© Héctor Pérez Fajardo

 

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La médico-psiquiatra María Reyes García asegura que “el pedófilo considera al niño parte del escenario con el que alcanza el placer, no como un igual; es algo parecido a un fetiche”

 

Un nuevo caso de pederastia y divulgación de pornografía infantil ocurrido la semana pasada en el municipio tinerfeño de La Orotava , ha vuelto a teñir con tono trágico la salud de los niños y adolescentes convertidos en víctimas de este tipo de delitos. La sociedad canaria se continúa planteando el porqué de la existencia de personas capaces de sentir atracción sexual hacia un impúber y que lleguen a llevar a la acción todo tipo de perversiones inimaginables. Tras la aparición de noticias sobre detenciones de pedófilos o desmantelamientos de redes de pederastia, surge la pregunta de cómo funciona la mente de un agresor sexual de menores y si realmente, su comportamiento responde a una patología clasificada por la medicina.

La médico y psiquiatra, María Reyes García Trujillo, responde para nosotros algunas de estas cuestiones. De igual forma, estableció una serie de pautas de comportamientos y rasgos de su personalidad que pueden ayudar a identificarlos y dar las claves para establecer una oportuna defensa. La psiquiatría cuenta con herramientas que pueden ayudar a la familia de una posible víctima a identificar los síntomas y a establecer una prealerta ante determinados cambios emocionales, Reyes aporta todas las claves.



 

¿Es una enfermedad?

En primer lugar, el debate ha estado abierto en torno a si los pedófilos son enfermos que no consideran sus acciones como delictivas o perversas, o si realmente son conscientes del delito que realizan y hasta donde alcanzan las consecuencias de sus actos. Según Reyes, “la pedofilia está catalogada como una desviación sexual, no como una enfermedad en si misma, está clasificada dentro de las llamas parafilias (conductas desviadas). Los pedófilos son conscientes del daño que causan, aunque son incapaces de mantener una relación madura y sana con un semejante”. Uno de los argumentos esgrimidos por los pedófilos apela al sentido mismo del amor, en este caso algunos han asegurado sin ruborizarse que aman a los niños. En este sentido, la psiquiatra discrepa y asegura que “el pedófilo considera al niño parte de un escenario con el que obtiene placer sexual, de ahí que la mayoría de agresores repita cierto ritual como usar la misma ropa, el mismo aspecto físico en los menores que agrede o realizar la acción en un mismo lugar predeterminado”. De esta forma el niño no es considerado una pareja con la que puedan sentir empatía sino parte integrante de una serie de elementos, algo parecido a un fetiche. “En determinados casos aislados el pedófilo si puede idealizar la imagen del niño, pero no puede denominarse atracción amorosa”.

Una de las cuestiones planteadas es si el pedófilo responde a un perfil determinado, en este sentido Reyes asegura que “los agresores sexuales de menores suelen ser hombres de edad media, inseguros, son agresivos o presentan conductas

contradictorias hacia la mujer y tienen problemas para relacionarse con éstas, asimismo son inmaduros y si tienen hijos mantienen una rígida disciplina autoritaria”. Se han descrito casos sobre padres que abusan de sus hijos, en este sentido Reyes establece que “sus propios hijos no suelen ser el objetivo de los abusos, ese hecho tiene otro significado y es la negación de su propia paternidad”.

Otro rasgo típico de estos individuos es que “no piden ayuda, ya que no son conscientes de que sea una conducta anormal, aunque eso no quiere decir que no sepan el mal que provocan”, asegura la psiquiatra.

Reyes establece en el desarrollo de su explicación una cuestión insalvable y es si estas personas pueden curarse o si pueden responder positivamente a un tratamiento. Sobre esta cuestión la médico - psiquiatra dice que “hay cosas que encontramos dentro de cualquier sociedad y que están asimiladas de forma subliminal. Algunos miembros de estos colectivos tienen ciertos instintos (pedófilos) que están sanamente reprimidos. Pero con el avance y la seguridad de internet o la rebaja de los valores, estas personas pueden caer en la conducta que reprimen, ya que encuentran una sociedad más permisiva”. Por lo tanto, la represión viene a ocupar uno de los factores más relevantes a la hora de evitar estas conductas. Los tratamientos coercitivos no han dado buenos resultados, por lo que se debe hacer entender al pedófilo el bienestar que puede experimentar desarrollando una conducta sexual sana.



La psiquiatría establece que el hombre siempre puede mejorar o regenerar conductas hacia una forma sana y equilibrada. “Es necesario plantearse las bases de un determinado comportamiento. No se trata de curar sino de sobrellevar una situación o un problema de manera más sana”, agrega María Reyes.

La sociedad vuelve a ser la clave en cuestiones de tanta actualidad, en este sentido la doctora estima oportuno asegurar que “es una responsabilidad de la sociedad potenciar la parte sana del individuo”. De igual manera es importante identificar a un posible agresor, así como a la víctima para desarrollar un correcto tratamiento.

Reyes ha dedicado parte de su vida como psiquiatra a la atención de niños y adolescentes que han sido víctimas de abusos. Este hecho ha propiciado a la doctora tener una visión más específica del sufrimiento del menor. ¿Pero es posible advertir ciertos rasgos que hagan sospechar que un niño puede estar siendo víctima de abusos? Sobre esta cuestión la doctora establece una serie de indicadores que pueden poner a la familia en alerta.

Indicadores del abuso

En lo referente a síntomas físicos, el menor puede presentar infecciones urinarias, sangrado y dolor en lugares íntimos o secreciones genitales. Los factores anímicos son quizás más subjetivos, aunque al mismo tiempo más evidentes. “Cambios en la conducta, desconfianza, conductas sexuales que no corresponde con la edad, fobias y depresión, rechazo a los adultos, aislamiento y sobre todo descenso del rendimiento escolar”.

El tratamiento al menor es mucho más delicado y conlleva una línea de actuación desde el núcleo familiar. La psiquiatra consultada manifiesta la necesidad de que desde un primer instante “se cree un ámbito de confianza en el núcleo familiar. El niño debe sentir que desde su hogar se cree su relato, ya que este tipo de testimonios nunca suele ser inventado o que responda a una fantasía del niño”. Reyes hace hincapié en la importancia de trasladar al menor que “él no es el culpable de esa situación”, de igual manera “hay que garantizar su protección por encima de todo, reforzar su autoconfianza, hablar de lo ocurrido y del agresor, y por supuesto acudir al Servicio de Atención al Menor y a la policía”.

La sociedad exige la implicación de todos los actores sociales en un problema que se acrecienta. La denuncia sobre estos hechos significa la única vía para dar a conocer este tipo de delito, ya que muchas veces pasan inadvertidos en internet y en sus intrincados laberintos. De este modo, lo más indicado es informar a los usuarios de que ante cualquier indicio en la red, el testigo debe comunicar el hecho a la policía o Guardia Civil.



 

ÚLTIMOS CASOS DE AGRESIONES SEXUALES EN CANARIAS

El último imputado, acusado de poseer material pornográfico pedófilo y abusar sexualmente de menores en las Islas, fue conocido hace pocas semanas. Un fotógrafo profesional de 35 años, del municipio tinerfeño de La Orotava , fue descubierto con diverso material delictivo y tras la denuncia de un menor se constató que inducía a menores, de edades comprendidas entre los 12 y 17 años, a practicar sexo a cambio de dinero, hachís y/o objetos de valor.

En el momento de la detención, llevada a cabo por agentes de la Guardia Civil , le fueron intervenidos varios discos compactos y un ordenador. En una primera visualización aparecieron unos 14 adolescentes fotografiados y grabados desnudos y en algunos con actividades explícitas de contactos sexuales entre los menores.

La investigación de la Guardia Civil vino precedida cuando intentó captar a un joven que denunció los hechos a su familia, ya que recibió un correo electrónico con proposiciones para ser fotografiado, y le remitió en éste una fotografía con un joven desnudo.

A partir de ahí se realizó una investigación que permitió ir reuniendo informaciones que apuntaban a la realización de actividades de pedo-pornografía y que reunía material de esa naturaleza. Finalmente, la juez del juzgado de primera instancia e instrucción número cuatro de La Orotava encargada del caso ordenó el ingreso en prisión incondicional y sin fianza del acusado.

Por otra parte, y englobando este último suceso como una agresión a la salud emocional de una menor. Un hombre de 49 años fue detenido en Granadilla, en la isla de Tenerife, después de que supuestamente, se masturbara delante de una niña de seis años e intentara agredir sexualmente a la madre de ella, de 40, a la que fracturó varios dedos.

La Guardia Civil informó que la mujer sorprendió al hombre masturbándose delante de su hija y cuando le recriminó su actitud se abalanzó sobre ella e intentó agredirla sexualmente.

La madre se resistió y sufrió la fractura de varios dedos de una mano, varios cortes con un cuchillo, también en una mano, y recibió amenazas de muerte por parte del ahora detenido.

Finalmente, el hombre que se hallaba en estado en embriaguez, lanzó una lata de cerveza que golpeó a la menor en una mano, provocándole una lesión. Los agentes de la Guardia Civil localizaron de inmediato al agresor siendo trasladado a dependencias del Instituto Armado.

Castración Química… ¿una posibilidad a tener en cuenta?

En este sentido he creído acertado incluir parte de una columna de opinión de La Gaceta de Canarias escrita por quien esto redacta y que plantea algunos puntos a tener en cuenta sobre este tratamiento. “El pasado verano el actual presidente de Francia, Sarkozy, puso sobre la mesa del debate esta posibilidad, levantando ampollas a los defensores de los derechos humanos y volviendo histéricos a los afectados de una u otra manera por los violadores. Gritos ensordecedores de venganza parecían traspasar las páginas sombreadas de los diarios o los informativos que se hacía eco de esta cuestión.
No tardaron en aparecer debates interminables que hablaban sobre la legitimidad del Estado a tomar ese tipo de medidas tan drásticas. Aunque quizás nunca quedaba claro que efectos podría tener en el organismo y si éstos eran efectivos.

 


Justo Hernández (Profesor de Historia de la Medicina de la ULL ) es uno de esos ilustrados renacentistas o por lo menos nos lo parece, estamos seguros de su postura respecto al tema aunque no le preguntemos, ya que en su discurso siempre encontramos un respeto y admiración hacia el hombre y hacia la ciencia a partes iguales. Lo que sí nos remitió fue toda la información respecto a la castración química y que efectos se derivan de ella.

La definición del tratamiento es sencilla a priori, ya que se trata de un bloqueo de la segregación de testosterona al organismo. Para que éste se produzca se puede utilizar el medicamento más efectivo para ello, el Depo-Provera. Esta medicina está indicada para las mujeres que deseen regular su ciclo fértil y se toma por vía venosa. Una vez añadido este elemento al torrente sanguíneo de un hombre el deseo sexual y las manifestaciones físicas que causa la testosterona desaparecen, aunque debe ser repetida la dosificación cada seis meses, para que pueda ser efectiva a priori.
Este producto disminuye el apetito sexual, impide la erección e imposibilita la obtención del orgasmo. Por otra parte el hombre presentaría una disminución del vello facial y corporal y una diferente distribución de la grasa. Esto es lo estimado, ya que no existen ensayos clínicos que validen esta hipótesis y los realizados sólo alcanzan un 40% de resultados positivos.
Pero aunque todos los resultados fueran positivos ¿el violador actúa por satisfacer su deseo sexual u obedece a la necesidad por aplacar sus deseos de dominación y poder? Si es lo último esta castración no serviría de nada, ya que el agresor buscaría otros medios, quizás más desagradables.
Por otra parte surge el conflicto jurídico, sin hablar del moral. Aplicar este supuesto iría en contra del artículo 15 de nuestra Constitución. Los deseos de venganza o acallar nuestro propio clamor de justicia, no justificarían actuar contra la integridad física o psíquica de las personas.
Pero surgirán nuevos mecanismos, algunos tan sofisticados que nos costará percatarnos de que se tratan de castigos solapados, pero está en nuestra naturaleza el deseo de venganza. Cada uno de nosotros tiene su propio código moral y sistema de valores. El propio sistema penitenciario existe por una mera cuestión de venganza disfrazada de reinserción como justificación de esta propia existencia. Estos debates no son nuevos y surgirán a miles y nos harán dudar si decantarnos hacia uno u otro lado, a pesar de la sangre inocente que pueda derramarse”.

 
Este artículo ha sido publicado en la Revista Digital Angulo 13 en el mes de diciembre de 2007 con la expresa autorización de su autor.
 

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