DOGMAS DE FE

DOGMAS DE FE
© Juanca Romero Hasmen / Diario de Avisos
Estamos acostumbrados a toparnos de frente con algunos que pasean postulados con cierta ligereza, amparados en la benevolencia y ciertas dosis de ignorancia de aquellos a los que llega su mensaje. Como en todos los gremios y sectores, también en el volátil mundillo de los misterios podemos dar con personas tóxicas, que vestidas de indolente prepotencia, se hacen abanderados de las mentiras que ellos mismos fabrican. Y así, en  medio de este circo de los horrores, podemos toparnos con un puñado de mediocres sabedores de bichos, espectros, lucecitas y milenarias culturas de inteligencia supina. Me viene a la cabeza la inestable “Dora la exploradora” de Tenerife, que un día, mientras paseaba el intelecto por las veredas de esos sures, se topó de frente con el mayor descubrimiento relacionado con los guanches, antiguos pobladores de las ínsulas canarias. Y avalada por rancios postulados de clínico interés, poco a poco fue dejando a su paso un reguero de lamedores de trasero que rivalizan con los que por llevarle la contraria, también dogmatizan cada frase que pronuncian. Tan lerdo es quién inventa, como el que busca protagonismo rebatiendo al mentiroso.
En este universo en el que nos cruzamos divulgadores, investigadores, escritores y otras faunas más o menos identificadas, también pululan los que se dan baños en reverdecida bilis, presumiendo de homínida sapiencia tan solo justificada en clubs te alternancia discutida. No todo el que se sienta frente a un micrófono es periodista, del mismo modo que escribir un solo libro no te convierte en escritor. Son los años de experiencia, la capacidad de conectar con tus oyentes y la solidez en los argumentos, los que hacen del divulgador un referente, y lo mismo ocurre con el escritor, que plasma en sus libros o en los artículos periodísticos, su línea de trabajo o incluso de pensamiento. El comunicador nunca debe hacer dogma de fe de aquello que escribe o pronuncia. Su misión simplemente es la de comunicar, y debe hacerlo con todo lo que ello implica, incluidas las pupas que a muchos pueda producir en su inestable ego.
Amigo lector, debo confesarle que conozco a un puñado de periodistas mentirosos que ocupan espacios en la prensa escrita, radio y hasta en televisión, alzándose como emperadores de la verdad. El periodismo de lo insólito está lleno de chusma indolente capada de inocencia, y desde dentro tenemos la responsabilidad de sanear el cuarto oscuro. También sería bueno que se pasara la fregona en otras vertientes de la comunicación, y de paso, un balde de agua limpia en las meadas orillas del ámbito científico más escorado hacia la naftalina.
Puede parecer que esta semana las palabras escritas son poco cercanas al misterio, pero haciendo un ejercicio de relectura, podrá descubrir que entre líneas hay mucho de fantasmas y espectros.

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