Entre los Oscuros Verdes de Anaga

Entre los Oscuros Verdes de Anaga

Es escuchar hablar de Anaga, y automáticamente se activan todos los sentidos al tiempo que en nuestra imaginación se proyectan cientos de evocadoras escenas más cerca de lo místico que de lo terrenal. Anaga debe su nombre a la denominación del menceyato guanche que ocupaba el lugar antes de la llegada de los criminales de la armadura, de la llegada de los castellanos. Por aquellos tiempos, la isla de Tenerife estaba dividida en nueve menceyatos, y es éste, el de Anaga, uno de los más importante por la riqueza de los restos encontrados y catalogados. Algunos de los cuerpos mejor conservados de la época guanche, han sido recogidos en el macizo, así como otros yacimientos con grabados. Brujería y aquelarres, apariciones espectrales, tesoros y escondites de criminales… Anaga se presenta como un crisol entre lo legendario y lo esperpéntico. Pero ordenemos un poco este batiburrillo de sustantivos, y perfilemos nuestro particular viaje entre las enredadas trazas verdes de olores macaronésicos.

Según recogen algunas crónicas, en la zona de Taganana vivió la Princesa Cathaysa -princesa guanche-, una guapa mujer que fue vendida a los castellanos como esclava en 1494. También en esta zona de la isla se dice que el conocido pirata “Cabeza de Perro” escondió un importante tesoro entre los acantilados cercanos a Igueste de San Andrés. Pero si algo identifica a la cordillera de Anaga y a sus pronunciados barrancos, es el halo de misterio y brujería que desde hace décadas se viene ciñendo sobre sus caseríos. La Brujería en Canarias, a pesar de la insistente negativa de un sector recalcitrante de la sociedad, estuvo y está presente en la totalidad de las Islas Canarias, y podemos encontrar peculiaridades propias de cada comarca en la que se enmarquen estas prácticas. En las islas la brujería está más cerca de lo hechicero y curanderil, que de la magia ritualística y oscura. Ciñéndonos a la zona geográfica que nos ocupa en este breve artículo, existen numerosas historias y leyendas en las que se recogen crónicas de brujería. Uno de los escenarios más conocidos está en lo que se conoce como El Bailadero, llamado así porque supuestamente en este lugar las brujas hacían sus aquelarres y bailoteaban en torno a las hogueras. El lugar, especialmente en la noche de San Juan, cobra especial significado y significancia para muchas personas, que afines a este tipo de prácticas pseudo ritualística, se congregan en la zona boscosa para realizar algunas desconcertantes y casi ridículas “verbenas de desinhibición”.

Anaga también tiene leyendas vinculadas al ámbito religioso, como por ejemplo la del Santísimo Cristo del Naufragio, en la que se relata que el 16 de febrero de 1898, mientras estas imagen viajaba a bordo del vapor “Flachat”, encalló en la costa de la Punta de Anaga, apareciendo el Cristo guardado en una caja, en una playa cercana. Fue un cabrero quien lo encontró, y pensando que dentro encontraría atractivos tesoros, acabó golpeando fuertemente la imagen del Cristo hasta romperle las piernas al descubrir que dentro solamente estaba la imagen cristiana y ninguna fortuna. Se cuenta que pocos días después, el cabrero sufrió un accidente y se fracturó la pierna. En la actualidad puede venerarse la imagen del Cristo en la Iglesia de Nuestra Señora de Las Nieves, en Taganana.

Pero no nos detengamos en historias cristianas y hagamos un recorrido por otros frentes más ligados a fenómenos inexplicables como la hipotética presencia de objetos voladores no identificados (OVNI). Especialmente la zona de la Punta del Hidalgo, se ha convertido en las últimas décadas en lugar de concentración de testimonios con connotaciones ufológicas, llegando a reportarse algunos, incluso por los estamentos militares. La Punta del Hidalgo tiene una casuística de lo más intensa y variada, pasando de expedientes en los que aparecen extrañas luces que salen desde el mar en dirección a la cordillera, o en sentido inverso, hasta enormes campanas de luz que emanan desde las grietas de Anaga para seguidamente perderse en el horizonte. Tampoco esta peculiar zona del municipio de La Laguna está exenta de la presencia de los llamados seres blancos, de luz o seres lunos; extraños humanoides que en puntuales ocasiones parece que se han mostrado de forma espontánea y poco clara ante los testigos.

Y es que Anaga si algo tiene más allá del propio interés geológico y paisajístico, es un constante halo de misterio que se ve alimentado por las constantes nieblas que habitan sobre el manto de laurisilva. ¿Recuerda los meses de enero y febrero del año 1991?, ¿Y si le pregunto por Dámaso Rodríguez Martín, “el Brujo”? Asesino y violador, este hombre sembró el pánico en la zona del Moquinal, donde buscó refugio tras su huida de la prisión Tenerife II donde cumplía condena por una violación y un homicidio. A pesar de haber sido condenado a 55 años de cárcel por asesinato, violación, hurto de arma de fuego y tenencia ilícita de armas, el 17 de enero de 1991 Dámaso, aprovechando un permiso carcelario, inicia una fuga que le llevaría a estar durante un mes oculto por los montes de Anaga. Durante esa fuga, “El Brujo” mató a una pareja de senderistas alemanes, convirtiéndose en el delincuente más buscado de todo el país, rodeado de un importantísimo seguimiento policial y mediático. Aquellos fueron unos carnavales en Santa Cruz, teñidos de temor y leyendas sobre el prófugo de la justicia, de quien se decía que podía estar escabullido entre mascaritas y bailes. Al final, este expediente se resuelve con el acorralamiento de Dámaso el 19 de febrero en una casa de la zona de El Solís, dónde la policía fue recibida con disparos, y en la que entran otros ingredientes como el fallido intento de suicidio del reo y un posterior intercambio de disparos que acabó por herir de muerte al fugitivo de Anaga.

Sea como sea, esta zona de la isla de Tenerife es uno de los lugares más bellos del archipiélago y me atrevería a decir que es uno de los más impresionantes de todo el país. Los vestigios vegetales y geológicos de la laurisilva, cada vez más escasos en la geografía global, continúan con su particular lucha por la supervivencia, echando un pulso frente al incesante desarrollo urbanístico que en este rinconcito atlántico, tiene de momento la batalla perdida. Anaga se presenta frente a nuestros ojos, como el impertérrito guerrero que se sabe ganador en medio de una batalla inacabada.

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