GACHUMBALANDIA SE APAGA

GACHUMBALANDIA SE APAGA
© Juanca Romero Hasmen / Diario de Avisos
Se han dormido aquellas voces de jadeantes acólitos que afirmaban que en un lugar secreto de la isla de Tenerife al que podríamos llamar Gachumbalandia, existe el mayor tesoro histórico y arqueológico de todos los tiempos. Pero quizá usted no sepa de lo que estoy hablando y necesite un breve recordatorio. Hace algo más de 2 años, saltó a las redes y medios de comunicación una mujer llamada Carmen Dolores González afirmando haber descubierto una cueva funeraria en la que reposan más de 700 momias guanches, lanzas, vasijas y otros útiles, dibujos y textos en pieles… como diría un buen amigo párroco: ¡La hostia! Sitúa el hallazgo en la zona sur de Tenerife, concretamente en Ifonche, pero se niega a desvelar el emplazamiento exacto aludiendo que lo hace para preservarlo de los expolios y gentuza. Y así, durante estos últimos años, envuelta entre lo increíble, irreal, conspiranoico y pintoresco, esta apasionada mujer amante de la naturaleza, ha ido narrando a modo de novelilla casposa las supuestas claves de su descubrimiento, eso que sólo ella ha podido ver y que cada vez menos personas se creen. Y mientras los pterodáctilos revolotean sobre las velludas azoteas, hemos sido testigos de la creación de clandestinos comités de expertos, autoproclamaciones de exclusivas informativas y de una enorme avalancha de contrarios que asistidos en constantes salidas de tono, han tocado de lleno el insulto.
Aunque sé que a la señora González no le gusta que le digan las cosas, me arriesgo a decir que se ha equivocado. Lo ha hecho en las formas y los métodos, porque aunque todo lo que cuenta fuese verdad –cosa que mi cerebral postura me impide aceptar-, cuando lo narras desde el esperpento y la burda caricatura, acaban por no creerte ni los espectros gachumbas que a buen seguro pululan por los senderos de la insensatez. Y es que tras convocatorias de prensa que nunca llegaron, en las que contaría parte de su verdad, y un interminable reguero de tochos escritos en Facebook con menos sentido que la carta de Reyes Magos de los niños, hemos pasado a la fase de las sombras, al nivel en el que en general, todo esto importa un recolocado óvalo a quien lo lee. Decía un conocido filósofo, creo recordar que inglés, que si disfrazas la verdad de incoherencia, se convierte en una burda mentira, del mismo modo que la burda mentira prolongada en el tiempo, acaba como la escena de un payaso que no hace reír. Al final, y es mucho más creíble, todo este cuento pseudo-cavernícola va a resultar que es fruto de un contacto alienígena mal avenido, o quizá simplemente mal interpretado. Quizá un día pasó un platillito sobre Ifonche y decidió aterrizar por la zona para crear una sociedad avanzada, abierta a nuevas miras, aunque como en toda sociedad que se precie, queden atisbos de retraso y poseedores del mismo.

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