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Con este nombre tan teatral se continúa conociendo hoy en día a la enfermedad de la epilepsia o por lo menos a una de sus variantes. Una enfermedad que afecta entre el 1% y el 2% de la población española, ¿porqué entonces existen tantos tabúes en torno a esta dolencia, y más cuando solo el 15% - 20% de los epilépticos no pueden evitar los ataques a pesar del tratamiento? Si fijamos nuestra atención en la evolución de la medicina vemos como ésta lo ha hecho de manera dispar a la de la sociedad en muchos de sus ámbitos, ya que aún observamos discriminación en este sentido, hecho que obliga a los enfermos a ocultar su padecimiento incluso entre amigos y pareja por miedo al rechazo y como entenderéis este supuesto es lo último que debe hacerse. Una adecuada información a los allegados es importante a la hora de saber enfrentarse a una crisis evitando de esta forma pánicos absurdos y miedos desmedidos.
Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que el rechazo que instintivamente produce la palabra epilepsia en cada uno de nosotros, no es más que un temor heredado y que tiene más de mítico que de real.
La palabra epilepsia proviene del griego y significa algo así como “ataque” o “coger desde arriba” comúnmente denominada mal divino o mal sacro. En Roma también se le denominó morbus comitialis (enfermedad de los comicios) por que estos eran suspendidos si alguien de la asamblea caía aquejado de este mal y se pasaba rápidamente a purgar o “desinfectar” las estancias para hacer posible la celebración de éstos. En un primer momento fue considerada obra de los dioses o de espíritus malignos como castigo a los hombres, un poder sobrenatural de tal magnitud que arrojaba al desdichado por el suelo, haciéndole contorsionarse violentamente y dejarlo en pocos minutos como muerto para posteriormente volver a abandonar a su estado normal como si nada hubiese pasado, un verdadero simulacro de resurrección.
Un simple aturdimiento y un leve dolor muscular son los únicos testigos mudos de lo sucedido.
Esta dolencia trae consigo diversos síntomas a tener en cuenta para entender mejor aún la mitología surgida en torno a ella. Antes de producirse el ataque, el enfermo puede experimentar determinadas sensaciones que podrían haber sido englobadas dentro de manifestaciones demoníacas o sobrenaturales. Sin ir más lejos la crisis epiléptica afecta a algunos de nuestros sentidos en la etapa previa a sufrir el desvanecimiento. Uno de estos signos es la captación de determinados olores, muchas veces aromas desagradables, (asociados a la presencia de demonios en la antigüedad, en los casos de infestación) o sabores metálicos en el paladar, entre otras como la aparición de alucinaciones lumínicas como si de destellos se tratase (asociadas a la aprición o testimonios de fantasmas). Esto no explicaría todos y cada uno de los testimonios sobre aparición de espectros, pero sin duda explicaría algunos de ellos. El resto, desde mi punto de vista, habría que estudiarlos desde una postura multidisciplinar (psicología, física, filosofía, etcétera).
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Representación de Santa Teresa. Estudios recientes apuntan a que padeció una de las variantes de la epilepsia. Las crisis de la felicidad.
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Las crisis no siempre se manifiestan con pérdida del control del cuerpo mediante las convulsiones y una pérdida de la conciencia. Hay determinados tipos en los que esta pérdida del control no se produce y los enfermos solo perciben los anteriores síntomas sin achacar en un primer momento este tipo de signos con una dolencia tan descrita como la epilepsia.
Algunos estudios han establecido que la propia Santa Teresa de Jesús padeció epilepsia parcial, en una zona determinada del cerebro que controlaba los estímulos y la sensación del placer. De este modo sus crisis eran placenteras para la Santa , se denominan crisis de la felicidad , que ella asociaba a la mano de Dios. Por eso Teresa de Jesús escribió: "Quiere el alma estar sufriendo siempre de este mal" , haciendo mención a lo placentero de sus experiencias. Numerosos tipos y distintas sensaciones para un mismo mal que provocaron una mitología extraña que aún arrastramos. Por otro lado, algunos enfermos epilépticos fueron sometidos a complicados rituales como los exorcismos para librarles del mal que les invadía. Cosa que no solo no se producía, sino que por el contrario agravaba aún más la dolencia, ya que uno de los desencadenantes de las crisis convulsivas es el estrés.
Por si todo esto fuera poco para empeorar su situación, la epilepsia era considerada una enfermedad o mal altamente contagioso, sobre todo en la Edad media, provocando el consiguiente rechazo social. Esta consideración hoy sabemos que es totalmente errónea, ya que los ataques los produce un foco o varios en el cerebro, un grupo de neuronas que produce una actividad eléctrica anormal. El foco aparece tras una lesión, un parto con dificultades u otros factores similares.
Peor parte se llevaron las mujeres epilépticas que fueron consideradas brujas y en más de una ocasión llevadas a la hoguera por tal condición o en el mejor de los casos eran sometidas a perversas y horribles torturas. |
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| El Profesor de historia de la Medicina en la Universidad de La Laguna , Justo Hernández, ha hablado para nosotros, aportando algunos de los hechos y características más curiosas de esta enfermedad.
Justo hizo hincapié en que “el mal de la epilepsia no afecta a la inteligencia, como se pensaba hace algunos años”. El profesor hace un recorrido histórico sobre esta curiosa dolencia. “En la antigüedad esta patología era considerada sagrada, por la única razón de la aparatosidad de sus síntomas. Observar como una persona caía desplomada y comenzaba a contorsionarse, para posteriormente articular algunos sonidos que parecían palabras, pues no era algo muy común. Se asoció rápidamente a la mano de un espíritu o demonio”.
Según Justo Hernández González, “el primero que estableció la epilepsia como una patología más, cuyo origen estaba en el cerebro, fue Hipócrates, en el siglo V a. c.” Todo un adelantado a su tiempo, ya que no sería hasta aproximadamente el Renacimiento cuando es aceptado por todos los médicos tal afirmación.
“Por lo tanto, la enfermedad de la epilepsia no es más sagrada que las demás enfermedades”, agregó.
En cuanto al origen de la enfermedad en muchos de los casos es desconocido, ya que la epilepsia en sí no se trata de una patología sino de un síntoma. |
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Justo Hernández, profesor de Historia de la Medicina de la ULL.
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En la mayoría de casos se trata de un residuo, de una manifestación de una lesión o enfermedad ya curada pero que queda ahí a modo de cicatriz. De este modo, una lesión sufrida en el parto puede producir ataques epilépticos en la madurez, aunque la lesión esté completamente sanada. |
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Julio César, uno de los grandes estadistas que padecieron esta dolencia, lo que demuestra que el Gran Mal no afecta a la inteligencia.
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Personajes epilépticos
Mucho se ha dicho y escrito sobre algunos personajes históricos que se supone padecieron esta dolencia. Sobre este punto, el profesor de Historia de la Medicina de la Universidad de La Laguna , nos comenta que “algunos líderes políticos, en determinadas épocas aprovecharon la tesitura para autoproclamarse víctimas de este mal, para así legitimar su poder y hacerse considerar un elegido”. Sin embargo hay algunos casos célebres que parecen indicar que realmente padecieron esta enfermedad, “este es el caso de Julio César, el del escritor Fiódor Mijáilovich Dostoyevski o la propia Santa Teresa de Jesús”.
Para concluir Hernández quiso manifestar que “el tratamiento contra la epilepsia está muy avanzado y mientras el enfermo sea consecuente con sus limitaciones y no despiste su tratamiento no tendrá problemas y podrá hacer una vida completamente normal”.
Por otro lado se debe hacer hincapié en que las crisis no producen una disminución de ninguna de las facultades del individuo. Es fácilmente localizable mediante un encefalograma y tras descartar otras posibles causas de los ataques el enfermo no tiene de que preocuparse, siempre y cuando sea responsable y acepte la cronicidad de su dolencia.
Cualquier individuo a cualquier edad y bajo cualquier circunstancia puede sufrir esta enfermedad, ya que la puede desencadenar cualquier lesión aunque parezca nimia. Por supuesto la ingesta de algunas sustancias irritativas, tales como drogas y alcohol pueden desencadenar la crisis, por lo tanto prudencia y responsabilidad. |
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Una vida dedicada al estudio histórico de la medicina.
Justo Hernández González (San Sebastián, 1959), estudió la carrera de Medicina en la Facultad de Medicina de las Universidades de Oviedo y Sevilla, se licenció en esta última en 1983. Después de una ampliación de estudios en Italia, en 1986 comenzó su dedicación prácticamente completa a la Historia de la Medicina , de la mano de los profesores Paniagua (Universidad de Navarra) y López Piñero (Universidad de Valencia). Entre 1987 y 1992 realizó los estudios de doctorado en Historia de la Medicina y Documentación en el Instituto López Piñero, centro mixto de la Universidad de Valencia y del CSIC, completando su formación histórico-médica y comenzó su tesis doctoral en un interesante tema de la medicina renacentista. En noviembre de 1992 se incorporó a la Facultad de Medicina de la Universidad de La Laguna como docente de Historia de la Medicina , siendo nombrado en 1993 profesor asociado de dicha materia. Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Valencia en 1997, siempre ha mantenido dos líneas de investigación principales: la medicina del Renacimiento y la medicina canaria. |
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| Pero detallar en estas breves líneas toda una vida dedicada al estudio de la Medicina se torna imposible. Pero si reseñaré algunas de sus obras más destacables y, desde luego recomendables.
Una de las principales, el enigma de la modorra. La epidemia de los guanches, una obra escrita conjuntamente con Conrado Rodríguez Martín, bioantropólogo, al que también tengo el gusto de conocer. Dicha enfermedad se enmarca dentro de lo que se ha denominado colonialismo biológico y fue determinante en la derrota final de los guanches por los castellanos. En realidad, nunca se sabrá a ciencia cierta qué fue la modorra o a qué enfermedad actual corresponde, pero sí se han despejado las incógnitas más importantes de esta enfermedad a tenor de los síntomas que proporcionan los cronistas y los médicos contemporáneos.
Otra de sus obras Páginas médicas canarias de ayer, fue escrita junto con el autor Víctor García Nieto, en el hace un recorrido por la medicina del siglo XIX y XX.
Pero sin lugar a dudas, una de sus obras predilectas es su tesis doctoral que posteriormente sería publicada como tratado. En ella Justo Hernández desarrolla de manera pormenorizada todos los detalles y curiosidades del la medicina del Renacimiento. Una época que según el autor, le fascina y se merece horas y horas de estudio. “La medicina, igual que el pensamiento o la arquitectura, evoluciona y esta época es el exponente más destacable de esta evolución”, quiso manifestar.
El escritor y profesor, entre muchas cosas, califica de “admirable”, personajes como Hipócrates que supo adelantarse a su época. “Una mente renacentista, sin duda”. |
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Escudo de la Sociedad Canaria de Historia de la Medicina.
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Este artículo ha sido publicado en la Revista Digital Angulo 13 en el mes de octubre de 2007 con la expresa autorización de su autor. |
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