© Juan Miguel Ramírez (Investigador)


Me hierven las entrañas sin cesar, me han sobrevenido días de aflicción.
La piel ennegrecida se me cae, mis huesos arden por la fiebre.

Libro de Job, Cap. 30, vs. 27, 30.

  ¡Advertencia!, el contenido de este artículo, podría dañar la sensibilidad del lector

       

Un tema que me ha llamado poderosamente la atención, siempre, ha sido el relacionado con las cremaciones o combustiones espontáneas. Por combustión espontánea, entendemos la reducción a cenizas de un cuerpo humano, en un corto periodo de tiempo. Pero el misterio que rodea a estas cremaciones, es lo absurdo de sus resultados y dónde se producen. Algunos investigadores señalan que la acción del calor reinante sobre el cuerpo, se inicia desde su interior. Por otra parte, los escépticos apuntan que dicho fenómeno tiene unas explicaciones científicas aplastantes. Aquí no trataremos de poner en entredicho las diversas hipótesis que se barajan en la actualidad, sólo poner de manifiesto lo enigmático del hecho, en sí mismo. Uno de los hechos que más llaman poderosamente la atención a los estudiosos e investigadores del tema, es el corto espacio de tiempo que se produce entre la ignición de las llamas y el resultado de ellas.

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Un montón de cenizas y lo más llamativo y horripilante de la imagen, algunas de sus extremidades intactas. El cuerpo suele quedar reducido, en su mayor parte, a cenizas, pero incompresiblemente algunas partes de sus cuerpos quedan como testigos mudos de lo allí acaecido. También despierta interés, la ausencia de pedir auxilio por parte de la víctima. Es como si el fuego que se produjera fuera tan rápido y eficaz, que no le diera tiempo a la víctima de protegerse o pedir ayuda. Incluso los objetos que rodean a la antorcha humana, no se ven afectados, en mayor medida, por la gran temperatura que se forma en la combustión. Pero remontémonos en el tiempo y tratemos sucesos del pasado y sólo ustedes sacarán sus propias conclusiones. Las creencias de que un cuerpo humano pudiera arder de forma inexplicable, se remontan a siglos atrás y se basaban, mayormente, en un castigo de origen divino, por los malos o impuros actos cometidos por el afectado. Incluso el gran poeta Virgilio Marón nos cuenta el caso de una mujer llamada Julia, de la cual salió unas llamaradas a las que denominó “Ignis Lambens” (el fuego que lame, aproximadamente).

En la Edad Media , se pensaba que todo lo creado en la Tierra estaba formado por cuatro elementos principales; tierra, agua, aire y fuego. Se creía que si un cuerpo contenía fuego, podía estallar en cualquier momento y de forma inesperada. Cuenta La Sagrada Biblia , en el capítulo del Levítico, lo ocurrido a los hijos de Aarón, que fueron consumidos por unas llamas místicas.

En los siglos XVIII y XIX las combustiones humanas espontáneas (CHE) gozaban de una popularidad inusual, entre los novelistas británicos de la época. Uno de ellos en particular Charles Dickens , se sintió atraído por dicho fenómeno, estudiándolos e indagando en los primeros casos de CHE. Incluso llegó a escribir algunos de ellos en su obra “ La Muerte de Krook en La Casa Desierta “ (1852-53). Podríamos marcar un perfil que abarcara la gran mayoría de los casos contrastados hasta la fecha. En primer lugar, podría ser una mujer de avanzada edad (en la gran mayoría de los casos), con problemas de sobrepeso, discapacitada, con adicción al tabaco y alcohol y que, generalmente, se encuentra sola, en el momento del óbito. Pero veremos que este perfil no se ajusta en algunos de los múltiples casos de CHE.

Pero adentrémonos en las sendas del misterio, con algunos casos documentados ocurridos no hace tanto tiempo….

Quizás uno de los primeros documentos con cierta fiabilidad de CHE, debamos aplicárselo a la Condesa Cornelia di Bandi de Cesena , de 62 años de edad, ocurrida en abril de 1731, cerca de la bella ciudad de Verona, al norte de Italia. Los restos de esta noble dama fueron encontrados por su doncella, en el piso de su dormitorio, a la mañana siguiente de haber tenido, con la víctima, una larga conversación. El cuerpo de la víctima había quedado reducido a una pila de cenizas, “que dejaban en la mano una humedad grasienta y maloliente” , pero las piernas y los brazos se encontraban relativamente intactos; parte del cráneo, así como la quijada se encontraban entre las piernas de la dama. Las paredes de la habitación se cubrían de un hollín y el suelo de un líquido pegajoso; en la parte inferior de la ventana goteaba un extraño líquido amarillo y grasiento; la cama no había sufrido prácticamente daños aparentes. Las sábanas de la cama se encontraban revueltas, lo que indicaba que la condesa se había levantado. A un metro escaso de la cama se hallaban un montón de cenizas, dos piernas intactas con medias…

       

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Otro de los clásicos de CHE se le podría aplicar al Doctor John Irving Bentley , que falleció en extrañas circunstancias allá por el 5 de diciembre de 1966. En aquella mañana, Don Gosnell entró en el sótano del edificio para leer el contador del gas. En el sótano flotaba un humo azul claro, de olor extraño. Gosnell descubrió por casualidad, en un rincón, un montón de cenizas. Nadie había respondido a su saludo al entrar en la estancia, de modo que decidió echar un vistazo al anciano. En el dormitorio había el mismo humo extraño, pero ni rastro del Dr. Bentley. Entonces se dirigió al cuarto de baño y se enfrentó a una visión que no olvidaría en su vida. El suelo estaba quemado y en él se abría un enorme hoyo, por donde se veían las tuberías y vigas que habían quedado al descubierto. Al borde el hoyo vio una pierna marrón, desde la rodilla hacia abajo, como si de un maniquí se tratase. Aquella extremidad, era aparentemente todo lo que quedaba del doctor. En la instantánea que acompaña este artículo, podemos observar también el andador metálico, que reposa junto a su extremidad mal trecha.
   
Es como si algo lo hubiera sorprendido de improvisto. Los alrededores de la estancia no están afectados gravemente por el incendio provocado, no así el suelo de la estancia, que se “derritió” por las tremendas temperaturas alcanzadas. El doctor Irving Bentley, era un fumador empedernido, pero no me resulta concluyente que su vicio provocara su óbito.
La CHE , se caracteriza por el extremo calor que genera, de este modo, lo podemos diferenciar de un incendio común. Generalmente es muy difícil reducir un cuerpo humano a cenizas, aunque nos lo propongamos; para ello hay que mantener la llama durante horas, añadiendo combustible sin parar. En los hornos crematorios se ha comprobado que durante al menos ocho horas y a una temperatura que ronda los mil grados centígrados, al paso de este tiempo, aún quedan restos óseos intactos, con lo cual, hay que seguir con el proceso de pasar estos restos por un cremador, que reduce lo que queda del cuerpo a polvo. Lo curioso también, es que las cenizas que se obtienen en este proceso manual, son de color gris. Mientras que las obtenidas en una CHE son en su mayoría blancas. Lo cual nos hace pensar en las altísimas temperaturas que se alcanzan con dicha misteriosa combustión humana. ¿De qué temperatura estamos hablando?, de miles de grados, ¿cómo es posible que un cuerpo humano, que en su mayoría está formado por un gran porcentaje de agua, arda de esta forma?..

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En el caso del Sr. León Eveille , de cuarenta años de edad, fue encontrado completamente quemado en el interior de su coche cerrado en Arcis-sur-Aube (Francia), el 17 de junio de 1971. El calor generado en el interior del vehículo había derretido y fundido los cristales del coche. Se estima que un coche, al quemarse, alcanza una temperatura de 700 º C, pero para que se funda el cristal, la temperatura tiene que superar los 1000 º C. Otro caso digno de mencionar, fue el que sufrió Jack Angel allá por 1974, en Georgia (Estados Unidos). Ángel se fue a dormir y despertó con unas heridas horribles, por quemaduras, en su brazo derecho, tuvieron que amputarle el mismo. Por otra parte, el pijama y la cama estaban intactos y no sintió dolor alguno, tras unas horas de haber despertado. llegados a este punto, analicemos las características más habituales en una CHE.

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  1. El fenómeno se produce siempre en lugares cerrados, generalmente, en el dormitorio de la víctima.
  2. La víctima suele encontrarse sola, no disponiendo de testigos presenciales.
  3. Las quemaduras afectan principalmente al tronco, extremidades superiores y muslos. Suelen quedar intactos los extremos más distantes del tronco, como las piernas, así como, en ocasiones, el cráneo que ha quedado reducido tremendamente.
  4. El fenómeno se produce más habitualmente en mujeres, generalmente obesas, de edad avanzada y con enfermedades crónicas o incapacidades. Algunas de las víctimas padecían de alcoholismo.
  5. Clásicamente se dice que existe una fuente externa de ignición, muy cercana a la víctima, bien sean velas, braseros, chimeneas, o se trata de individuos fumadores.
  6. El proceso de combustión es muy localizado, de forma que afecta a la víctima, en el lugar en que se hallaba aposentada y los objetos que se encuentran en un radio inferior a un metro, incluso la ropa que llevan puesta, suelen presentar escasos signos del fuego.
  7. El suelo alrededor de la víctima está recubierto por una sustancia viscosa, amarillenta y maloliente. Hay restos de hollín grasiento en las paredes y techos.
  8. Los objetos que se encuentran, por encima de un metro del suelo, resultan dañados por el calor y no curiosamente por el fuego.
  9. Un dato curioso es que la víctima no presenta signos lucha, ni gritan cuando se está produciendo el fuego. Esto se podría explicar por el hecho de que la gran mayoría de ellas son personas sedentarias, que arrastran enfermedades crónicas o incapacidades como hemos mencionado a lo largo del artículo. Es posible que también hubiesen tomado algún tipo de medicación que “anulara” su respuesta de protección ante el fuego.

Otro caso espectacular de CHE fue el que se produjo en el sur de Londres, el 13 de septiembre de 1967 por el bombero Jack Stacey , avisado para sofocar un simple fuego en el interior de un viejo edificio abandonado. Aparentemente no había signos externos de fuego, pero al entrar al mismo, se encontró con el cuerpo de un mendigo, conocido de la zona como Robert Francis Bailey , tumbado de costado izquierdo y en posición fetal, como si intentara mitigar o paliar un dolor de estómago. Al acercarse el bombero en su auxilio, apreció en el cuerpo del indigente una hendidura de unos doce centímetros en el abdomen, de la cual salían, según su testimonio, unas llamas azuladas con tremenda fuerza, a modo de soplete. Consiguió erradicar el fuego restante sobre Robert, pero no logró salvarle la vida. El mendigo quedó inclinado en la escalera, con sus dientes clavados y hundidos en la madera de uno de los peldaños, hasta tal punto que tuvieron que utilizar una palanca para abrir la mandíbula. La ropa del indigente estaba intacta, salvo la parte que cubría su abdomen. Jack Stacey no tiene duda alguna de que aquel misterioso fuego se abrió camino desde el interior del cuerpo de Robert Francis. Nunca se supo la causa que originó el fuego, a pesar de las investigaciones llevadas a cabo por la policía.

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En el edificio abandonado, no había ni gas, ni electricidad y tampoco se encontraron cerillas cerca. Veamos alguna experiencia más de este tipo. Un caso relativamente reciente, considerado como un suceso presenciado por testigos, es el producido el 24 de agosto de 1998 en Sydney (Australia). Jackie Parker recogió a su madre, Agnes Phillips, enferma de Alzheimer, de la residencia donde vivía. Mientras su madre descansaba y dormitaba en el coche, aparcó para hacer unas compras. De repente, vio salir humo del coche y, poco después, una llamarada importante. Un peatón ayudó a sacar a Agnes del vehículo y apreciaron graves quemaduras en el pecho, abdomen, brazos, piernas y cuello. Fue trasladada al hospital, donde falleció una semana después. La policía no logró determinar la causa del fuego ya que el motor del coche no estaba en marcha y no había rastro de acelerantes o ignición del fuego. Ninguno de los personajes de este dramático suceso eran fumadores y la temperatura máxima de aquel día rondaba los 16 º C.

     

La lista de víctimas serían interminables y no, misión de este artículo, hacer una recopilación de las mismas. Por todo ello, indicaremos algunas de las hipótesis que se barajan dentro de este fenómeno, en particular. Mucho se ha escrito sobre el tema, ríos de tinta diría yo, pero en ningún caso se ha quedado completamente definido el fenómeno de la CHE. Las teorías que se arrojan van: desde que arden por ingestión descontrolada de alcohol, energía en forma de rayos bola, depósitos de sustancias inflamables en los tejidos musculares del cuerpo humano, el efecto mecha que se produce por un agente externo de ignición y la grasa corporal se encarga de mantener viva la llama, un nuevo concepto de la física el Pirotrón, una supuesta nueva partícula subatómica capaz de realizar una reacción, en cadena, que vaporiza completamente el cuerpo humano o personas con la propiedad de almacenar energía estática, que en un momento determinado, podrían originar un chispazo, radiaciones de microondas, incluso la investigadora Jenny Randles afirma que ciertos tipos de dieta, podrían producir una combinación explosiva de compuestos químicos, en el tubo digestivo que desembocaran en la combustión. Sería interminable la lista de posibles hipótesis que nos dieran, una idea clara de lo que ocurre en aquellas personas que son protagonistas de una cremación espontánea, en primera persona. Hemos expuesto algunas teorías y casos, ahora le toca a usted llegar hasta las conclusiones que le parezcan más oportunas …¡Pero que no le quepa la menor de las dudas: en cualquier momento, podría ser usted la víctima y comenzar a arder en forma de antorcha humana…!


 

Para saber más:

Bibliografía:

•  Crónicas del Misterio, editorial Edaf (2001), autor Lorenzo Fdez. Bueno.

•  Más Allá de lo Inexplicable, Robin Book (2005) Pedro Palao Pons.

•  El Libro de lo Inexplicable, Plaza & Janes (1974) Jacques Bergier.

•  Publicación Mundo Desconocido (1 junio 1976) Andreas Faber Kaiser.

•  El libro de Los Condenados, Charles Fort.

•  Guia del Investigador de lo Paranormal, Editorial Oceano-Ambar (2004).

•  Sucesos Enigmáticos, edicomucicacion, S.A. (1993) Martin Walker.

 

Videografía:

•  DvD, colección Año Cero (Poderes Ocultos) Combustión Humana, el misterio de los cuerpos que arden.

•  Ciencias Sobrenaturales, BBC, dvd nº 3 (2005).

 

 

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