Desde el día que fuimos a Belmez hasta hoy y posiblemente durante algún tiempo más, hemos estado recibiendo criticas a consecuencia de nuestra opinión sobre éste fenómeno. Pero no hay que olvidar, queridos lectores, que sólo se trata de una opinión personal basada en nuestra experiencia y los hechos que vimos en Bélmez, ya que no disponemos de recursos para realizar un análisis científico a las supuestas caras.
Este hecho nos hace cuestionarnos la siguiente pregunta, ¿qué hay en Bélmez o qué temen realmente que digamos para que recurran a las amenazas?
No tenemos apenas recursos, pero si tenemos imaginación, así que tomamos las teorías que giran entorno a las caras, tanto las que dicen que es un misterio como las que dicen que es un fraude y comenzamos a buscar. Encontramos la casa que hicimos mención en el articulo de Enero, pero la casa guardaba más secretos de los que esperábamos.
A simple vista es solo una casa vieja, en ruinas donde ni las ratas tienen de qué alimentarse. Puertas que chirrían, ventanales soportados por otros muebles para que no entre el viento y escaleras que dan miedo pisar. Eso era todo, no habías caras, ni tan siquiera manchas, o al menos eso creíamos.
Bajo la presión del miedo, ya que estábamos algo sugestionadas por las leyendas que minutos antes nos contaron sobre esa casa, decidimos recorrer cada una de sus habitaciones para ir en busca de rostros en paredes y suelos.
Es común que en este tipo de investigaciones sucedan hechos inexplicables, normalmente debido a la propia sugestión, a pesar del escepticismo que podamos tener sobre el tema en particular.
Mientras dábamos vueltas por la casa, en una de las habitaciones del piso de arriba, sin intención alguna de sacar una foto, la cámara disparó sola. Posiblemente una de las dos rozamos el objetivo sin darnos cuenta ya que la estábamos sujetando con las manos, pero la foto que apareció en la cámara, curiosamente fue la siguiente: