos, siendo legalmente adoptados por el secuestrador y su mujer Rosmarie. Y mientras que tres de los menores disfrutaron de una exquisita educación, los otros tres hermanos malvivieron en un calabozo en el sótano, a sólo unos metros de distancia de la opulencia, la libertad y la vida con mayúsculas. Nada menos que ocho puertas-las tres últimas provistas de un mecanismo electrónico-y un largo pasadizo los separaban a ellos y a su madre de la superficie y del mundo real. Ahora las investigaciones se centran en averiguar la forma en la que "el carcelero de Amstetten" pudo mantener, sin cometer un sólo error, dos vidas paralelas y si tenía algún cómplice.
Al parecer económicamente no le ha sido muy complicado, pues tiene varias propiedades inmobiliarias. Muchos nos preguntamos si este hombre es un loco, un enfermo o un depravado o las tres cosas a la vez, lo cierto es que ha sido el triste protagonista de una historia que ni al mejor de los guionistas del cine de terror se le habría ocurrido escribir jamás.
