BOCACHANCLA, EL FALSO GUANCHETE

BOCACHANCLA, EL FALSO GUANCHETE
© Juanca Romero Hasmen
Cuando un pueblo adolece de somnolencia incontenible, los problemas suelen concentrarse en dos grandes grupos: Los sabiondos que presumen de sapiencia casi divina, y los ignorantes que “entullan” con palabrejas e historietas de valientes guerreros y tiranos bien armados. Hemos pasado de los años en los que las cosas de los guanches eran patrimonio de cuatro peludos gritones, tiradores de piedras y grafiteros de “Godos fuera”, a los días en los que la información fluye a velocidades de vértigo entre grandes y solventes expertos sobre las temáticas aborígenes, y algún puñado de “guanchólogos” o “guanchetes” expertos en la apología de lo absurdo.
La figura del sabiondo cultureta no es nueva, y en las especificidades de nuestros aborígenes, tenemos localizados a esos que presumen de sangre pura, y de preservar las tradiciones de los ancestros. Lo último que necesita nuestra tierra es a un puñado de memos cuyo único dogma de Fe es criticar insistentemente a los que desde ámbitos académicos están haciendo una labor encomiable a favor de la recuperación de nuestra verdadera identidad. Incluso, algunos de estos se afanan por mostrar en panfletos disfrazados de libros, las patrañas que han ido interiorizando y llegando a creerse a pesar de haberlas gestado durante procesos intestinales de poca consistencia. Los canarios no necesitamos de la falsa sabiduría que estos profanadores de la verdad andan extendiendo en sus charlas y reuniones narcisistas.
Hoy en día podemos presumir de tener acceso a la buena información y a los auténticos expertos en la materia. Para saber de guanches no es obligado rebautizarse o andar gritando “Ahul” o “Sajaña”, porque hay palabras que soltadas desde bocas palurdas, lo único que consiguen es favorecer la desconexión entre el sentido común y la veracidad. Bocachancla, el falso guanchete, tiene características endémicas que le hacen fácilmente reconocible. Al igual que ocurre con el cochino cereta o el afamado tarugo alcahuete, el predicador de las cosas guanches se identifica por los berridos que mete cuando hace apología de la sangre que no lleva, el apellido que no tiene y la nobleza que nuestros ancestros tenían y él desconoce.
Ataviado con correajes de curtido cuero chino y colgantes “taiwaneros”, el falso guanchete recolecta heroicas historietas que con un poco de fortuna logrará colocar en algún periódico, programa de radio o libreto murguero. Suele ser un personaje siniestro, cargado de cápsulas xenófobas que va abriendo entre babeantes gritos sin fundamento. Una verdadera lástima que el panorama esté teñido con tanta pestilencia pseudo-divulgativa y pregonera, máxime cuando es notorio el interés que la cultura de nuestros aborígenes despierta dentro y fuera de las fronteras. Es nuestra responsabilidad como canarios, abrir las ventanas y ventilar la casa.

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