La Sombra de GAUDÍ

Entrevista con la arqueóloga y escritora, Alex Guerra Terra

La Sombra de GAUDÍ

© Juanca Romero Hasmen

Antoni Gaudí i Cornet nació el 25 de Julio de 1852 en Reus, cerca de Tarragona, hijo de un forjador y con una vida marcada por la muerte de su madre siendo aún muy joven. Después de trabajar como aprendiz de forjador (lo cual le sirvió de base para su excelente trabajo con el hierro), Gaudí comenzó sus estudios de arquitectura en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona. De él conocemos más de su vertiente esotérica –que la tiene-, que de su propia vida, llena de luces y sombras. Precisamente acaba de ver la luz una de las obras más exquisitas referidas a la vida del genio, que en formato de ensayo novelado, hace un exhaustivo recorrido por su biografía. “LA SOMBRA DE GAUDÍ”, es el nuevo libro de la arqueóloga y escritora ALEX GUERRA TERRA, y precisamente con ella he podido entablar una agradable conversación esta misma semana.

Alex Guerra Terra, arqueóloga y escritora

Alex Guerra Terra, arqueóloga y escritora

Puestos  a asignarle a Antonio Gaudí un color para etiquetar su obra, ¿predominarías luces o las sombras? ¿Y en lo referido a su vida? –Hola Juanca, ¡empezamos bien! Es una muy buena pregunta, porque como siempre digo, existe un fuerte contraste entre el aspecto gris de su personalidad, al menos aparentemente, y el vivo colorismo de su obra. Y eso desconcierta. Por eso es un punto en el que trabajo especialmente en “La sombra de Gaudí”. Creo que las sombras que predominaron en su vida social y privada, sobre todo provocadas por las trágicas circunstancias que le tocaron vivir y que le afectaron profundamente, se convirtieron, gracias a una suerte de alquimia, en esas hermosas luces que se reflejan en su obra, que mezcladas con las sombras y los colores, producen ese efecto único, mágico, inquietante, que le caracteriza. Él, sin duda un místico, un ser especial, supo canalizar sus frustraciones personales en una riqueza espiritual que volcó a raudales en su genial obra.

En ocasiones hemos oído hablar de Gaudí como un visionario, ¿es acertado este adjetivo? –Totalmente. Sólo basta echar un vistazo a su obra, original, genial. Claro que tuvo sus variadas fuentes de inspiración, pero no copió ningún estilo, creando más bien un estilo único e irrepetible que cambió la historia de la arquitectura y el rostro de la ciudad donde vivió y realizó la mayoría de sus obras: Barcelona. El gótico, el modernismo y la naturaleza se mezclaron en sus proyectos arquitectónicos magistralmente, con guiños de numerosas sociedades mal llamadas “secretas”, como la masonería o la alquimia, que conocía a la perfección y que aparecen reflejadas abundantemente en la iconografía de su obra, tanto pública, como privada y religiosa.

¿Encajaba Antonio Gaudí en la sociedad de la segunda mitad del siglo XIX, principios del XX? –Creo que sí, que estaba bien integrado en la sociedad en que vivía, sobre todo en la primera etapa de su vida profesional, cuando aún creía en esas ideas obreristas y utópicas que llegaban de Francia e Inglaterra y que se reflejan en su obra (en la Cooperativa Mataronense, por ejemplo), hasta principios del siglo XX en que los convulsos hechos históricos, de los que hablo en mi novela, como las huelgas anarquistas de junio de 1902, o la Semana Trágica de julio de 1909, dejan en evidencia una clase obrera desesperada, cada vez más sumida en la miseria, y totalmente desprotegida por la burguesía y la iglesia. Esto produce una profunda decepción en Gaudí, quien hasta ese entonces aún creía posible una armonía entre burguesía, iglesia y clase obrera, que no existía sino en la teoría, y en forma de pensamiento paternalista, más que de auténtico interés. A partir de estos hechos el Gaudí hombre se va encerrando cada vez más en sí mismo, convirtiéndose en un ser taciturno, casi en un místico, alejado de las tentaciones de la carne y la sociedad materialista, y cercano a la espiritualidad y a Dios, de quien, según él mismo decía, le llegaban las instrucciones para su trabajo.

Sobre Antonio Gaudí se ha dicho y escrito mucho, quizá rodeándole de imprecisiones. Pero vayamos por partes, ¿Es cierto que apenas dejó escrito o plasmado en planos y bocetos la mayor parte de su legado artístico? –Sí, es cierto, no gustaba de dibujar planos y trabajaba más con maquetas, de la misma manera que no le agradaba escribir, por lo que hay muy pocos documentos escritos que nos aclaren aspectos de su personalidad e incluso de su vida profesional. Tampoco era amigo de conceder entrevistas a los medios de comunicación. Si a ello le sumamos los incendios sufridos en la Sagrada Familia durante la Guerra Civil española,en los que se perdió gran parte de su legado, tenemos muy poco material sobre el cual trabajar para reconstruir su vida, lo que por supuesto, fue lo que ayudó a avivar la llama de las múltiples especulaciones y por lo tanto, como bien dices, imprecisiones, que se han tejido sobre sus inquietudes intelectuales y sus aspiraciones.

¿Se convirtió La Sagrada Familia en una arteria fundamental en la vida de Gaudí?

-Desde luego. Él se encarga de la obra a partir de 1883, cuando aún estaba trabajando en la Cooperativa Mataronense, y con el tiempo, no demasiado, el templo le fue cautivando hasta absorberle completamente a partir sobre todo de un hecho importantísimo en su vida: la muerte en 1918 de su gran amigo y mecenas, Eusebi Güell. A partir de ese momento, Gaudí queda libre para dedicarse al templo expiatorio, donde pasa la mayor parte del tiempo, hasta por fin mudarse definitivamente a un pequeño espacio contiguo a su taller, en 1925, algunos meses antes de su fallecimiento, el 10 de junio de 1926.

La Sombra de Gaudí, nuevo libro de la escritora Alex Guerra Terra

La Sombra de Gaudí, nuevo libro de la escritora Alex Guerra Terra. Sin duda, una lectura recomendable

Apenas rozando los aspectos esotéricos… ¿la masonería era para el genio Gaudí, parte de su vida? –La masonería experimentaba un auge, una gran expansión a finales del siglo XIX y principios del XX; no cabe duda que era parte de la vida de Gaudí, como lo era de la mayor parte de la sociedad “pudiente” catalana de la época, para la que Gaudí trabajaba. De ahí la presencia recurrente de símbolos masónicos en su obra, que reflejan el profundo conocimiento que había adquirido sobre esa sociedad, y sobre otras también, lo cual a mi entender, no significa que fuera masón. Siempre ha habido una estrecha relación entre simbolismo y arte, y concretamente entre simbolismo y arquitectura, que establece un lazo hacia la historia, una voluntad afectiva, que emerge o desaparece según el interés del momento, y que se materializa, o se cristaliza, en el símbolo como vehículo portador de esa historia, de esa memoria que se desea recuperar, o perpetuar. Es en este contexto, creo, que Gaudí utiliza toda esa rica simbología en sus edificios.

En tu novela “La Sombra de Gaudí”, nos muestras con acierto la vertiente personal, más humana de Antonio Gaudí i Cornet, ¿Hasta dónde sorprende el hombre frente al creador? –Pienso que hombre y creador son indisociables, y que por lo tanto esa imagen gris, taciturna que tenemos de esa poco y mal conocida figura que es Gaudí, es equivocada y sólo refleja el aspecto mundano del hombre, que era en realidad un ser vivaz y lleno de vida interior y espiritual que plasmaba hasta en el más mínimo detalle de sus obras. Claro que con el tiempo ese aspecto exterior fue haciéndose cada vez más gris. Pero el Gaudí joven era un hombre sorprendente, apasionado, que lamentablemente no recibió lo mismo por parte del sexo opuesto, no se sabe muy bien por qué, aunque intento dar una explicación en la novela. Te contaré en pocas líneas una bellísima historia, que recreo en una tarde de tertulia de amigos en Els Quatre Gats, de “La sombra de Gaudí”. Una historia que comienza cuando él era un estudiante y conoce a una joven extranjera de la que se enamora profundamente, pero de forma platónica. Años más tarde, en un viaje en tren por Europa, vuelve a buscarla con la esperanza de propiciar un encuentro y sin embargo, cuando llega al pueblo no la localiza, y ya de regreso en el tren, la ve desde la ventanilla con alguien, supuestamente su esposo. Él, desesperado, se sube a los asientos para perpetuar más la imagen de la joven en su retina, llorando desesperado. Esta historia no está probada documentalmente, pero se le atribuye a través de un poema de su buen amigo Joan Maragall, “Una calaverada”.

¿Hay alguna creación suya, que por sencilla o poco lucida o mostrada, ha pasado inadvertida y que no deberíamos dejar de admirar? –Bueno, hay varias, desde pequeños elementos como farolas o bancos que ni se sabe que están diseñados por Gaudí, hasta casas particulares o talleres menos monumentales que los tan nombrados y visitados de siempre. Podríamos hablar de tantos… Pero puestos a elegir, te mencionaría la Casa Vicens (uno de sus primeros proyectos), que aunque bastante conocida, no es de las más famosas y para mí es especial porque está situada en el que fue mi barrio durante más tiempo y el más querido, Gràcia, y además porque ha sido puesta en venta recientemente, poniendo en peligro su perpetuidad como casa, ya que fue comprada por la banca andorrana. Afortunadamente, la banca no ha decidido, como ya ha pasado en otras ocasiones con este tipo de edificio histórico, convertirla en una sucursal bancaria, sino adecuarla para su visita cultural, con lo cual aún ha mejorado la situación, ya que anteriormente estaba en manos de particulares y no era visitable.

¿“La sombra de Gaudí”, que quiere mostrarnos en sus páginas? –Además de tratar hitos históricos, por deformación profesional y para relacionarlos con la evolución de Gaudí, y el tema de los fenómenos paranormales, que es tratado aquí en consecuencia de las conversaciones del protagonista con el espíritu del arquitecto, principalmente he querido dar un planteamiento diferente a su figura, tan manipulada. Hasta ahora situarle en clave esotérica o paranormal se ha utilizado bastante, pero en “La sombra de Gaudí” esta es sólo una excusa para contar una historia. Por lo tanto lo que yo hago, es exponer algunos de los aspectos de los que normalmente se habla sobre el arquitecto, pero me ciño a los datos probados documentalmente, y además, añado mi propio punto de vista, que es la licencia, la flexibilidad, que ofrece la ficción. Exploro el mundo interior de Gaudí pero sobre todo, es un homenaje a su genialidad inspiradora, escrito desde el cariño y con profundo respeto.

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