|
|
|
En ocasiones, cuando escuchamos relatos sobre salvajes asesinatos y crímenes horrendos nuestra mente se aparta de la realidad hasta que logra abstraerse de este tipo de hechos dramáticos, tan cercanos que nos logran hacer temblar. Las páginas de sucesos en los diarios de las Islas no están exentas de este tipo de noticias y en ocasiones los actos más abominables que podamos imaginar se convierten en una triste y trágica realidad. Con este artículo pretendo acercar al lector algunos de los sucesos más terribles ocurridos en Canarias, donde la maldad humana se hace patente lejos de sus consideraciones míticas y nos hace comprender que también es parte de nuestra naturaleza, que permanece oculta con el firme deseo de que jamás aflore.
En esta ocasión he creído suficiente exponer tan sólo dos casos, que ponen de manifiesto hasta donde puede perder la cabeza una persona "por amor". Naturalmente, y como podréis observar, esa expresión es irónica, ya que dudo mucho que seres como los que hoy les expongo puedan llegar a experimentar realmente lo que es ese sentimiento.
|
|
|
EL ASESINO DE SANTA ÚRSULA. "UN PSICÓPATA INCAPAZ DE SENTIR ARREPENTIMIENTO" Domingo García Rodríguez residía en el municipio tinerfeño de Santa Úrsula. Desde siempre había sido un hombre problemático y de sobra conocido por la policía por su apego al alcohol y a las peleas callejeras. En 2004 inició una relación con Gregoria Felipe, una mujer tímida de pueblo, que nunca hablaba de su vida privada. Domingo, de unos 40 años de edad, vivió durante los meses que duró su relación con Gregoria los momentos más felices de su vida, aunque esta consideración no era compartida por su pareja. Gregoria, cansada de sus ataques de celos y de su personalidad posesiva decidió pocos meses después poner fin al lazo que la unía con este hombre, asegurando, eso sí, que seguirían siendo amigos.
Como comprenderán, su pareja no se tomó bien esta decisión, pero la acató a regañadientes. Durante los días posteriores, Domingo intentaba ver a Gregoria con cualquier excusa. Estos encuentros dieron paso a las persecuciones y al acoso, hasta el punto que la propia Gregoria se vio obligada a acudir a las oficinas municipales de asistencia social de Santa Úrsula, con el fin de que se le prestase apoyo psicológico ante la situación que estaba viviendo. |
|

- Juicio del asesino de Santa úrsula. Imagen cortesía de La Gaceta de Canarias -
|
|
|
|
|
Domingo la rondaba sin descanso, llegando a convertirse en una auténtica pesadilla para esta mujer de tan sólo 44 años.
Sin embargo, jamás presentó una denuncia sobre estos hechos, ya que pensó que cuando encontrase a otra mujer la dejaría en paz. De hecho, en su anterior relación se había comportado de similar manera hasta que apareció Gregoria en su vida y dejó en paz a su ex novia. Esta situación varió en Febrero de 2005, cuando Domingo comenzó a enviarle a Gregoria mensajes constantes de móvil, algunos de ellos amenazantes. Este suceso la hizo alertar al Centro Coordinador de Emergencias y Seguridad (Cecoes) 112, para contarles lo que le estaba sucediendo. El técnico que se hallaba de guardia dicho día le instó para que solicitase una orden de alejamiento, aunque finalmente le restó importancia a estos mensajes.
Pasaron los meses y la situación se normalizó pero no era más que un espejismo, ya que Domingo García estaba fraguando un plan y un acto que vengaría lo que para él había sido una ofensa a su orgullo machista. |
| |
|

- Imagen del juicio contra Domingo García Rodríguez. Imagen cortesía de La Gaceta de Canarias -
|
|
Mayo de 2005
El reloj marca las seis de la mañana, Domingo sale de su casa armado con un cuchillo que servía para limpiar la dura carne de cabra. Esconde cuidadosamente el cuchillo entre su pantalón antes de llegar al edificio donde vive Gregoria. Sabe que se levanta muy temprano para ir a su trabajo, así que se dirige hasta la puerta de la vivienda y toca el timbre. Gregoria, que se halla aún en pijama, abre la puerta y antes de que pueda reaccionar le clava con una gran fuerza en su costado el cuchillo que trae consigo, haciendo incluso que la hoja se parta tras romper una de sus costillas.
La navaja penetra en uno de los pulmones de la mujer y sufre un hemotórax (sangre en el pulmón) que le deja ese órgano vital inactivo. Gregoria cae al suelo y una vez allí, Domingo continúa golpeándola con el mango de la navaja, causándole múltiples heridas en la cabeza. Al observar que apenas la lesionaba, la arrastró hasta la cocina de la vivienda mientras la mujer intentaba pedir auxilio, aunque la herida en su pecho apenas le permitía exhalar un hilo de voz. |
|
|
|
|
Tras llegar a esta habitación, el asesino se recreó en su propósito, utilizando uno a uno casi todos los cuchillos que había en las estanterías. Hasta doce armas diferentes usó para matar a Gregoria, ya que mientras realizaba esa macabra tarea los cuchillos se iban rompiendo uno tras otro. Finalmente, agarró un machete e intentó cortar la cabeza de la víctima, hecho que no consiguió debido a lo poco afilada que tenía la hoja este utensilio. Tras 73 lesiones, de las que 60 fueron puñaladas, la víctima falleció. Los forenses que examinaron el cadáver dictaminaron que la muerte le sobrevino con la última herida, que le atravesó el otro pulmón. Durante ese largo tormento jamás perdió la consciencia, ya que según los mismos médicos y peritos ninguna lesión le afectó al cerebro y "el asesino sabía muy bien lo que hacía y donde infligía las heridas". Tras finalizar recorrió toda la casa, casi como un autómata, hasta que encontró un frasco de fertilizante.
El asesino, con este bote entre sus manos, escribió una nota en la que ponía "mamá, ahora soy feliz" puso sobre ella dos alianzas, que anteriormente se habían regalado, y bebió de la sustancia, en tan poca cantidad que apenas le provocó el vómito. Los forenses dictaminaron posteriormente que hasta este hecho estaba planeado, ya que quería que pensaran que había intentado suicidarse para que pensasen que su acción había sido motivada por arrebato de locura y que tras ver lo que hizo se había arrepentido, aunque jamás se lo planteó. Finalmente, llamó a su hermana y le dijo lo que había hecho. Rápidamente, ésta alertó a la Guardia Civil, que lo halló tranquilo y sin ninguna muestra de alteración.
Un jurado popular lo juzgó tres años después, hace apenas dos meses, el Tribunal ante el que se enfrentó lo condenó a 22 años de prisión. En ningún momento de la sesión el asesino mostró el más mínimo arrepentimiento. De hecho, los psiquiatras aseguraron que "nos enfrentamos ante un psicópata incapaz de sentir culpa o arrepentimiento". De esta forma aconsejaron su internamiento en la cárcel el máximo tiempo posible. |
| |
|
UN CUCHILLO BASTÓ PARA ACABAR CON LOS SUEÑOS DE UNA JOVEN UNIVERSITARIA Andrés de los Reyes Darias era un joven alto y fuerte de 31 años. en 2003 conoce a Beatriz Sanfiel, una joven universitaria de 19, que cursa sus estudios de Arquitectura en la Universidad de La Laguna. Durante casi tres años, la pareja mantienen una relación, que poco a poco se va forjando en compromiso. La joven universitaria se traslada poco tiempo después a casa de los padres de Andrés, donde habilitan una habitación para que ambos puedan vivir como una pareja. Durante este tiempo, Beatriz continúa cursando sus estudios en la universidad, mientras Andrés, también con estudios superiores, trabaja en una empresa, aunque trata de buscar algo más estable. Septiembre de 2006 Beatriz Sanfiel cursa el último curso de la carrera. Con apenas 21 años se ha aplicado tanto que casi ha logrado terminar una difícil licenciatura de manera continuada. La joven desea tranquilidad y sosiego, y la situación que se vive en casa de los padres de Andrés no es la adecuada para ello. |
|

- Concentración frente a los juzgados por la muerte de Beatriz. Imagen cortesía de La Gaceta de Canarias -
|
|
|
|
|
Según explicó su familia durante el juicio que se celebró posteriormente contra Andrés "la madre de Andrés le hacía la vida imposible a Bea, y siempre acababa intercediendo el padre para calmar los ánimos". Beatriz estaba cansada de esa situación y además, la relación con Andrés se había enfriado, las circunstancias la habían llevado a dejar de sentir ese enamoramiento que en una ocasión la llevó a los brazos de su asesino.
Por este motivo, una compañera de la carrera y amiga de Beatriz, le pidió que se fuera a vivir con ella y su primo a un piso a La Laguna ubicado frente a la Cruz de Piedra, ya que una habitación había quedado libre. Beatriz accedió a pesar de la oposición que mostró Andrés ante tal decisión. Sin embargo, la joven le explicó que sólo sería provisional hasta que terminase la carrera.
Con el tiempo y la nueva situación de Bea su apego hacia Andrés se fue diluyendo hasta que sólo quedó un profundo cariño, por ese motivo decidió poner fin a la relación. Andrés nunca lo aceptó y pronto llegaron los problemas.
|
|
|

- Andrés de los Reyes durante el juicio. Imagen cortesía de La Gaceta de Canarias -
|
|
El acoso
Beatriz comenzó a salir más a menudo y conocía gente nueva. Un nuevo joven había entrado en su vida y estaba iniciando una relación con él. Estaba pletórica, viviendo su nueva situación. Por primera vez en su vida estaba experimentando la independencia y eso le gustaba. Esta felicidad sólo era eclipsada por la aparición cada vez más frecuente de Andrés, que no asimilaba lo que le tocaba vivir. La seguía, la acosaba con mensajes y llamadas, e incluso aplicaba el chantaje emocional para que Beatriz accediera a verlo. La joven, movida por la compasión, accedía a sus pretensiones y hablaba largas horas con él. De hecho, hasta llegó a pedirle a su propia madre que si Andrés la llamaba que tratara de escucharlo y tranquilizarlo, ya que llegó a temer que hiciera una locura. En cierta ocasión llegó incluso a amenazar con suicidarse, aunque jamás llegó más lejos que de las simples palabras.
Triste Navidad
La Navidad llegó de improviso, casi sin que los protagonistas de esta historia se dieran cuenta. Beatriz Sanfiel celebró la Nochebuena junto a su madre, tal y como acostumbraba. |
|
|
|
|
Sin embargo, al día siguiente Bea le comunicó a su madre que iría a su piso de estudiante para seguir preparando sus asignaturas. Sus compañeros se habían ido a su isla natal, Gran Canaria, a pasar estas fechas tan señaladas. Andrés sabía perfectamente que Beatriz estaría sola, por lo que en su mente se empezó a fraguar la idea de acabar con la vida de la joven sin que nadie le molestase. Colocó en su coche una bolsa con ropa limpia, una botella de agua y un cuchillo. Andrés, cuando la noche lo cubrió todo, se dirigió a la vivienda de Beatriz y entró con una copia de la llave de la vivienda, ya que según se extrajo de la sentencia, "Andrés robó en un descuido de la joven sus llaves en una de sus visitas a la casa e hizo una copia, posteriormente las devolvió sin levantar sospechas".
Beatriz se llevó una sorpresa al verlo entrar, por lo que intentó huir al interior de la casa. El asesino la agarró antes de que pudiera escapar y le hizo un corte en su garganta. Beatriz se resistió con fuerza e intentó defenderse de la agresión, hecho que motivó que Andrés la acuchillase hasta en seis ocasiones, causándole la muerte casi en el acto. Justo después, el asesino cogió el teléfono móvil y las llaves de la víctima, se cambió de ropa, se limpió y huyó del lugar en su vehículo. |
|
|
Con gran nerviosismo condujo hasta la avenida de Los Majuelos y en un contenedor de la zona arrojó todo lo que llevaba encima: la ropa ensangrentada, el móvil y las llaves. Con el fin de crear una coartada, el joven telefoneó a su padre, diciéndole que había perdido las llaves de su coche en la citada vía para que subiese a traerle una copia de las mismas.
El padre subió y buscaron durante unos minutos las llaves y poco después volvieron a su hogar. Andrés se metió en su habitación y no salió hasta el día siguiente.
La madre de Beatriz Sanfiel telefoneó a su hija al día siguiente para saber como había pasado la noche. Según explicó en el juicio, "sabía que Andrés la acosaba y quería preguntarle si esa noche se había presentado allí". Al ver que tras varias llamadas nadie respondía decidió acudir hasta el piso para ver personalmente a su hija y preguntarle si necesitaba algo.
Lo que encontró allí no lo olvidará jamás en la vida. Beatriz yacía en el suelo rodeada de un gran charco de sangre. Isolina (la madre de la víctima) gritó desesperadamente, el dolor de ver a su hija muerta la desgarró y sólo podía gritar y pedir auxilio.
La voz de la mujer fue escuchada desde la calle, donde varias personas paseaban. Ante tales hechos, los testigos alertaron a un coche patrulla que se dirigía hacia La Cuesta y que casualmente estaba ocupado por el jefe de la Policía Local de La Laguna, Luis Santos. Santos subió rápidamente al piso de la joven se encontró el dantesco escenario. Acto seguido atendió a la madre de la víctima y tomó las medidas oportunas para evitar que el escenario del crimen se viera modificado de alguna manera antes de que llegasen los agentes de la Policía Científica del CNP. |
|

- Isolina, madre de la víctima. Imagen cortesía de La Gaceta de Canariass -
|
|
|
|
|
La policía sospechó de inmediato en Andrés Darias como el autor del crimen. Sin embargo, aún no habían encontrado nada que lo incriminase. Los agentes de la Policía Judicial de La Laguna interrogaron al joven durante horas, después de que éste se hubiese personado en la comisaría voluntariamente, alegando que pretendía colaborar con los investigadores.
La policía sabía perfectamente que había sido él, por lo que pensaron que la mejor manera de "cazarlo" era obligándolo a confesar. Por este motivo, los agentes "filtraron" a la prensa que había hallado el arma del crimen en una zona cercana a Los Majuelos. La televisión, radio y prensa escrita recogió esta información, que llegó hasta los oídos de Andrés. Al verse acorralado, el joven decidió entregarse y confesar lo sucedido, con el convencimiento de que esa acción rebajaría su pena. Cual sería su sorpresa al comprobar que todo había sido un "farol" de la policía, que había logrado hacerlo caer en la trampa. |
|
|

- Entrada al Palacio de Justicia de S/C de Tenerife. Imagen cortesía de La Gaceta de Canarias -
|
|
El juez envió a prisión a Andrés, donde permaneció hasta la celebración del juicio a principios de 2008. Un jurado popular estudió la causa y emitió un veredicto de culpabilidad. Los nueve miembros del jurado desestimaron las tesis que la defensa del acusado mantenía, no encontrando probado que el reo sufriera enajenación mental transitoria. Tampoco estimaron que el acusado hubiera mostrado arrepentimiento. Finalmente, Andrés Darias fue condenado a una pena de 18 años. Cabe destacar además que la muerte de Beatriz sirvió para que pocos meses después de la tragedia su madre creara una asociación de familiares de víctimas de la violencia de género, que tomaría posteriormente el nombre de Asociación Beatriz Sanfiel, para honrar su memoria. En ambos crímenes, los abogados de los procesados han recurrido las sentencias, al opinar que hubo un defecto en las preguntas formuladas a los miembros de los jurados populares. |
|
|
|
|
|
| |
Este artículo ha sido publicado en la Revista Digital Angulo 13 en el mes de julio de 2008 con la expresa autorización de su autor. |
| |
© Angulo 13. Copyright 2005 - 2008. Revista Digital Angulo 13.
Reservados todos los derechos de copia parcial o total de los contenidos de esta publicación. Consulta, contactar mediante correo electrónico.
|