EXPEDIENTE “URI GELLER” Análisis de una farsa

EXPEDIENTE “URI GELLER” Análisis de una farsa

© Juanca Romero Hasmen

Página dominical ANGULO 13 en DIARIO DE AVISOS (10-enero-2016)

Página dominical ANGULO 13 en DIARIO DE AVISOS (10-enero-2016)

Aquella noche en la que todo el estado español estaba pendiente de la tele mientras el gran Íñigo entrevistaba a un desgarbado y desconocido Uri Geller, quedó para siempre en nuestra retina y nuestra memoria. Eran tiempos en blanco y negro, en los que todo estaba por eclosionar, y los escenarios que ofrecía la televisión, hacían que descubriéramos veladamente el mundo que estaba más allá de las impuestas fronteras. En la sala, justo frente a la gran mesa, teníamos la televisión. Recuerdo como sentados en las sillas estaba mi padre y mi madre, sin retirar la mirada de la pantalla mientras por ella se asomaba un señor de prominentes bigotes y un hombre de pelo revuelto, que con extraños gestos y una intensa mirada, pretendía doblar una cucharilla… ¿Lo logró?

Antes de profundizar en este puntual episodio, conozcamos un poco a Uri Geller. Poca gente sabe que Geller nació en Israel, el 20 de diciembre de 1946. Nacido de padres húngaros, lo llamaron Uri por un motivo bastante oscuro, o al menos de mal gusto. El nombre se le puso en homenaje a un primo suyo que había muerto en un accidente de guagua. Su vida siempre ha estado de salto en salto, de un país a otro. Así, de este modo, vivió en Chipre desde los 11 hasta los 17 años. Sirvió como paracaidista en el ejército israelí, y fue herido en combate durante la Guerra de los Seis Días en 1967. A partir de ese momento, da un giro a su vida, y trabaja como modelo fotográfico entre 1968 y 1969. Precisamente, en 1969 es cuando comienza a actuar como mago para pequeños grupos de personas, aunque en muy poco tiempo, su destreza se hace muy popular en todo Israel. Así fue como en los años 70, Uri Geller se dedica a tiempo completo a recorrer las televisiones de todo el mundo, adquiriendo fama allí por donde pasa. Con casi una veintena de libros escritos y 5 idiomas en su haber intelectual, este hombre pasó del estrellato al ostracismo casi sin darnos cuenta. ¿Qué es de Geller en la actualidad? ¿Tenía o tiene realmente poderes? Vamos por pasos, y conozcamos el origen de esos supuestos poderes.

Según sus propias palabras, Geller se dio cuenta por primera vez que tenía habilidades especiales, cuando contaba con tan solo 4 años de edad. Estando en el jardín de un familiar suyo de origen árabe, justo al lado de su casa, fue golpeado por una extraña luz que desde el cielo, lo tiró bruscamente contra el césped. Sin darle más importancia que la que podía tener el relato de un niño de esa edad, lo sorprendente llegó cuando al poco tiempo, mientras tomaba un plato de sopa, su cuchara se dobló y acabo por partirse. Ese fue el punto de partida, el comienzo de una intensa carrera televisiva y en grandes salones en los que una vez tras otra, el extraño personaje mostraba ante los presentes sus supuestas capacidades psicoquinésicas. Uri Geller era capaz de doblar objetos metálicos y parar incluso los relojes, o los hacía funcionar más rápido sin que a priori pareciera que ninguna fuerza física actuara sobre estos objetos. Como todo buen hijo de vecino, este relevante israelita tiene sus defensores y detractores. En el bando de los que defienden la autenticidad de sus “proezas”, destacaría a Harold Puthoff, físico especializado en el campo de la electrodinámica cuántica, y a Russell Targ, científico con destacadas investigaciones en el campo del láser. Ambos concluyeron que Uri Geller tenía auténticos poderes, e incluso llegaron a publicar en 1974, un artículo en la revista Nature, en el que argumentaban sus conclusiones. Aquella publicación trajo un aluvión de críticas paralelamente al destape del supuesto fraude que desde otros frentes críticos se estaba propagando. Tiempo después, la propia revista Nature se justificó alegando que el verdadero objetivo de aquella publicación avalando las prácticas de Geller, no fue más que una maniobra para mostrar la debilidad y lo vulnerable que era el sistema de experimentación que se utilizaba en la parapsicología.

En el bando de los críticos si hay que destacar un nombre, este sería James Randi, conocido investigador de los temas catalogados como sobrenaturales, y la búsqueda de la verdad que se esconde tras de ellos. Randi se dio a conocer en medio mundo cuando desenmascaró a Uri Geller en su libro “La magia de Uri Geller”, publicado en 1982. En este interesante libro se explican las técnicas utilizadas por este “mago” para doblar cucharillas con su mente, ¡nada más y nada menos que con su mente! Y como suele ocurrir en todos estos casos, la vertiente más cutre del protagonista sale a relucir. En un programa de televisión en el que junto al presentador, Johnny Carson, estaba el temible James Randi, se hace un cambalache a Geller y se le impide que doble su propia cuchara, dándole otra que no había sido llevada por el renombrado mentalista. Como podemos suponer, Uri Geller no fue capaz de doblarla.

No nos engañemos, lo de doblar cucharas es un clásico dentro de la magia, y no hay especialista en esta materia en todo el mundo, que no lo haya hecho alguna vez, incluso de forma más profesional y espectacular que la que utilizaba el rudimentario Geller. Pero, ¿cómo doblaba las cucharas? Lo cierto es que la puesta en escena era llamativa y con ciertas dosis de sugestión colectiva si se me permite la expresión. Cogía la cuchara entre dos dedos. Se concentraba –o eso parecía-, y dejaba que sus poderes recorrieran todo su cuerpo hasta concentrarse entre los dos dedos reblandeciendo el metal y consiguiendo que éste se doblase. Hablamos de metal, pero… ¿se ha preguntado usted qué tipo de metal utilizaba Geller? Sabemos que usaba una aleación de Galio, un metal que a la temperatura de 25ºC mantiene la solidez, pero que cuando ésta se altera y alcanza los 36ºC aproximadamente –con el propio calor de la fricción de dos dedos, por ejemplo-, el metal se reblandece. En sus espectáculos también podía doblar llaves y otros cachivaches metálicos. En algunos casos, y con objetos algo más contundentes, lo que hacía Geller era doblarlos previamente, y jugaba con el efecto óptico de los tiros de cámara previamente estudiados para dar la sensación de que los estaba doblando en directo.

Y si nos parecía poco eso de doblar metales, Uri Geller también era capaz de para relojes. ¿A usted se le detuvo el reloj aquella noche en la que el “mago” le miró fijamente a través de la pantalla y dijo que eso es lo que ocurriría? Ahí lo dejo. Como suele ocurrir en estos casos, alguien prende la mecha, y la pólvora corre sola, sin control y perdiendo contacto con toda realidad. Uri Geller  se ha apuntado el tanto, o al menos a él se le atribuye haber parado el reloj del Big Ben, dato éste que se ha contrastado y jamás ha ocurrido. También se ha llegado a decir que en el fin de año de 2013, tenía la intención de parar el reloj de la Puerta del Sol, sabiéndose después que aquello había sido una frase sacada de contexto por los periodistas, aunque Geller, jugando con la ambigüedad, jamás afirmó no haberlo dicho, y únicamente exclamó; -mejor no hacerlo para no fastidiar la Nochevieja… me lo pensaré-. Imaginemos por un segundo, que por cosas del azar, ese reloj se hubiese detenido esa noche, hoy estaríamos hablando de Geller en otros términos muy diferentes, aunque el showman venido a menos no hubiera tenido nada que ver. De todos modos, no me cabe la menor duda de que dentro de 15 o 20 años, alguien afirmará que Uri Geller detuvo el reloj de la Puerta del Sol, que él estuvo allí o lo vivió por televisión, y muchos le creerán mientras otros dirán -¡es verdad, así ocurrió!-

Geller se retiró de la vida pública, aunque no del todo, en los años 80. Entonces afirmó que necesitaba un descanso y concentrarse en vivir tranquilamente, gracias a la gran fortuna que acumuló trabajando para compañías que buscaban aguas subterráneas, petróleo, oro y otros minerales valiosos. Ahora vive en Inglaterra, en una amplia finca junto al río Támesis. Con su permiso amigo lector, yo pasaré el resto de la jornada mirando fijamente la cucharilla del café, aunque he preferido iniciarme en estas prácticas con una de plástico por facilitar el proceso. Feliz semana, nos leemos el próximo domingo en esta misma página y en este mismo diario.

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