Errantes entre aviones (2ª parte)

El testimonio de don Ignacio Roger

Errantes entre aviones (2ª parte)

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© Juanca Romero Hasmen

La pasada semana, en este mismo espacio dominical, prestábamos atención al insólito expediente de Don Ignacio Roger, testigo de aparentes fenómenos extraños en torno a las pistas del aeropuerto de Los Rodeos. Palabras que provenientes de la boca de un hombre sencillo, de campo y docto en la vida sencilla, resultan sorprendentes. Si algo así me lo hubiese contado un quinceañero o cualquier persona durante una noche de copas, no me lo hubiese creído, pero algo me decía que aquel hombre no sólo no mentía, sino que además estaba contando su única y auténtica verdad. Y es que en su perfil nada podía contradecir lo que estaba contando; setenta y nueve años, trabajando en el campo desde que tenía nueve y pocos estudios a sus espaldas. No era hombre de ver televisión, ni de leer libros porque de ellos al no saber leerlos, poco interesante podía sacar. Su única tarea en la vida había sido atender a los animales y mantener las tierras dispuestas para producir. En definitiva, un hombre de campo, luchador y resignado a terminar sus días aferrado a la tierra que durante tantos años cuidó, en un principio en la isla de La Palma y ahora en Tenerife. Tras aquella media improvisada conversación bajo el umbral del aire viciado de un bar de barrio, tuve la oportunidad de hablar con él en otras dos ocasiones de forma más breve. Conversaciones en las que intercalamos este asunto con política y más política, y es que si don Ignacio hubiese tenido la suerte de poder leer y escribir, a buen seguro hubiera sido un perfecto orador y político, aunque es por todos sabido que hay personajes dedicados a la política que aparentan no haber tocado un libro en su vida. De esas charlas, sentados en uno de los bancos de la rotonda del barrio, pude saber que aquellas apariciones eran claras y perfectamente definidas en colores y forma, con movimiento y con cierta monotonía en la escena. Casualidad o no, tras fallecer su esposa, no se volvió a ver en lo alto de la terrera a nadie más que algún miembro del personal de mantenimiento de las pistas contratado por AENA. Me llamaba la atención esa relación que hacía entre las apariciones y el accidente de 1977. Así es que le pregunté que recordaba de aquella tarde de domingo.

Terrera del Aeropuerto de Los Rodeos, Tenerife.

Terrera del Aeropuerto de Los Rodeos, Tenerife.

“En aquella época (1977) no había vallas para cerrar las pistas. Todos entrábamos hasta arriba para recoger la hierba y cuando los aviones llegaban y salían, nos poníamos los dedos en las orejas o abríamos del todo la boca para que el ruido no nos dejara sordos. Yo me acuerdo estar cogiendo “pasote” en la parte alta y muchas veces los pasajeros por las ventanillas me decían adiós. Yo los veía como te veo ahora a ti (echa una carcajada) […] La tarde del accidente yo estaba en las laderas esas que ves ahí (señala las laderas que bajan desde las pistas) -¡Uf!, fue muy duro todo aquello. Según sentimos el bombazo aquel, nos echamos a correr para abajo pero con la “neblina” (niebla) no se veía mucho. Yo sentí como detrás de mi cayó algo que casi me golpea. Después supuse que había sido el cuerpo de alguna persona o algún pedazo de los aviones. Después al rato, se escucharon las sirenas y a la gente gritar por la parte de arriba, digo yo que serían los que se salvaron del accidente. […] Aquello no se olvidará nunca en la vida, aquel humo negro con olor a gasolina esa de los aviones (queroseno), el olor a carne quemada y los restos de personas “lloviendo” en las azoteas de las casas (no he podido encontrar pruebas de que eso ocurriera exactamente así. Es cierto que si se encontraron restos humanos en los alrededores de la pista). –Estuvimos llorando muchos días por el recuerdo de aquella pobre gente.”

-¿Y usted ayudó en el accidente? -¡Qué voy a ayudar yo! Allí no se podía estar, todo el mundo subiendo y bajando por el monturrio ese. Yo pensaba que me podía caer algo encima o quemarme con alguna cosa. Ahora, también te digo que hubo gente de ahí, más para abajo, que aprovechó para llevarse todo lo que pudo, desde pedazos de latón hasta cosas de los muertos.

Terrera del Aeropuerto de Los Rodeos, Tenerife.

Terrera del Aeropuerto de Los Rodeos, Tenerife.

¿Qué fue realmente lo que don Ignacio vio en repetidas ocasiones en lo alto de la terrea del aeropuerto? ¿Qué papel jugó en esas supuestas visiones espectrales el hecho de que la tarde del accidente de los Jumbos, nuestro testigo viviera en primera fila aquella catástrofe? Y si me permite ir un poco más lejos: ¿estamos en disposición para afirmar que estos fenómenos que se producen en los lindes de las pistas tienen relación directa con el propio accidente, o quizá algún mecanismo del subconsciente de los testigos lo relaciona y maquilla para adecuarlo a esas trágicas circunstancias? Sea como sea, de lo que no hay dudas es que estas personas algo han visto. Que aquello que un día se les cruzó en su camino, para ellos fue completamente real y que de alguna manera se ha quedado grabado para siempre en sus vidas. Relatos como los de don Ignacio no son tan frecuentes como podría parecer en primera instancia, o por lo menos admito no haberlos escuchado con tanta frescura como los de apariciones más o menos fundamentadas en casas y castillos. Debo apuntar que al margen del testimonio de don Ignacio, no he podido recoger ningún otro que apunte directamente a la aparición de un grupo o una única persona en los alrededores de las pistas del aeropuerto, salvo el ya conocido caso de la niña de la garita, que debemos situar en el lado opuesto de donde se sucedía la historia de don Ignacio y a bastante distancia de separación de los márgenes de las pistas. ¿Ha habido más gente que las haya podido ver? ¿Ocurrieron más allá de la mente de nuestro testigo o debemos encasillarlas en su subconsciente o en algún mecanismo de su propia mente? Y de ser así, ¿cómo es posible que tanto él como su mujer pudieran presenciar al unísono el extraño fenómeno y de forma repetida? ¿Tiene que ver el hecho de que no se repitieran las extrañas apariciones tras el fallecimiento de su esposa? ¿Estamos en disposición para relacionar las apariciones de la terrera directamente con la tragedia de los aviones de 1977? Generalmente a preguntas complejas, o no se encuentran las respuestas idóneas, o éstas son de igual o mayor complejidad que la propia cuestión. Sólo resta seguir rascando lentamente entre los recuerdos y entresijos de una historia que no está olvidada.

Fuente: “Catástrofe77, el viaje Interrumpido”, Juanca Romero © 2013

 

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