DRÁCULA, retrato de un vampiro de leyenda

Entrevista con el investigador y escritor, Gonzalo Pérez Sarró

DRÁCULA, retrato de un vampiro de leyenda

© Juanca Romero Hasmen

Página dominical ANGULO 13 en DIARIO DE AVISOS (21-junio-2015)

Página dominical ANGULO 13 en DIARIO DE AVISOS (21-junio-2015)

Hace escasos días fallecía el actor Christopher Lee, el gran Conde Drácula por antonomasia, y cuya imagen de controvertido chupador de sangre ha quedado para siempre en nuestras retinas. Es por ello que esta semana queremos dedicar esta entrevista, con el beneplácito de nuestro invitado, a la figura del gran actor que ahora nos ha dejado. Y para hablar de Drácula nadie mejor que el reputado investigador y escritor, Gonzalo Pérez Sarró, autor -entre otros libros- de “¡Drácula Vive!”, un interesante y exhaustivo trabajo en el que se radiografía la figura del más conocido chupador de sangre de todos los tiempos. ¿Cuánto de realidad y cuanto de mito?, lo descubrimos en las siguientes líneas.

Vlad Tepes (Vlad III), príncipe de Valaquia, ¿Qué tiene que ver con el Conde Drácula? – La relación entre ambas figuras la estableció Bram Stoker en su obra «Drácula». La novela nos cuenta la historia del pasado guerrero y de gloria de un personaje real, un príncipe transilvano llamado Vlad Drácula o Vlad Tepes, apodo este último  que se traduce como «Empalador». El autor dublinés, gran experto en el mundo de lo oculto, unió la gran tradición literaria del relato gótico sobre vampiros y aparecidos que existía en su tiempo, al nombre del estratega rumano. Y sin haber visitado nunca aquellas tierras dotó su novela de una profusión de datos extraordinaria.

He podido leer en alguna ocasión que a Vlad Tepes se le llama también “hijo del diablo”. ¿Tiene alguna base sólida? – Efectivamente, este sobrenombre le viene de su padre Vlad II o Vlad Dracul, gobernador del pequeño estado de Transilvania. Perteneció a la Orden del Dragón Derribado fundada por Segismundo, sacro emperador romano, en Núremberg. Dracul proviene de la voz latina «draco»  que significa «dragón» ligando este segundo nombre a la pertenencia de Vlad II a la Orden del Dragón. Pero también se ha admitido dragón como una derivación de diablo. De hecho en Rumanía son dos palabras sinónimas. Por tanto, Vlad Dracul sería Vlad El Diablo y Vlad III, añadiéndole el sufijo «-a», que en rumano significa «hijo de», sería «El Hijo del Diablo».

Gonzalo Pérez Sarró

Gonzalo Pérez Sarró

¿Pero de verdad era un chupador de sangre? – Hay un dato que recogen las crónicas y grabados de entonces que nos hablan, nos muestran, al príncipe valaco degustando exquisitos manjares ante los muertos y agonizantes cuerpos empalados de sus prisioneros. Al tiempo, en esos grabados, se pueden ver cómo algunos de sus lacayos se disponen a desmembrar los cuerpos mientras Vlad prosigue con su banquete. Esto podría constituir una analogía entre el Drácula vampiro y el histórico. Pero hay un dato por el que Raymond McNally nos revela una verdadera condición de vampiro en el guerrero Vlad. Según este investigador, Tepes acostumbraba a ingerir pan empapado en la sangre de sus víctimas que recogida en cuencos era dispuesta en la mesa por sus servidores.

El cine nos ha vendido la imagen de un Drácula noctámbulo, de hábitos sombríos, y sediento de sangre exclusivamente femenina. ¿Cuánto de verdad queda en este cinéfilo retrato? – Es cierto, aunque en ciertas cintas se han despegado de esta imagen o han variado algunos de estos matices, podemos afirmar que esta es la imagen universal que pervive aún hoy del mito de Drácula. Son rasgos adquiridos de la tradición y la historia de lo que podríamos denominar como auténticas epidemias vampíricas que se dieron en regiones de la Europa oriental del siglo XVIII. La figura del upyr, el varcolaci, el strigoi o el moroii se propagó por los pueblos de aquellas tierras. En muchos casos, fueron personas marginales que por alguna enfermedad o tras «volver» de una muerte erróneamente certificada tuvieron que esconderse en cementerios, en lugares abandonados, no frecuentados, a las afueras, ante el rechazo o el temor de sus convecinos. Esto les obligó a salir de noche, cuando no eran vistos. Aunque hay que decir también que de aquella época y latitud se conserva gran documentación con informes oficiales de lo que parecen auténticos casos de vampirismo.

Vlad Tepes, "Hijo del Diablo"

Vlad Tepes, «Hijo del Diablo»

¿Bram Stoker ha beneficiado o perjudicado la imagen de Vlad Tepes “Drácula”? – Creo que, en general, el beneficio que puede haber recibido la figura de Vlad Tepes, al haber sido universalizada y en cierto modo mitificada por Bram Stoker, ha sido claro. La novela no ha hecho sino atraer la atención sobre este personaje que de no haber existido la obra no sabemos si habría quedado para todos como un guerrero más, cruel como otros tantos, en épocas como la suya del siglo XV.

Sin embargo, y a pesar de los perfiles que se han hecho de este hombre, actualmente en Rumanía está considerado un héroe nacional. ¿A qué se debe esto? – Es verdad, para gran parte de la sociedad rumana, Vlad de Valaquia fue un mandatario que supo llevar bienestar y tranquilidad a su pueblo. Como dato te diré que cuando publiqué «¡Drácula Vive!», entre las opiniones que recibí de los lectores, me encontré con las indignadas palabras de una joven de Rumanía. Esta chica estaba realmente molesta con el hecho de que yo hubiese reflejado el gran número de de personas ejecutadas por este gobernante y los métodos que empleó para imponer el orden y ejemplarizar el destino de quienes no siguieran las buenas costumbres. Para esta persona, Tepes no hizo sino corregir el vandalismo, la delincuencia o la corrupción de aquella sociedad, aunque – y esto lo añado yo – para ello acabara cruelmente con las vidas de multitud de mujeres, hombres, niños y ancianos. Es difícil precisar pero la mayoría de los estudiosos afirman que la cifra de víctimas está entre 40.000 y 100.000 personas. Un número relevante si tenemos en cuenta que la población de Valaquia no superaba los 500.000 habitantes.

¡Drácula vive!, de Gonzalo Pérez Sarró

¡Drácula vive!, de Gonzalo Pérez Sarró

Uno de los sellos que retratan a Vlad Tepes,  es su ensañamiento en el arte del empalamiento. ¿Podría esbozar brevemente en qué consiste esta práctica y por qué se considera a Tepes un máximo exponente? – Sin duda, este era uno de los métodos más dolorosos y del que mayor «rendimiento» sacó Vlad Drácula. La exposición de centenares de personas ensartadas en largos mástiles, formando un macabro bosque de soldados enemigos empalados, sirvió como una estrategia de disuasión. La visión, los lamentos y el olor de aquellos cuerpos sometidos a los agentes meteorológicos, hacía retroceder a los ejércitos contrarios. El método era brutal. Aunque en los grabados los ejecutados aparecen ensartados por el vientre o el pecho, normalmente se hacía por el ano. Una lanza, cuya punta estaba redondeada con el objeto de producir más dolor y una mayor duración del suplicio, era introducida por el recto de la víctima y después era izada fijando su base en un hoyo. Aquel palo romo iba desplazando los órganos internos del sujeto produciendo, seguramente, un dolor extremo. A muchos, aquella estaca acababa saliéndoles grotescamente por el pecho o la nuca.   

Por lo tanto, ¿estamos hablando de un sádico? – Desde luego. Un hombre que disfrutaba de la comida mientras se sucedían ante él atroces escenas de sufrimiento humano, aclara mucho este punto. Pero es que no sólo fueron empalamientos. Vlad Tepes exploró todo un rosario de castigos en sus enemigos del ejército turco, entre su propio pueblo o, incluso, algunos componentes de su familia. Decapitaciones, las más crueles mutilaciones, enterramientos o cremaciones en vida, personas que fueron cocidas en ollas hirvientes o desgraciados que acabaron su vida tras ser desollados. Drácula desplegó su imaginación al servicio del sufrimiento en unos tiempos de barbarie.

¿Cómo, cuándo y dónde murió el “príncipe de los vampiros? – No está muy claro su final pero todo apunta a que ocurrió en plena batalla contra el enemigo otomano, al acabar el año 1476. Unos apuestan por la posibilidad de que sucumbiera en medio de la batalla; hay quienes creen a que fue víctima de la acción de un sicario; y otros, con muchas probabilidades de estar en lo cierto, apuntan a que el mismísimo Drácula se disfrazó para infiltrarse entre las tropas enemigas para espiarlas y montar su estrategia. Se dice que fueron las flechas de sus propios soldados las que le mataron al confundirle con el enemigo. La cabeza cortada del voivoda fue entregada, sumergida en miel, a su mayor enemigo, Mehmed II. La localización de su tumba, también, es un enigma pero es muy probable que sea la localizada en la entrada del monasterio de Snagov. Que fue trasladada allí desde el altar por los monjes ortodoxos con el objeto de que fuese pisada por todos los visitantes, en castigo al príncipe por convertirse al catolicismo. Sin embargo, la tradición rumana afirma que Vlad Drácula no murió y que regresará para guiar de nuevo a su pueblo.

Muchas gracias Gonzalo por haber dedicado parte de tu tiempo a los lectores del decano, DIARIO DE AVISOS. – Ha sido un placer charlar acerca de un nombre cuyas siete letras unidas han suscitado una creciente fascinación en sus distintas manifestaciones a lo largo de la historia. Ese es el verdadero misterio. ¿Por qué esta figura, al igual que el mundo del vampiro en general, posee un magnetismo tan especial? Alguien que contribuyó grandemente a acrecentar ese poder de atracción en el mito de Drácula fue el actor, recientemente fallecido, Christopher Lee, a quien podríamos dedicar esta entrevista.

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