LA ISS NO ES UN BÓLIDO

LA ISS NO ES UN BÓLIDO
© Juanca Romero Hasmen / Diario de Avisos
Ridículo es lo que han hecho esta semana algunos pseudocientíficos de vagoneta y docente pasillito, cuando se aventuraron a afirmar con rotundidad en las Redes Sociales que lo que se había visto en los cielos tinerfeños a las 21:45 horas del pasado martes, era la Estación Espacial Internacional (ISS). Pero pongamos a los profanos en situación.
Pasadas las diez de la noche del martes, comenzó a brotar en Facebook y Twitter un hervidero de comentarios en los que se afirmaba que un rato antes había surcado nuestro cielo una marcada línea de tonalidades verdosas que al rato se dividió en varias partes hasta desaparecer cerca de la superficie terrestre. Sin duda alguna, el extraño fenómeno está lejos de conceptos platilleros, y si muy próximo a la posibilidad de que se tratase de un bólido o chatarra espacial. Hasta aquí, todo más o menos normal si no fuera porque desde el minuto uno saltaron los dóberman de laboratorio y ordenador, para con mofas y mañas despectivas, afirmar que los usuarios de las redes se dejaran de especular y fantasear porque aquello era el trazo marcado por la Estación Espacial Internacional (ISS, que justo esa noche hacía su habitual pasada sobre nuestras cabezas. Y la estupidez se hizo presente, impropia de gente de ciencia seria, cuando evidentemente no prestaron ni un minuto para leer con detenimiento los reportes y analizar los videos y fotos recogidos. Si hubieran chequeado todo este material gráfico, se percatarían de que la ISS pasó a una altura muy superior y lo hizo unos segundos después. Resulta verdaderamente cansino asistir un día y otro también al payaseo verbenero en el que los belloteros negacionistas se encharcan con la única motivación de ningunear a todo el que piense y se exprese de forma diferente.
Si lastimero resulta que haya toca óvalos autodenominados como científicos pululando por las redes sociales, mucho más penoso  es que hombres y mujeres de ciencia se aventuren a hacer el ridículo de forma periódica, guiados por la cerrazón, muchas veces impuesta. Conozco a grandes científicos que literalmente tienen miedo a expresar públicamente su interés por lo sobrenatural, por explorar los límites de lo inexplicable. Miedo a ser vilipendiados por sus propios compañeros y por la mafia asociativa en la que se esconde un puñado de amarga fiestas y desprestigiados opinadores de acrecentada bilis. Lo de esta semana relacionado con la ISS es una simple anécdota en medio de la constante porqueriza en la que algunos eligen revolcarse. Durante décadas hemos asistido a los virulentos embates de los de académica postura, los primeros que deberían estar abiertos a todas las posibilidades por irrisorias que puedan parecer. Hacen el ridículo constantemente, y ahora gracias a las nuevas tecnologías y a la imprudencia, todos somos testigo de ello.

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