EL GRAN TEMPLO DE LOS INEFICACES

EL GRAN TEMPLO DE LOS INEFICACES

© Juanca Romero Hasmen

Comienzo esta columna yendo directamente al grano: El Templo masónico de Santa Cruz de Tenerife está en manos de un puñado de presuntos ineficientes burócratas. Es uno de los edificios más representativos por su arquitectura en la masonería europea, y está situado en la calle San Lucas de la capital tinerfeña. Fue construido a principios del siglo XX, y utilizado en sus comienzos por la Logia Añaza para posteriormente ser ocupado por los militares del dictador y nefasto personaje llamado Francisco Franco. En la actualidad es propiedad del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, y se encuentra pendiente de restauración y rehabilitación, ya que el inmueble está en un estado penoso y verdaderamente ruinoso, especialmente en algunas estancias interiores.
Fue en 2001 cuando el Ayuntamiento adquirió el inmueble, para convertirlo en un burdo circo de declaraciones de intenciones, fotos de “queda bien”, y algún que otro evento de dudosa repercusión y calado social. Una cadena de despropósitos y mucha incapacidad gubernamental, tienen el Templo masónico de Santa Cruz relegado al ostracismo, rodeado de un agrio tufillo y una cortina de humo con tintes rocambolescos. Basta con entrar al Templo –actualmente imposible para la mayoría-, para darse cuenta que está hecho una escombrera, y que parte de las acciones de contención que se han realizado en el interior, consisten en hacer torpes catas, y colocar un puñado de andamios. Guste o  no guste leerlo y escucharlo, el Templo masónico de Santa Cruz se está cayendo a pedazos exclusivamente por la dejadez y mala gestión de la Sociedad de Desarrollo de Santa Cruz de Tenerife, en su momento por la ineficacia política del concejal socialista Florentino Guzmán Plasencia, y por correlación, la de toda la corporación municipal, los de antes y los de ahora, más pendiente de bufonadas, fiestorros y pancartas, que de conservar un edificio declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 2007.
El Templo masónico de Santa Cruz está secuestrado y encerrado en un saco de incapacidades. A la complejidad que evidentemente conlleva la rehabilitación de un edificio como este, debemos sumar unos cuantos egos personales, afanes de protagonismo y ganas de subir grados de algún que otro presunto cantamañanas que baila en la masonería, en la política o en ambas a la vez. Ciertamente tengo interés por conocer la cantidad de dinero recaudado para la rehabilitación del inmueble, y especialmente lo recaudado en el congreso que se realizó en Santa Cruz en el mes de noviembre de 2016, el llamado Convento de la Orden. ¿Cuántas perritas se recaudaron? ¿En qué se está empleando ese dinero y en qué piensan emplearlo? Resultaría interesante conocer al detalle cuánto cuesta cada proyecto de rehabilitación y actuación referida al Templo. Y dejo una última pregunta en el aire: ¿Existe algún interés particular por parte del ayuntamiento capitalino por dejar que el inmueble se venga abajo? Entiendo que no debe ser así si aplicamos la máxima que habla del interés social y comunitario de las acciones municipales.
A pesar de que la masonería es filantropía en mayúsculas y no necesita de grandes iconos, el Templo masónico debería volver a manos de la masonería y no de algunos masones. Debería convertirse en un lugar de referencia mundial en el que la sociedad profana pueda aprender que es la masonería y su recorrido por la Historia. Un lugar en el que hacer auténtica beneficencia como la que practica la masonería real, no la de “guapitos frente a una cámara de fotos”. El Templo debería servir también de museo, biblioteca y lugar de reuniones. Debería ser un espacio cultural abierto al aprendizaje y a la libertad.
Honestamente, dudo mucho que en manos del Ayuntamiento de Santa Cruz pueda convertirse en algo más que un circo rodeados por macacos gritones y un domador con el permanente látigo en la mano. De momento, y a día de hoy, es una fachada desapercibida tras un enrejado, y un puñado de promesas de electa opacidad… no mucho más.

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