BAJO EL PRISMA SALMANTINO

ENTREVISTA CON EL ESCRITOR, TOMÁS HIJO

BAJO EL PRISMA SALMANTINO

© Juanca Romero Hasmen

Página dominical ANGULO 13 en DIARIO DE AVISOS (27-diciembre-2015)

Página dominical ANGULO 13 en DIARIO DE AVISOS (27-diciembre-2015)

Nos vamos hasta Castilla para introducirnos en esas calles llenas de sombrías piedras, de Historia, de cánticos que se pierden a través de las paredes, y de esos monjes errantes que pasean por las calles de la “gran Salamanca”. Cuna de las letras, de la cultura, y además un lugar altamente recomendable por sus leyendas, por su gastronomía, por su gente, por su sentir. Esta semana rescatamos de nuestra añeja fonoteca, una interesante entrevista con el escritor Tomás Hijo, excelente conocedor de la idiosincrasia de su tierra, Salamanca.

¿Hablan las piedras en Salamanca? – Ese tipo de máximas se dan en todos los lugares, pero sí que es verdad que algunos de ellos mantienen esas atmósferas, y yo creo que Salamanca es uno de ellos. Es cierto. Yo creo que seguramente no hay lugares con más historias que otros, pero sí que es cierto, que en algunos sitios esas historias, cuando se cuentan, se viven de una manera más especial, por lo que se conserva del pasado. Y sí que es verdad que Salamanca ha tenido cierto cuidado, y hay muchos vestigios interesantes que recorrer.

El pueblo salmantino, ¿vive a espaldas de estas historias? – Sí que es verdad que en la mayoría de los sitios las personas viven inmersas en su día a día, y de alguna forma, ajenas a todo este tipo de cuestiones 5mg cialis for sale. Pero sí que es verdad también que en todas partes, entre la gente que vive en esos lugares, hay grandes narradores, grandes recopiladores, grandes cronistas, que también dentro de esa rutina y dentro de esa dinámica, atesoran y cuentan esas historias. Tuve la suerte de conocer a uno de ellos, que era mi propio abuelo, y fue el que me empezó a contar todas esas cosas […] Entre los comentarios de las noticias del día a día, aparecían este tipo de relatos que a mí me fascinaban y que guardé durante mucho tiempo, hasta que decidí ponerlos por escrito en forma de libro.

“Leyendas de Salamanca, milagros y rumores extraordinarios de la ciudad”, ¿arduo trabajo de campo? – Es cierto que yo tenía mucha información. No es uno de esos trabajos que empiezan de la nada porque como te digo, estaban todas las historias de mi abuelo, y todas esas otras cosas que había oído siempre de forma incompleta, fragmentada, casi en forma de rumor, cosa que las hace más interesantes. Se empieza a investigar, empiezas a documentarte, y tropiezas con auténticos filones de historias y de leyendas.

La Biblioteca de la Universidad, ¿un lugar “mágico”? – Sí, es un lugar alucinante, que yo he tenido la suerte de visitar más allá de ese cristal donde habitualmente nos quedamos, y he tenido la fortuna de visitar por ejemplo la Sala Secreta, donde se guardaban los manuscritos prohibidos.

Salamanca, más allá de la rana y el astronauta, tiene un montón de leyendas e historias… – Salamanca ha sido una encrucijada durante casi todas las épocas en las que la historia tiene recuerdos, y casi de cada una de esas épocas atesora algunas historias.  Hay recuerdos de la época de los romanos, del paso de los cartagineses por la ciudad. Muchas leyendas del siglo XIX y otras relacionadas con el mundo estudiantil. Brillando tal vez por encima de todas ellas, el legendario universo de la Cueva de Salamanca, donde todo de algún modo se mezcla.

San Juan de Sahagún, ¿es pieza fundamental para alguna de las principales historias y leyendas que se cuentan de la ciudad? – San Juan de Sahagún es el “Santo Superhéroe”. Yo a parte de escribir me dedico a la ilustración, y a veces he diseñado los carteles de las Fiestas de Salamanca. Y he utilizado muchas veces la figura del santo como motivo principal. Es un santo que de alguna forma está patrullando las calles, y atendiendo ya no a asuntos espirituales o teológicos de mucha alcurnia, que también, sino que está atendiendo las necesidades más inmediatas de la historia de la ciudad. Hay tres episodios principales que a mí me encantan. Uno es el episodio del Pozo Amarillo, en el que un niño cae a un pozo, todo el mundo se preocupa mucho, pero nadie hace nada, hasta que llega San Juan de Sahagún, se quita el cíngulo de su hábito, esa cuerda que rodea la cintura, lo pone en el pozo, y las aguas suben hasta que el niño puede asirse al cíngulo y salvarse. Hay otra buenísima, que da nombre a una de las calles de la ciudad, que es la Calle Tentenecio, por la que un día pasa Fray Juan de Sahagún caminando, y de repente escucha un galope, los bramidos de un toro escapado que está  corneando por ahí a todos los salmantinos. Fray Juan de Sahagún se para en medio de la calle, y le dice al toro, “detente necio”, y el toro de repente se para, se amansa, y es llevado a los corrales. Y por ello la calle tiene ese nombre. Y luego hay una tercera leyenda de San Juan de Sahagún, que cuenta como un albañil se cae del andamio, y en el momento que está cayendo, pues dice “Sálvame Fray Juan”, momento en el que Fray Juan de Sahagún le escucha. Pero hay un problema, el abad le ha prohibido que haga más milagros. La gente está muy revuelta, hay mucha polémica con estos fenómenos, y Fray Juan de Sahagún no sabe qué hacer. Entonces se va al abad, le pide permiso y el abad le dice, “Bueno, hombre, sí. Tendrás que salvar al albañil”. Entonces vuelve al lugar del andamio y consigue salvar al albañil. La gracia de la historia está en que durante todo ese tiempo, en la que Fray Juan ha ido a pedir permiso al abad, el albañil ha estado suspendido en el aire, esperando a que el santo se decida a si decide salvarlo o no.

¿Y la Cueva de Salamanca? – Es una de esas leyendas que tiene una base real, y es en realidad, la sacristía subterránea de una iglesia que ya no existe, que era la iglesia de San Cebrián. En la época en que se construyó la Catedral Nueva de la ciudad, ya estaba en desuso, se desmanteló y se utilizaron sus piedras para construir la Catedral. Pero quedó enterrada en el suelo, aquella sacristía, que era su sótano. Actualmente es visitable, y sé que tú la has conocido de primera mano. Al parecer, en la época gloriosa de la Universidad, se creó una especie de academia subterránea, un gimnasio nefando, que era como lo llamaban los cronistas de la época, donde se hacía una especie de caricatura inversa, de lado oscuro, de reverso tenebroso, de las clases que se daban en la universidad de arriba; si arriba se enseñaba Astrología, pues debajo se enseñaba la adivinación por la Astronomía, si en la parte de arriba se enseñaba Teología, abajo se enseñaba la Demonología. Se enseñaba Nigromancia, se enseñaban todos los métodos de adivinación, y la matrícula estaba limitada a siete alumnos, que estudiaban esas materias durante siete años. La matrícula era gratuita, pero uno de los alumnos, una vez terminados los siete años, debía pagar por todos con su libertad, y quedarse en la cueva. ¿Y quién era el profesor de esas clases? Pues para algunos era el mismo Diablo. En algunos casos se dice que Asmodeo, que aparecía como la figura que tenemos todos en mente como un diablo, y a veces aparecía como una cabeza de alambre, o de bronce, referida al Baphomet […] Y la leyenda se concreta diciendo que el estudiante al que le tocó pagar una de aquellas veces, fue el Marqués de Villena, ese personaje medieval que parece que concentra en sí, todas las leyendas de brujería y de nigromancia que se dan en la época. Al final el Marqués de Villena que ha aprendido ya más que el propio Diablo, y que es un mago consumado, consigue escapar de la cueva, pero el Diablo en el momento de la huída, agarra su sombra y se la quita. Tal vez simbolizando su alma o su salvación, y el Marqués de Villena, queda sin sombra, inmortal gracias a sus poderes, y aún en nuestros días se supone que sigue vagando por la ciudad.

¿Qué significado le atribuyes a la conocida “Rana y la calavera”?
– Creo que no hay nada accidental en esa fachada. Aunque hay muchas hipótesis sobre el significado que pueden tener todos los elementos, no hay nada claro, la rana no deja de ser un pequeño detalle dentro de una especie de inmenso laberinto de símbolos, que es ese tapiz de la fachada de la Universidad. La versión más extendida sobre la rana y la calavera, es la que dice que trata de ser un aviso contra la lujuria. Parece que la rana, o más concretamente el sapo, en aquella época, era un símil o metáfora, que se solía dar a los genitales femeninos, y entonces desde ese punto de vista misógino del momento, y el hecho de asociarla a una calavera, parece que pudiera constituir en primer lugar un aviso sobre el peligro espiritual que pueden tener esas relaciones carnales, y en segundo lugar el propio peligro físico que encarnaban las enfermedades venéreas de la época. Se dice que Salamanca en la época dorada de la Universidad, contaba con uno de los grandes prostíbulos de Europa, y además con unas cortesanas excelentes, que daban servicio a una comunidad de estudiantes, todos hombres, todos armados, todos en pleno uso de sus facultades físicas… La Universidad de alguna forma, trataba de advertir sobre eso. Hay otros que dicen que simplemente es una especie de marca o de firma del autor, y es verdad que hay otros lugares donde los canteros o los escultores marcaban con animalitos su autoría.

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