EL OTRO GARAJONAY

Columna de opinión del comunicador Carlos J. Pérez Simancas

EL OTRO GARAJONAY

© Carlos J. Pérez Simancas

Cuando uno habla del Garajonay, siempre nos referimos al topónimo del Parque Nacional o al pico más alto de Gomera, o incluso a la leyenda almibarada de los amantes. Pero en la isla de Hupalupa, existen al menos dos cimas más que tienen el honor de compartir linaje con tan insigne orónimo. Hoy, he querido que mis primeras letras en esta columna, sean para formular una hipótesis donde la leyenda dará paso al mundo sobrenatural de los adivinos. Pero vamos por partes.

Cuando uno intenta buscar los orígenes de la leyenda de Gara y Jonay, esa en la que dos jóvenes se despeñan o mueren ensartados por una lanza en un abrazo mortal, por no poder vivir su amor, es imposible sobrepasar la fecha de 1943. Es imposible encontrar algún testimonio histórico que indique el pozo de verdad que toda leyenda tiene que tener. Sólo hay referencias literarias -la más antigua corresponde al año 43 del siglo pasado- y es en la obra del güimarero Juan Álvarez Delgado donde se corta la pista del origen de esta leyenda que da nombre a todo un Patrimonio de la Humanidad.

Pero haciendo un poco de hincapié en la búsqueda, uno se tropieza con una pista interesante. Puede que sea la génesis de la leyenda, por lo que estaríamos ante el archivo más antiguo del que se tiene constancia en la isla sobre el amor prohibido. Hablamos del romance de Paris y  Elena, ya desaparecido de España, y que sólo se canta en La Gomera y entre algunas de las comunidades sefardíes del antiguo imperio turco. De este romance de origen sefardí, se tiene constancia en la isla desde el siglo XVI. Siempre hipotéticamente hablando, alguien pudo basarse en este poema sefardí, y que hoy se recita en La Gomera, para crear la Leyenda del Garay Jonay o la leyenda de Zula y Brante en el norte de la isla, ya que son historias relativamente jóvenes dentro del imaginario insular.

Pero el dato más importante del origen del nombre del Garajonay lo encontramos en un texto del ingeniero italiano Leonardo Torriani (ca. 1559-1628), quien aporta en su “Descrittione et historia del regno de l’insole Canarie gia dette le fortunate con il parere delle loro fortificationi”, la noticia más antigua que, de manera expresa, alude a un personaje y a su actividad: <<Hebbero etiandio huomini fatidici, iquali prediceuano ciò c’haueua à uenire, fra’quali si fa mentione d’uno nomato Eiunche>> [1590: 82 (cap. LIX)].

Y es que Eiunche, un nombre correspondiente a un personaje de la gomera prehispánica, nos dará la raíz para designar a la cima más alta de La Gomera.

Y es que el nombre Eiunche (por Ey-unziz) se construye sobre una raíz, unziz, que significa examinar, por lo que entre sus acepciones nos encontramos con una específicamente dedicada a la “adivinación”. La referencia de la raíz de Eiunche la encontramos en el topónimo Garagonoche (por Gar-g-Wunziz), pronto deformado hasta dar con el topónimo Garajonay, en su pariente menor Tagaragunche (por Tagar-g-Wunziz) o en Taguerguenche (por Tager-g-Wunziz). Hasta ahora se creía que Garajonay significaba “montaña alta”, pero un estudio más concienzudo nos daría que estas tres montañas tendrían como fin el examen de los elementos,  y con ello, el augurio. Es por esto que podríamos decir que Garajonay significara “montaña del examen” o “de la adivinación”, así que nos daríamos de bruces ante una pista que nos llevaría a que La Gomera pudo tener una clase religiosa dirigente. Y es que otros nombres prehispánicos nos corroborarían esta hipótesis de la casta religiosa gobernante. Tenemos como ejemplo, Miguan (por Miggan), que se traduciría como  “el que medita, piensa reflexiona”; Aguamuge (por aw-Amuh), que nos revelaría el carácter hereditario de esta ocupación, pues significaría “el hijo de el Murmurador (o el que salmodia)”; pero es Eiunche quien parece haber gozado de mayor celebridad o prestigio entre los antiguos gomeros. Todavía encontraríamos otra pista en la “Historia de la Conquista de las Siete Yslas de Gran Canaria”, de la que es autor el supuesto franciscano Juan de Abreu Galindo (ca. 1590: I, 16). En ella se cita a los cuatro jefes que se repartían el poder político en La Gomera,  y uno de ellos, el jefe del bando de Orone, se llamaba Masegue eunche. Mazegue (por Mazzeg) y Unche (por Unziz) nos devuelven a un “adivino o clarividente” muy particular, alguien que tendría el apelativo de “superior” o “importante”.

Así que en estas tres montañas: Garajonay, Tegerguenche y Tagaragunche, los sacerdotes gomeros podrían haber realizado sus ritos y ceremonias con la intención de contentar a sus dioses, y con ello escudriñar los deseos y propósitos de estos con los antiguos gomeros.

Por lo tanto, quitando del tapete la trágica leyenda del origen del Garajonay, podríamos hablar de que no sólo se hablaría de una montaña, sino que por lo menos serían tres las que servirían para estar más cerca de los dioses y así poder adivinar el porvenir. Hoy, miles de turistas visitan el pico del Garajonay atraídos por la leyenda de los amantes, pero estamos seguros de que en La Gomera hay más de un Garajonay por descubrir.

PUBLICIDAD

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies