Una vez allí y ante nuestra sorpresa, aquellas nuevas apariciones tenían una mayor claridad que las primeras y lo que parece aún más asombroso; aparecían por todas partes.
Subimos al segundo piso y pudimos ver un pequeño recinto en una de las habitaciones con forma de cuadrado y precintado, como si de un museo de obras de arte se tratase. Aquellas caras también se distinguían con bastante facilidad y curiosamente, no había ninguna en la parte central de la habitación, ¿sólo aparecían en los laterales?
Pudimos observar además el supuesto rostro de María y por si esto fuera poco, Ana, sobrina de María, nos reveló otra reciente aparición situada justo al lado del “rostro” de su tía; lo que parecía tener la forma de una letra, la “R” .
Nos informaron de que esa nueva aparición arrastraba una nueva y misteriosa historia relacionada con su tía María. Quisimos saber más sobre aquellos nuevos datos que se nos estaban presentando pero la respuesta a nuestras preguntas fue, palabras textuales “eso se lo contaremos mejor al Iker Jiménez cuando vuelva”.
Y es que en Bélmez, amigos lectores, tuvimos la impresión de que cada rostro o nueva aparición parecía ya tener nombre y apellido de un investigador de renombre. Algunas incluso, ya estaban adjudicadas antes de que el propio investigador tuviese constancia de ello.
Ocurre también con lo que parece ser la cara de un cristo que aparece en otras de las habitaciones y que la está llevando “el chico de Turín” (deducimos que se trataba de Javier Sierra).
Nuestras conclusiones apuntaban cada vez más en dirección a un posible fraude en mayor o menor medida organizado, pero si se tratase de un fraude tan evidente, ¿Por qué nadie aún se atreve a desvelar públicamente el misterio?
Ante tanta confusión y partiendo de la base de que aquellas supuestas caras fuesen “naturales” y no intencionadas por “el hombre”, pensamos en la posibilidad de que podría tratarse de lo que en psicología se conoce como “pareidolia”, es decir, percibir una imagen erróneamente como una forma reconocible, como cuando nos quedamos fijamente mirando las nubes y podemos distinguir todo tipo de figuras surrealistas.
Así llegamos a la conclusión de que si habían “aparecido” en dos casas, ¿por qué no en otras? Sólo había que encontrar una casa que reuniera las mismas condiciones que se daban en Bélmez; humedad y el mismo tipo de suelo y pared. Una vez encontrada sólo habría que buscar, echarle un poco de imaginación y sacar fotos.
Y tras varios días de investigación, dimos con “el 20” , una casa muy antigua de vecinos, típica de Andalucía, por la que habían transcurrido varias generaciones y en cuyas paredes se guardan los secretos familiares del hambre de la posguerra. |