En el libro hablamos por ejemplo del origen del espiritismo, la sábana santa, la máquina de la verdad las hadas de Cottingley. La idea era no sólo demostrar que las caras eran falsas, sino que la gente que le gustan estos misterios sea más crítica y que ellos mismos puedan aplicar ciertas pautas a la hora de estudiar algún tema que les interese. A los que no crean en estos temas le sorprenderá, por ejemplo, ver como han sido creyentes en los casos paranormales los que más han ayudado para tumbar esta mentira.
¿Cómo se hicieron?
Han existido muchos métodos. La primera la hizo un pintor con sales de plata. Es como un negativo: a medida que le daba la luz la imagen se formaba. A partir de ahí se han hecho de mil maneras, algunas tan curiosas como con excrementos de animales, con grasa de la cocina o haciendo fotos al suelo y retocando los negativos. Hay muchas que ni siquiera han existido, simplemente la gente decía que las había visto y pasaban a la leyenda. En todos los casos, está la mano del hombre, o de muchos, detrás. No hay manchas que parecen caras, las caras fueron pintadas y tienen pinta de manchurrones, que es muy distinto.
¿Todo fue orquestado como base de un negocio? ¿Ha sido lucrativo?
Siempre ha habido un componente económico, eso es innegable, pero no sólo ha sido un negocio. Para la familia y muchos de los investigadores que pasaban por ahí, les servía para darse a conocer. Pero se pensó más como negociete que como un gran negocio. Eso llegó con las nuevas caras, cuando el Ayuntamiento intentó comprar la casa. Entonces los herederos pidieron mucho dinero y la Seip tuvo que intervenir para descubrir nuevas caras en otra casa que sólo costaba 14 millones. Como negocio tampoco ha sido nunca algo excesivamente lucrativo, en parte porque las caras sólo fueron famosas de verdad durante dos meses. Lo que ha ocurrido, como dijo el veterano Ramos Perera, es que han ganado dinero pero no tanto como les gustaría.
¿Quiénes son “los caras de Bélmez”?
Al principio, en los 70, su utilizó esta expresión para definir a los que se intentaron forrar con el fenómeno pero al escribir el libro nos dimos cuenta de que todo el mundo, con sólo ir al pueblo y contarlo a los amigos, ya ayuda a que el caso siga con vida. Nosotros al escribir el libro contribuimos a que el tema volviera a ser noticia y, no hace falta que lo diga, nuestro libro no se regala, se vende en librerías. Por eso decimos que todo el mundo es un poco un cara de Bélmez pero unos -los que han creado y han mantenido el falso misterio- mucho más.
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