COSAS DEL DNI DE LA MUERTE

COSAS DEL DNI DE LA MUERTE
© Juanca Romero Hasmen
Si la pasada semana hablábamos en este mismo espacio dominical, del empeño de muchos por perpetuar su vida y convertirse en inmortales, lo que vengo a exponer hoy, resulta más llamativo aún. ¿Ha sentido alguna vez curiosidad por conocer el día de su muerte, si ello fuese posible? Pues por extraño que parezca, existen muchas personas que pierden el sueño por conocer el día exacto en el que pasarán al otro barrio, allí donde los gusanos se ponen las botas, o con suerte, donde caeremos entre nubes de blanco algodón. En tiempos pretéritos, algunos grandes reyes consultaban a sus consejeros espirituales o brujos sobre cómo y cuándo les llegaría el óbito y si éste vendría de forma violenta o lleno de alardes de grandeza. Con esto de la llegada de Internet, aparecieron las páginas webs en las que un agorero espectro, esqueleto o doña vestida de muerte con guadaña y todo, te “adivina” el día y hora exacta de tu muerte con tan solo proporcionarle unos sencillos datos referidos a tus hábitos de vida, posibles vicios y enfermedades crónicas. Es decir, que el ordenador como ocurre en los horóscopos revisteros, baraja esos parámetros y te mete entre pecho y espalda, la fecha de tu muerte… ¡para que te vayas preparando y dejes las facturas pagadas!
Otro sistema menos tecnológico aunque igual de bizarro, es el que se ha puesto en práctica a través de unos estudios realizados en la Universidad de California y el Instituto de Ciencias Noetic de EE.UU., donde se ha demostrado que la cara de las personas posee una importante cantidad de información referida a la salud, vivencias y edad. En base a esto, se ha experimentado con diferentes personas para medir su capacidad de adivinar la salud de las personas basándose exclusivamente en la imagen. Se seleccionó una serie de fotografías en escala de grises y ordenadas en función de edad, sonrisa, color del pelo, posición de la cabeza, dirección de la mirada, resolución de la propia imagen, etc. Cada 8 segundos, los participantes pudieron examinar un total de 400 fotografías, sin comunicarles previamente que la mitad de las personas de las fotografías estaban ya fallecidas y la otra mitad no lo estaban. Se les pidió que pulsaran un botón si creían que la persona de la imagen estaba viva o muerta, y hay que dejar claro que los resultados no fueron nada concluyentes, ya que el número de aciertos giró en torno al 50%, algo nada sorprendente si valoramos que las opciones de respuesta era un sí o un no. ¿De verdad la ciencia llamada ortodoxa emplea tiempo y dinero en algo así? ¿Hablamos de la misma ciencia ortodoxa que se burla repetidamente de aquellos que realizan investigaciones parapsicológicas? Honestamente, en este caso no veo la diferencia entre científico, mago y magufo, y vuelve a demostrarse que casi todo en la vida, está unido por un fino hilo.

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