EL LIBRO DE LOS SERES FELICES

ENTREVISTA CON LA DR. ALIA ESQUIVEL

EL LIBRO DE LOS SERES FELICES
© Juanca Romero Hasmen
¿Sientes que eres feliz? ¿Consideras que vives rodeado/a de personas felices o por el contrario, tu entorno es gris? Lo cierto es que el concepto de lo que es la felicidad es tan relativo, que me atrevo a decir que no hay felicidades iguales o que incluso es imposible medir el grado de ésta. Trabajar diariamente para ser felices es algo que olvidamos continuamente por culpa de la devoradora calculadora de horas, cuentas y trabajo. Estamos convencidos de que conceptos reales como el estrés, el paro, la hipoteca, las deudas, etc., no son precisamente motores propulsores de felicidad sino más bien todo lo contrario. La ciencia se preocupa también por investigar sobre este asunto vital para el ser humano, porque está contrastado que un hombre o mujer feliz, vive más tiempo, rinde más en el trabajo y se relaciona de forma más positiva con su entorno, creando así una sociedad mejor. Hace tan sólo unos días he podido entrevistarme con la mexicana Alia Esquivel, Doctora en Psicología con Especialidad en Salud Mental y Maestría en Terapia Familiar. Acaba de publicar “El Libro de los Seres Felices” con editorial Odeón, un exquisito trabajo que nos adentra en el aprendizaje de las técnicas que permiten fortalecer las emociones y dirigirlas para que nuestros niveles de felicidad aumenten notablemente.
El libro de los Seres Felices

El libro de los Seres Felices

¿Podemos decir que la sociedad occidental es profundamente infeliz? – Yo no diría eso; más bien diría que la gente de occidente se encuentra un poco distraída con tantos y tantos avances tecnológicos y digitales, pero no por eso es profundamente infeliz. De hecho, si observamos el ranking del World Happiness Report emitido por La Organización de las Naciones Unidas, tenemos que las personas más felices son aquellas que viven en Dinamarca, Suiza, Noruega, Canadá, Finlandia, Islandia, Países Bajos, Australia, Paraguay… En resumidas cuentas, este estudio nos revela que la gente más feliz vive en occidente. No obstante, la realidad es que existen seres felices e infelices en todos los países del mundo: he conocido neoyorkinos, parisinos y australianos que se describen infelices a pesar de gozar de una buena calidad de vida; como también he visto cubanos, en américa central, y marroquíes y egipcios en áfrica, que se consideran felices a pesar de sus carencias y de las condiciones precarias en que viven. El constante análisis psicológico y antropológico de estos datos me ha llevado a una conclusión fundamental: Sin importar su pasado ni su condición geográfica, política, socioeconómica o religiosa, el individuo se convierte en un ser feliz en el aquí y el ahora cuando decide:
 1) Aceptar tanto su pasado como aquello que no puede modificar en el presente
2) Asumir la vida tal y como es en ese preciso momento y bajo esas circunstancias
3) Construir con esperanza su presente y su futuro a partir de esas circunstancias
A decir verdad, la felicidad es una actitud mental que todo ser humano —sea occidental u oriental— puede asumir de manera consciente; precisamente por ello nos esforzamos en idear alternativas que nos ayuden a encontrar esa felicidad, el problema es que muchos se empeñan en buscarla en el lugar equivocado y, al no encontrarla, llega a parecerles esquiva o ilusoria.
¿Qué cosas son las que obligatoriamente necesitamos para convertirnos en personas felices? – Como solía decir Aristóteles: todos estamos de acuerdo en que queremos ser felices, pues la máxima del ser humano es ser feliz; pero en cuanto intentamos averiguar cómo podemos serlo, comienza la discordia. ¡Vaya paradoja! Muchos dirán: ¡Pero bueno! ¿Qué le pasa al ser humano? ¿Por qué encuentra discordia si lo que busca es felicidad? Pues nada, que Ana busca la felicidad en el arte, y no porque le encante el arte sino porque como ahí fue donde la encontró su amigo José, habrá que buscarle ahí mismo. Carlos decide buscar la felicidad en otro país, no es que realmente desee mudarse pero, como su prima Pilar encontró la felicidad al mudarse, el habrá de hacer lo suyo. ¿De dónde viene la discordia, cuando lo que esperábamos era la felicidad? Muy sencillo: el camino de los otros no puede conducirme a mi destino, eso es discordia; para ser feliz yo habré de trazar mi camino de acuerdo con mis deseos, preferencias, habilidades y demás atributos, eso es concordia, y la concordia es parte esencial de la felicidad. Entonces, ¿para ser felices lo que necesitamos es concordia? Sí, y esto es algo no negociable. Precisamente ese es el objetivo de El libro de los seres felices: generar concordia mediante procedimientos enfocados a:
Aceptar lo que no podemos cambiar
Sentir el dolor para desahogarlo
Perdonar a los demás sin combatir
Perdonar los propios fallos y reinventarse
Aprender a vivir con las circunstancias
Recobrar la fuerza emocional interior
Mientras la persona no aborde adecuadamente cada una de estas seis fases, reinará la discordia en su interior y la proyectará al exterior con desdicha, mal humor, desavenencias y, a la larga, con alguna enfermedad física o psicológica. Pero si se dispone a procesar cada una de estas etapas, obtendrá la tan anhelada concordia y sentirá la felicidad en cuerpo y alma, para luego proyectarla en forma de alegría, optimismo, energía positiva y una excelente salud física y mental.
¿Es cierto que el amor da la felicidad? – Creo que amor es sinónimo de felicidad; no puede ocurrir lo uno sin lo otro: el amor a la humanidad nos hace felizmente humanitarios, y somos felizmente humanitarios porque amamos a la humanidad; el amor al trabajo genera productividad y disfrute en nuestra ocupación, por eso amamos nuestro trabajo; el amor de la familia nos hace dichosos y responsables, por eso amamos a la familia; el amor a la propia persona nos hace felices, y somos felices porque nos amamos a nosotros mismos. Como vemos, la felicidad atrae al amor, como el amor atrae a la felicidad. Lo dicho: sin amor no hay felicidad, y sin felicidad no puede haber amor.
¿Pero también puede quitarla, no? – El amor no quita nada sino todo contrario: el amor siempre suma algo a nuestras vidas. En todo caso, es la falta de amor lo que quita la felicidad.
Dra. Alia Esquivel

Dra. Alia Esquivel

¿Desarrollar nuestros talentos, nos convierte en seres felices, o la exigencia produce todo lo contrario? – En realidad, todo depende de nuestro nivel de perfeccionismo. Nada de malo hay en tener estándares personales elevados, los costos psicológicos surgen cuando el individuo experimenta un alto nivel de estrés debido a un perfeccionismo mal entendido. Lo que tenemos que hacer, en primera instancia, es comprender el tipo de exigencia o perfeccionismo al que solemos ajustarnos, para luego buscar la manera de moderarlo. Veamos brevemente los cuatro tipos más frecuentes. El perfeccionismo normal se distingue porque nos permite experimentar alegría, placer y satisfacción en lo que hacemos; este tipo de perfeccionismo es el de los seres felices. El perfeccionismo mal auto-orientado se caracteriza por la auto-imposición de estándares excesivamente altos y poco realistas, que se conjugan con autocrítica extrema y renuencia a aceptar el fracaso y los defectos personales; sus secuelas más comunes son la ansiedad y la depresión. El perfeccionismo socialmente prescrito nace cuando se asumen como propias las expectativas exageradas y poco realistas de los demás, que son muy difíciles de satisfacer, pero que deben cumplirse para obtener su aceptación y aprobación; la incapacidad de estar a la altura de estas normas desata ansiedad, sensación de desamparo e ideación suicida, por ejemplo. Por último tenemos el perfeccionismo neurótico, que surge cuando existe un intenso temor al fracaso y cuando las relaciones interpersonales, lejos de ayudar, exacerban ese temor. En este estado, hasta los trabajos perfectamente bien hechos dejan de producir satisfacción, por lo que la persona se vuelca en un ciclo interminable de esfuerzos contraproducentes y excesivos, con grandes dosis de autocrítica y sentimientos negativos. Todo esto propicia una psicosis aguda que rompe por completo con la estabilidad emocional de la persona.
Desde este punto de vista, cuando desarrollamos nuestros talentos sobre las pautas del perfeccionismo normal, experimentamos felicidad; si lo hacemos siguiendo los parámetros de un perfeccionismo mal auto-orientado, socialmente prescrito o neurótico, lo que vamos a encontrar es la peor de las desdichas. 
Ser felices se convierte en una finalidad, ese famoso círculo que anhelamos cerrar. ¿Pero qué hacemos con la experiencia del recorrido? – A menudo pensamos: «voy a ser feliz cuando me gradúe», «seré feliz cuando gane más dinero», «en cuanto me case seré tremendamente feliz» o «la felicidad viene en el paquete de la jubilación». Esto sucede porque concebimos la felicidad como una meta, cuando en realidad no es un sitio al que se pueda llegar, un período estático o una cima por conquistar. La felicidad es una forma de vida, es la experiencia del recorrido en sí, es la total trayectoria de un ser humano que ha coleccionado un sinfín de momentos y eventos experimentados durante su estancia en la tierra. Cuando lo entendemos así, caemos en cuentas de que la finalidad no radica en esperar a llegar a ser feliz algún día —cuando me gradúe, cuando gane más dinero, me case o me jubile— sino en ser felices en el aquí y el ahora, hasta que la felicidad se convierta en nuestro mejor hábito. De otro modo, si concebimos la felicidad como un fin o como una meta, nos perderemos del gozo cotidiano del recorrido, de la satisfacción que provocan las cosas sencillas y del placer de vivir cada día con alegría y entusiasmo.
¿El libro de los seres felices es una obra pensada exclusivamente para quienes se sienten infelices? – El libro de los seres felices es para todos; ha sido diseñado para ayudar tanto a quienes desean acabar con la desdicha y la inestabilidad emocional, como para aquellos que desean hacer ajustes en sus vidas, o bien, preservar su salud y bienestar. También es bastante útil para las personas que desean profundamente ayudar a un ser querido, pero no saben cómo hacerlo. En cualquiera de estos casos, te garantizo que los lectores encontrarán una luz para iluminar su camino.
¿Hablamos entonces de una guía, un libro de consulta? – El libro de los seres felices es una forma efectiva de auto-terapia; en él se incluye el Método ASPPAR, que consiste en una serie de ejercicios psicológicos especializados que han demostrado su eficacia en la práctica. Se trata de un quid en cuyo interior se encuentran el mapa y la brújula que conducen al camino de la felicidad.
¿Cómo surge la idea de escribir El libro de los seres felices? – Haciendo un poco de retrospectiva, creo que fueron dos los factores que influyeron en su creación. Por un lado, la constante sugerencia por parte de los propios pacientes forjó la idea primigenia. La otra parte, digamos, la decisiva, provino de un público bastante heterogéneo que asistió a una de mis conferencias, donde uno de los asistentes expresó abiertamente lo siguiente:
“Ustedes, los psicoterapeutas, se devanan los sesos explicando a consciencia la parte teórica de la psicología, pero no tienen el hábito de compartir los métodos que utilizan dentro del consultorio, esos métodos que verdaderamente sacan a flote. Todo es importante, doctora, pero llega un punto en donde es preciso dejar de dar vueltas a lo mismo y actuar; y para eso se requieren métodos, ejercicios prácticos, herramientas de consultorio”.
Para sorpresa mía, la opinión de esta persona se convirtió en un reclamo unánime, así que prometí darme a la tarea de documentar y compartir “esos métodos que verdaderamente sacan a flote”. Y así fue como nació una idea que hoy, gracias a Mado Martínez, mi editora, y al equipo de Editorial Odeón, podemos ver materializada en un extraordinario ejemplar.
Muchas gracias Alia, por haber atendido a los lectores de nuestro diario.
Ha sido un placer. Gracias por la entrevista y gracias a los lectores. Deseo que El libro de los seres felices sea una suma en sus vidas. Pueden contactarme a través de mi página de Facebook,  Psicóloga Alia Esquivel Salmán.

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