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Alfonso Ferrer.

© Alfonso Ferrer.


"Con ocasión de la publicación del libro Vida en el Universo. Del mito a la ciencia, Ángulo 13 entrevista a su autor, el filósofo Ricardo Campo, sobre algunas de las claves de la obra"


Háblame sobre la idea central del libro. ¿Cuál es el propósito fundamental de la obra?

Vida en el universo. Del mito a la ciencia (http://www.lulu.com/content/5268752) intenta presentar una panorámica crítica de la creencia en los extraterrestres y una introducción a la Astrobiología con la finalidad de que el público distinga perfectamente entre una y otra. Aunque ambas se refieren a la vida fuera del planeta Tierra, ni mucho menos son equiparables. La creencia en los extraterrestres y la ufología se centran en una leyenda globalizada y en relatos de supuestos fenómenos extraños. Independientemente de que existan fenómenos en la naturaleza poco conocidos, la Astrobiología es una ciencia multidisciplinar que se basa en descubrimientos empíricos relacionados con la posible vida en otros lugares del cosmos, con el concurso de astrofísicos, bioquímicos, geólogos, físicos atmosféricos y otros especialistas. A ello hay que sumar una porción de psicólogos, sociólogos y filósofos que especulan, en el buen sentido, con las consecuencias psicosociales y filosóficas de la existencia probada de alguna forma de vida en el cosmos.

Creo que has elegido una recopilación de ensayos firmados por diferentes autores. ¿Por qué?

Porque son conocedores de los aspectos que me interesaba que tratara el libro. Con ellos, el lector tiene suficiente información para discriminar entre lo que es un mito, basado en un viejo anhelo humano, y una ciencia con los requisitos de validación correspondientes. Aprenderá así a distinguir, por añadidura, lo que es la exigente investigación científica de lo que es una pantomima mediática de pseudo-investigadores del misterio, expertos en contar lo que el público quiere escuchar y en administrarles pienso como si de animales de granja se tratara, metafóricamente.

¿Lo extraterrestre es un mito moderno o se remonta a la antigüedad?

La creencia en otras humanidades o en otros seres conscientes no terrestres en tan antigua como nuestra civilización grecolatina. Desde los pluralistas y unicistas de la antigüedad hasta los más optimistas científicos actuales, pasando por los autores de ciencia popularizada del siglo XIX, el debate no ha cesado, aunque sí ha habido épocas como la del predominio del pensamiento escolástico o buena parte del siglo XX en que tal materia se la consideró improcedente, peligrosamente lejana del dogma o asociada exclusivamente al mercado irracional de la industria cultural. El hallazgo, a partir de 1995, de centenares de planetas extrasolares, aunque ninguno de tipo terrestre, permite imaginar que existen sistemas planetarios con condiciones de habitabilidad suficientes para albergar algún tipo de vida. Es algo que puede haberse producido, pero no existe una “obligación” en la naturaleza al respecto. Los requisitos para que la vida pueda haber surgido son muy numerosos; más aún para que la inteligencia se haya desarrollado como consecuencia de las exigencias del entorno.

¿Por qué crees que ha cobrado tanta fuerza en las últimas décadas (sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX)?

Ésta es una pregunta especialmente difícil de responder. La imaginación va por delante de la comprobación científica, lo cual, a veces, puede ser un bonito ejemplo de la capacidad humana de entrever descubrimientos, pero también una forma de sentirte legitimado para descubrir la pólvora o quedar como un vulgar charlatán pregonando en el desierto ante la justificada indiferencia de tus semejantes. En el caso de la ufología y de los extraterrestres tenemos más de lo segundo que de lo primero, y con razón. De hecho, no disponemos de ningún ejemplo válido de que esa antigua imaginación se haya visto confirmada por una realidad irrefutable. Sólo tenemos historias y relatos de fabricación humana.

 

- Ricardo Campo -


¿Cuál ha sido el papel que ha jugado el cine y la literatura en la percepción de los ovnis y los extraterrestres? ¿Crees que ha sido determinante?

Han jugado un papel importante, pero en ambas direcciones: de los ovnis hacia el cine y de éste hacia aquéllos. La invasión alienígena de Herbert H. Wells y su representación radiofónica por Orson Welles, en 1938, probó que la creencia en visitantes extraterrestres estaba latente en la sociedad estadounidense mucho antes del avistamiento de Kenneth Arnold en 1947. Y la aventura del vendedor de perritos calientes Adamski es un calco de “Ultimátum a la Tierra ” (no de la aburrida versión de este año, sino del clásico de 1951).

Recordaba hace poco Luis R. González –autor de un ensayo en el libro sobre las fantasiosas taxonomías extraterrestres- que el detalle de los “ojos envolventes” de los extraterrestres que citaron los Hill (protagonistas de la famosa abducción) tiene su origen, según Martin Kottmeyer, en una serie televisiva, pero que ya estaba presente en la citada novela de Wells, más los añadidos de Spielberg en “Encuentros cercanos en la tercera fase” (esa mala traducción de “del tercer tipo”).

Uno de los proyectos de la Fundación Anomalía , Méliès ( http://anomalia.org/melies.htm ), tiene como objetivo el “ análisis de la influencia del cine en las creencias actuales sobre el fenómeno ovni y, a la inversa, cómo el fenómeno ovni ha influido en las producciones más recientes en un proceso de retroalimentación ya puesto de manifiesto en otros aspectos de la investigación ufológica”. También en este artículo de Mark Pilkington http://www.hedweb.com/markp/ufofilm.htm se analiza la relación entre mitología ufológica y cinematografía.


- Vida en el Universo. Del mito a la ciencia, libro de Ricardo Campo -


 

¿Crees que el surgimiento del mito moderno de los ovnis ha sido la lógica consecuencia de la falta de respuestas por parte de la ciencia ortodoxa? (por ejemplo, aún no hemos podido corroborar de manera científica la existencia de vida extraterrestre).

No creo que haya una relación directa entre ambas cuestiones, o al menos no es ése el único factor. El mito de los ovnis empieza a gestarse a mediados del siglo XX, cuando la especulación sobre la existencia de vida extraterrestre había perdido fuelle. En ese momento son otros los ingredientes que entran en juego para alimentar el mito: la guerra fría, la exploración espacial, el desarrollo de armamento teledirigido, el miedo a la invasión por parte de potencias enemigas, etc. Aunque Morrison y Cocconi publican su artículo en Nature sobre la búsqueda de señales extraterrestres en 1959, los descubrimientos científicos que convierten de nuevo a la vida alienígena en un tema de amplio interés científico no se producen hasta los años 90 del siglo pasado (planetas extrasolares y microorganismos extremófilos). Mi impresión es que, con antelación e independientemente de todo ello, el mito de los ovnis prosperó y se acabó convirtiendo en lo que es actualmente porque sus fundamentos no son científicos, sino socio-religiosos. El mito de los ovnis es un ejemplo relevante de fusión de religión y tecnología. En otros ámbitos, como la parapsicología, encontramos un fenómeno similar.

¿Por qué los marcianos ya no aparecen en las historias de extraterrestres y ahora se ha derivado la cuestión hacia el plano metafísico, los universos paralelos... incluso espiritual?

Probablemente por agotamiento del mito, por su necesidad de reconvertirse y de adaptarse a los tiempos.

Colocar a los extraterrestres en un más allá trascendente los pone a salvo de una parte de la crítica. De esa forma nadie se verá comprometido cuando se exijan pruebas empíricas de las clásicas afirmaciones sobre avistamientos y contactos con entidades: convertidos en seres etéreos, sólo la voluntad de creer los mantendrá vivos. Al existir en “otros planos” sus defensores están eximidos de presentar pruebas de su existencia física, a las que, además, restan importancia. Funciona como una coartada. De todas formas, ese alejamiento de los ETs a otros “planos” no obedece únicamente a ese intento, más o menos consciente, de protegerlos frente a los malvados e incómodos incrédulos: casi desde el principio del fenómeno los contactados, con creencias ocultistas muy marcadas, entran en escena, y convierten a los hipotéticos extraterrestres en elementos de transformación espiritual, como los Maestros Iniciados que transmitían las enseñanzas ocultas a los adeptos. Es decir, esa derivación al “plano metafísico” no habría sido tal desde que el fenómeno fue utilizado por una subcultura de ocultistas de raíces teosóficas, que vieron una oportunidad para divulgar un credo hecho de espiritualidad ocultista y tecnociencia.

Cómo es posible que los relatos sobre extraterrestres hayan propiciado una fauna que incluye seres reptiloides o al mismísimo chupacabras? ¿Cuál ha sido el proceso?

Desgraciadamente, no existen estudios rigurosos, en número suficiente, que nos permitan determinar las causas concretas que hicieron prosperar los relatos sobre tales seres hasta convertirse en habitantes de los barrios bajos de Ovnilandia. Las teorías sobre conspiraciones gubernamentales, la experimentación genética, la influencia del cine, la actualización de supersticiones, etc., son factores que pueden haber generado poderosos memes en los años 80 y 90 del siglo pasado como los reptiloides y el chupacabras, como incómodas derivaciones del mito ufológico pero muy aprovechables por las revistas del ramo. De alguna forma, el mito necesitaba actualizarse, y para ello utilizó las preocupaciones y los miedos disponibles en la sociedad, elementos en los que dominan factores irracionales, porque la creencia no puede nutrirse de luz y taquígrafos, sino de relatos sombríos, de rumores en la niebla, de movimientos extraños de las autoridades, de negaciones oficiales, de ruidos sospechosos, de crujidos en la madera, de todo aquello que al ser humano le ha llevado a crear seres maravillosos o terroríficos.

Finalmente, ¿los gobiernos ocultan información sobre visitas extraterrestres? ¿Por qué esa obstinación popular en satanizar a los gobiernos (al menos en esta materia)?

No, los gobiernos no ocultan información sobre visitas extraterrestres. Seguramente el lector sabrá hacerse una idea de por qué es imposible que semejante secreto sea tal ni siquiera durante unas pocas semanas, no digamos ya años o décadas.

Los gobiernos, en particular el de Estados Unidos, juegan un papel importante en el cuento universal de la ocultación. Parece obvio que la vacuna de la ocultación oficial (que inmuniza a la creencia en las visitas extraterrestres a este planeta ante cualquier contagio debilitador procedente de los críticos y de quienes no se conforman con tragar sin masticar afirmaciones fantasiosas) nació desde el mismo momento en que la especulación sobre el origen extraterrestre de los platillos volantes se hizo dominante y no se vio confirmada por pruebas reales (el problema del no contacto).

 


Como la creencia en esa realidad se hallaba muy extendida debía existir algún factor poderoso que impedía que llegara a conocerse abiertamente; y ese factor no es otro que los gobiernos, a los que se percibe como plagados de conspiraciones y malas intenciones con sus gobernados. Nadie se ha parado a pensar que en esa labor de ocultación también los propios extraterrestres debían estar jugando un papel, pues si tan desarrollados tecnológica e intelectualmente estaban también deberían poder superar los controles gubernamentales terrestres y darse a conocer. Pero de nuevo nos encontramos con cortafuegos frente a la crítica: p. ej., los ETs no quieren darse a conocer para no interferir en nuestra “evolución”. De esta forma, nos encontramos con que los ETs y sus naves se aparecen pero no del todo, se ocultan en último término, y los gobiernos, a su vez, ocultan esas tímidas apariciones. Empiezan a aparecer pescadillas que se muerden la cola o especulaciones que se enmarañan estúpidamente. Y es que, si no, si el escenario ufológico se rigera por las recomendaciones del pensamiento crítico, la ufología dejaría de existir casi en su totalidad.



 

Al margen de los mitos, ¿contemplas la posibilidad de que realmente exista inteligencia extraterrestre?

Por supuesto que sí, aunque, por lo que sabemos, ésta es una posibilidad muy remota. La paradoja de Fermi (con sus muchas soluciones, de ella trata el ensayo de César Esteban incluido en el libro) sigue estando ahí para obligarnos a pensar en soluciones, si es que existen, si no somos la única especie que ha desarrollado lo que nosotros denominamos inteligencia, facultad que no se halla impresa en las leyes de la naturaleza (basta que nos situemos fuera del mito gnóstico de la reintegración en la divinidad y de la iluminación creciente de las criaturas caídas) sino que es producto de las condiciones a las que se vio sometida una especie de primates en África hace unos dos millones de años.

¿Éste libro es sólo para escépticos o para todos los públicos? ¿A quienes va dirigido?

¡Los escépticos también pueden –y de hecho están- estar incluidos entre todos los públicos!

No son dos conjuntos incompatibles. Afortunadamente entre el público hay también una proporción de personas a las que no les gusta que le den gato por liebre y que ponen a funcionar la capacidad de pensar críticamente. El libro es perfectamente asequible para cualquier persona con un mínimo de formación y con interés por distinguir entre lo que nos llega desde los medios de comunicación y lo que procede del ámbito científico relacionado con el enigma de la vida, un auténtico y real misterio cósmico. Serán los científicos quienes lo resuelvan –si se resuelve-, no los periodistas especializados en disfrazarse de los primeros.

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Esta entrevista ha sido publicada en la Revista Digital Angulo 13 en el mes de febrero de 2009 con la expresa autorización de su autor.

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