LA GUERRA DEL HOLANDÉS

Columna de opinión del comunicador Carlos J. Pérez Simancas

LA GUERRA DEL HOLANDÉS

© Carlos Jesús Pérez Simancas

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Al Almirante Pieter Van der Does  se le dio el mando de 73 buques de guerra, con lo que los Estados Generales de Holanda querían asestar un duro golpe a los odiados españoles. Sus órdenes eran claras, acometer a los enemigos de la República en sus propias aguas, cortar las comunicaciones entre España y sus territorios ultramarinos y atacar los barcos españoles y portugueses que se cruzasen por el camino.
En la historiografía holandesa (la española pasa muy por encima) la empresa de Van der Does ha pasado sobre puntillas y es casi desconocida. Fue un auténtico fracaso, donde la mayor flota de guerra holandesa (estamos hablando de buques de guerra, no de transportes) reunida hasta entonces fue de derrota en derrota.
Una vez realizados todos los preparativos, la Armada por fin puede hacerse a la mar el 28 de mayo de 1599, una vez incorporados los galeones de mayor porte, zarpa con rumbo sur, hacia España.  Después de atacar La Coruña e intentar la invasión de Cádiz, Van der Does decide poner rumbo a las islas Canarias. La lejanía con el territorio continental y sus exiguas defensas las hacían un objetivo más que asequible.

Con las primeras luces del 26 de junio de 1599 el holandés, con su armada compuesta por 73 navíos empavesados y una tropa de cerca de 12 mil hombres, entre soldados y marinería, se presentó frente a la ciudad de Las Palmas.  La toma, el saqueo e incendio de Las Palmas de Gran Canaria por el holandés es un episodio bastante conocido. Mucho menos conocida es la presencia de Van der Does en La Gomera.

Así recogió José Viera y Clavijo, en su libro “Descripción de La Gomera “la incursión en la isla de Hautacuperche:

“Lo que pasó en la isla de La Gomera, que es una de las Canarias, y del valor de aquellos buenos vasallos, es justo quede en memoria. Sucedió un martes, 13 d junio de 1599, habiendo echado en tierra el enemigo siete compañías de mosqueteros, piqueros y arcabuceros y desembarcado 150 hombres mosqueteros, que a un mismo tiempo marchaban con los demás a la sorda, por diferente camino, sin son de caja. Los de la villa enviaron siete soldados de los suyos que reconociesen el paso del enemigo, y en particular la manga de 120 y, si viesen la ocasión acometiesen. Así lo hicieron en la ladera que está sobre el puerto, cerca de la ermita de San Sebastián, y les ganaron las armas, sin haber muerto ni peligrado ninguno; sólo salieron los cinco de ellos heridos. Estuvo el enemigo en as islas haciendo el daño que pudo hasta 8 de julio. Los naturales le mataron 2.000 hombres y con la artillería le echaron al fondo la capitana y algunas lanchas y vasos». Sin duda que ver espartanos en La Gomera es uno de los más bellos espectáculos de la historia moderna de nuestras islas. Reservamos para otro libro dar noticia puntual de lo que sucedió en la Gran Canaria, adonde se dirigió este armamento después que le salió tan mal su tentativa en La Gomera. ¡Qué equivocado escribía el autor de Historia metálica de Holanda, cuando sienta que el almirante Van der Does tomó y saqueó la Villa de La Gomera! Sólo es cierto que los holandeses quemaron la ermita de Santiago, en el distrito de Alajeró; que maltrataron la antigua torre, en donde se solían guardar los caudales de las flotas de Indias que se refugiaban allí, y que se llevaron la artillería, os archivos de a isla y la campana mayor de la parroquia. ”

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El bueno de Viera y Clavijo exagera un poco en el número, pero lo que sí está claro, es que un reducido número de gomeros emboscados, permitieron que la población de la villa de San Sebastián pudieran evacuar y llegar a cotas más altas´. Los holandeses escribirían que los isleños eran como perros por como corrían por los riscos.  Lo que aconteció en esas horas fue un episodio digno de las guerras médicas .Así se dispusieron los peones en el tablero de la batalla: Por un lado los holandeses armados con mosquetes, alfanges, espadas y morriones. Y por otro solo 11 gomeros con lanzas. Murieron 107 holandeses de los 800 que desembarcaron en la rada capitalina. Entre los 11 gomeros, 5 heridos de poca consideración. Parecía una hazaña tan increíble que los capitanes de la isla acudieron al lugar de la batalla con escribanos que dieron: “fe de haber contado los cuerpos muertos y haber visto mucha cantidad de los dichos mosquetes en poder de los dichos once soldados naturales y de otros que ansí mesmo les acudieron, que llegaron al despojo de los dichos muertos…”

Todavía sin digerir la derrota, Van der Does que ya había fracasado en Gran Canaria donde también salió derrotado por un número inferior  en la batalla del Batán, decide poner rumbo al sur de la isla de La Gomera, para restablecer fuerzas y evaluar la situación.  Había tomado dos capitales de islas pero con un precio humano muy alto entre sus filas.

Fondea en la cercana bahía de Playa de Santiago, donde junto a la playa instala su campamento. Las crónicas populares cuentan que aquellos piratas, como así los denominaban, estuvieron unos tres días aprovisionándose,  para lo que luego sería su incursión en el Caribe español.

Guerra Holandés
Tal y como refleja un manuscrito del siglo XVII , Van der Does en un gesto de rabia, prende fuego a la primigenia ermita de Santiago Apóstol; que se erigía  en la desembocadura del Barranco de Santiago.
En este manuscrito de 1774 se hace una descripción precisa del Valle de Santiago, este documento fue entregado por  la historiadora gomera, Gloria Díaz a mi abuelo Sito Simancas. En él podemos sacar este extracto esclarecedor:”Estuvo en él  una antigua ermita de Santiago, que aún se dejan ver sus ruinas; duró hasta cerca del año 1570, en cuyo tiempo arruinó y quemó el holandés en una invasión que hizo en esta isla”.

Vestigios de la llegada de Van der Does en Playa de Santiago.

Siempre me contaron que el origen del nombre del barrio de Colón, sito en Playa de Santiago,  le debe su nombre a que allí  paró el mismísimo almirante de la Mar Océana. Yo creo, y esto es una teoría particular mía; que en el imaginario popular se quedó impregnada la historia del desembarco de aquel almirante holandés.  Por lo que las dos historias pudieron confundirse y cambiarse por la de Colón que daba más caché histórico.

Van der Does bien pudo elegir este emplazamiento por varias razones: la primera sería que la bahía era idónea para el fondeo de las naves, donde podrían ser resguardadas de los vientos del Noreste que azotan en esos meses del año. La segunda, pudo levantar el campamento en esa parte de la playa por razones defensivas, por un lado protegido en su vanguardia por una pequeña laguna, laguna que existió hasta la década de los 70 del siglo XIX, donde podría proveerse de pescado y algunas aves marinas, y por el otro lado en su retaguardia,  donde el mar y los cañones de sus 73 navíos hacían difícil cualquier aproximación. La tercera la abundancia de comida, tal y como habíamos dicho con anterioridad y la cantidad de agua dulce en el valle, hasta 1906 bajaba un riachuelo por el barranco.

GuerraHolandésOtro posible recuerdo de su paso por la comarca de Playa de Santiago, aquí vuelve a entrar mi particular teoría, puede ser un topónimo que pasa casi desapercibido y  que bien podría recordarnos  que por allí pasó la armada del holandés.

El roque del Francés que así se llama un pequeño peñón,  donde se puede divisar cualquier movimiento en un radio de 270 grados, que se encuentra en la cercana lomada de Tecina.  Allí cuenta la historia popular, que un pirata francés vivió en una cueva que se encontraba cerca de ese emplazamiento.

 No deberíamos olvidar que cualquier europeo de la época era denominado inglés o francés. Tenemos un ejemplo de ello en la isla de Gran Canaria, donde la visita del propio Peter Van der Does a Maspalomas, para enterrar a sus muertos y abastecerse de agua y leña, hizo que los lugareños bautizaran esa ubicación como “La Playa del inglés”. Así que, ¿por qué no pensar que en ese roque de Tecina, el caballero holandés pudo haber enviado una avanzadilla para vigilar cualquier posible movimiento de los gomeros. Y ese hecho, nos llega a nuestros días en forma de tan resonante topónimo.

Resumiendo el ataque de la armada de Peter Van der Does a la isla de La Gomera, pide a gritos ser redescubierta. Desde mi modesto parecer hay pequeñas pistas, que dan a entender que las pequeñas historias de nuestros pueblos son más fascinantes de lo que podemos pensar. Y e mi pueblo natal a cada paso que doy más me seduce su historia.

Por lo tanto me he propuesto traerles, a esta página de Ángulo 13,  pequeñas historias que se hallan ocultas en los diferentes barrancos de la isla que silba. ¡Hasta la próxima historia amigos!

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