DIOSES GUANCHES

ENTREVISTA CON EL INVESTIGADOR Y FOLCLORISTA, JOSÉ DAMIÁN FERNÁNDEZ

DIOSES GUANCHES

Angulo 13 © Juanca Romero H.

Esta semana hacemos un vertiginoso viaje hacia el pasado. Subimos a nuestra particular máquina del tiempo para desplazarnos hasta la época de los antiguos pobladores de Canarias, esos que vivían plácidamente antes de la llegada de los asesinos con armadura llegados de tierras castellanas. Buscamos algunas respuestas referidas al concepto de deidades que tenían los guanches, nombre genérico con el que se conocen a los aborígenes de las islas. Con el buen amigo y excelente rastreador de tradiciones, José Damián Fernández, nos adentramos aunque sea levemente, en conceptos mágico-religiosos de esta sociedad establecida en tierras isleñas.
¿Tenían un único Dios en quién creer?
– Como los cronistas, hay cosas que han conservado y que la metodología moderna ha unido con lo antiguo… pongo un ejemplo:
El ritmo de Tajaraste, que se ha bailado toda la vida y que los viejillos han mantenido hasta nuestros días. Ellos ignoran cuál es su procedencia, y hoy se sabe que la palabra Tajaraste es guanche, que el ritmo también es ancestral, y que se conserva en más lugares como conexión directa con los ancestros. Pero en cuestiones de religión, la mayoría de las crónicas eran hechas por los europeos que llegaron, y las asimilaban a su cosmogonía propia, a su religiosidad. Tenían afán por vincular el bien con el mal, cielo e infierno, y decían que había un ser supremo, que según las islas se llamaba Alcorac o Achamán (Ach-amán; amán es el cielo, lo que está arriba). Este último no era el nombre de una divinidad concreta, sino lo que está ahí, lo que nos envuelve, lo más alto. Alcorac en Gran Canaria, Abora en La Palma…, en realidad tenía diferentes denominaciones. Había otra serie de seres supremos, como era La Luna, que tanto influye en las cosechas, y más en sociedades ganaderas. También había duendes y seres que habitaban en las fuentes, en los hogares, bajo la tierra…
¿Qué visión tenían los guanches sobre los duendes?
– Había determinados duendes protectores – por ejemplo del hogar – , que habitaban en el fuego del hogar, entre los tres teniques o chiniques (piedras). […] En ese fuego radicaba lo que es el espíritu de la casa, era lo que daba calor, donde se cocinaba… y ahí habitaban duendes. Cuando había una mudanza – a veces eran nómadas – , e iban desde la costa hacia la cumbre, la mujer enterraba afuera de la cabaña, cueva o casa, las tres piedras, para que los espíritus protectores no abandonasen el lugar, por si había que volver. Era como una especie de ofrenda para mantener allí el aspecto beneficioso del hogar.
¿Había ídolos buenos y malos?
– Los europeos que llegaron a Canarias, relacionaban al Teide con el infernal, el Echeyde, el Guayota, el demonio del mal que vivía dentro. Guayota comparando con bereberes continentales de tiempos antiguos, no era realmente el mal en sí, sino un genio caprichoso con el que había que portarse bien. Bajo la montaña, en cuevas, se han encontrado muchos escondrijos, algunos para guardar el ajuar hasta que se volviese por allí, y otros simplemente ofrendas al mundo interno, el que está bajo la tierra.
He escuchado que Guayota tenía que ver con las erupciones volcánicas…
– Sí, cuando se enfadaba porque los humanos no se portaban como quería. Sería una especie de enseñanza, de explicación del por qué de las erupciones. Y Achamán era lo más alto, el cielo, que fue el que encerró al Guayota allí para tenerlo de buenas y que no se escapase.
Al fallecer, igual que ocurre ahora, siempre está Dios presente en el ritual y el destino del difunto. ¿Con los guanches, ocurría igual, siempre había un Dios que los recogía?
– Ellos consideraban al Sol también como una deidad. Pensaban que los espíritus de los antepasados que no habían sido buenos, y que tenían que vagar purgándose, al igual que ocurre en la religión católica. Los espíritus que habían sido buenos, iban a la Vega de Aguere, lugar en el que los espíritus de los antepasados vagaban. Los espíritus de los malos, iban al Guayote, la nube de humo que salía del volcán, eran los espíritus de los antepasados que iban a parar al cielo, ellos pensaban que no había un infierno para siempre, al final todo el mundo iba a parar al Sol […]
Hablábamos de deidades en diferentes islas… ¿Había alguna común para todos? – Abora, Achamán o Alcorac, venía a significar más o menos lo mismo, lo que está arriba. Había lugares rituales, que eran las uniones entre cielo y tierra. El Teide era el axis mundi de los guanches, el Roque de Idafe en La Palma era el de los benahoaritas. Esa era la unión entre cielo y tierra, y los castellanos se preguntaban por qué temería esa gente que se cayera el roque y le realizaban ofrendas…Para ellos era el pilar que sostenía el cielo, el pilar sagrado, un punto energético, no necesariamente físico.

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