Las otras prácticas en Chamoco

Las otras prácticas en Chamoco

© Juanca Romero Hasmen

Con muchas, muchísimas las personas que ataviados con ropa cómoda y una pequeña mochila, se integran por el serpenteante sendero del Barranco de Badajoz (Chamoco) para encontrarse consigo mismo. Cansados de los ajetreos diarios y perseguidos por la fina sombra del estrés, acuden en busca de la calma y la perfecta simbiosis con la naturaleza. Solitarias en muchos casos o con un acompañante en otros, estas personas llegan hasta un punto concreto y previamente definido donde con calma y reposo, inician algún tipo de meditación, ayudados por el propio sonido natural o mediante suaves melodías que ejecutan con algún dispositivo de audio. El fin que persiguen es encontrar la perfecta simbiosis entre el yo terrenal y el yo esotérico o místico. En esta búsqueda se pretende entrar en contacto con el plano natural y elemental de las cosas y establecer lazos con los denominados seres espirituales o elementales. No en pocas ocasiones he coincidido en el lugar con personas que persiguen este objetivo. Más allá de lo que pueda parecer, estamos hablando de gente con diferentes estatus sociales y preparación académica muy cualificada en alguno de los casos. Esto lo digo porque la tendencia generalizada es la de considerar a estas personas algo así como colgados o cosas peores, pero una vez que te sientas a charlar con ellas, más allá de que compartas sus teorías o no, acabas admitiendo que sus planteamientos en muchos casos están fundamentados desde la fe y las creencias, y sobre eso amigo lector, sobre eso no se puede ni se debe hace debate. Cada uno es libre de creer en lo que quiera.

Bajo las túnicas

No se trata de personas solitarias ni de pequeños grupos de meditación o crecimiento espiritual. De lo que hablamos ahora es de rituales más o menos fundamentados y que llevan implícito algún tipo de práctica iniciática o de invocación. Palabras casi malditas como satanismo o luciferismo nos puedan parecer exageradas en este caso, y no seré yo quien alimente este tipo de creencias ni quien potencie el lugar como espacio adecuado para estas prácticas, pero lo cierto es que para muchos, el Barranco de Badajoz se ha convertido en punto de reunión bajo la sombra de la sospecha satánica. ¿He podido encontrar algo que pruebe que estos rituales se celebran aquí? La respuesta es no. Muchas personas que afirman haber visto a otras vestidas con hábitos asotanados en el barranco, han dado por hecho que se trataban de prácticas de corte satánico simplemente por las vestimentas y sonidos que provocan, pero la realidad parece llevarnos hasta otro tipo de prácticas más relacionadas con el espiritismo y el contactismo. ¿Sectas?, quizá sea exagerado otorgarles tal denominación, pero hay algunos aspectos que coinciden con este tipo de agrupaciones. La presencia de un maestro o guía, invocaciones hacia algún tipo de divinidad o ser supremo, la puesta en escena etc. En el Barranco de Badajoz aún hoy en día se siguen realizando este tipo de prácticas aunque todo hay que decirlo, con un escaso número de seguidores y con una marcada tendencia marginal y teatral. La posibilidad de contacto con un ser superior llegado de otro Universo, con información aventajada acerca del futuro y las vías para manipularlo, parece ser viable para estas personas que muy de vez en cuando y variando sus puntos de reunión por toda la isla, se encuentran en el Barranco de Badajoz para realizar lo que ellos llaman Acto de Encuentro Universal. Amigo lector, no es probable que en su visita al barranco llegue a encontrarse con este tipo de grupos. Ellos eligen muy bien los puntos de encuentro, y las horas para hacerlos. De cualquier modo considero que debe primar el respeto hacia cualquier tipo de culto siempre y cuando este esté dentro de los cauces legales y del respeto a las libertades. Yo después de las muchas ocasiones en las que he visitado el lugar, jamás me he topado con nadie que llevara túnicas ni que pronunciara palabras de invocación o cánticos rituales. Jamás he sido invitado por nadie a participar en ninguno de estos actos y debo reconocer que me hubiera gustado vivir desde dentro, con la visión más analítica posible, uno de estos supuestos contactos. En fin, quizá en este caso cabe decir lo mismo que con las meigas… haberlas haylas.

Santería y sacrificios animales

Sin lugar a dudas la santería ha ganado terreno en la última década de forma alarmantemente en las Islas Canarias y más concretamente en Tenerife. Sociológicamente se ha comprobado que el aumento de este tipo de prácticas está relacionado de forma equiparable al fuerte aumento de la inmigración proveniente de países donde son más o menos habituales. El Barranco de Badajoz es uno de estos lugares. En muchas ocasiones y con relativa facilidad, el visitante puede encontrarse con restos de una de estas prácticas y que nunca deben confundirse con las secuelas que dejan algunos campistas amigos del desorden y la suciedad. Las pistas son las siguientes: Restos de cera de vela, apilamientos más o menos organizados de piedras, marcas en el suelo realizadas en la propia tierra o con el hollín obtenido de alguna pequeña hoguera o fogata. En otras ocasiones estos indicios son mucho más evidentes encontrándonos restos de aves tales como palomas o gallinas. Babaluaye, Oya, Shangó, Yemayá, son algunos nombres de los orishas que se veneran durante estos pseudorituales. Pero conozcamos un poco más sobre el asunto: En honor a la verdad hay que decir que no toda las prácticas santeras llevan implícito el sacrificio animal. En la mayoría de las ocasiones se utilizan como herramientas de trabajo objetos tales como los caracoles, los cocos, cigarros puros etc., para alcanzar el punto de adivinación o de presagio. El sacrificio animal según esta creencia, nunca debe hacerse de forma antojosa o al libre albedrío. Cada uno de estos sacrificios responde a una solicitud que mediante la adivinación, algún orisha ha realizado para poder resolver la situación de la persona afectada. Se realizan en situaciones de enfermedad o algún problema de carácter grave. Los animales también son ofrecidos durante la consagración de algún nuevo sacerdote o sacerdotisa en el momento de su iniciación ya que en todo nacimiento existe el derramamiento de sangre como ley natural.

Por lo general los santeros/as actúan en sus propias casas, pero no en pocas ocasiones hemos podido encontrar restos de estas prácticas diseminados por diferentes puntos de la geografía insular. El ritual de sacrificio comienza con un cántico previo en el que se resalta la importancia de la vida y la inevitable acción de la muerte que tarde o temprano llega a todos los seres humanos así como a los animales. Después del sacrificio si el animal no fue utilizado para limpiar a la persona de alguna enfermedad o desgracia, es comido por todos los participantes en la ceremonia. Si por el contrario el animal fue utilizado para una limpieza, entonces es llevado al lugar que el orisha indique para completar el acto de ofrecimiento. Según estas creencias, el animal no debe ser comido en estas circunstancias porque estaríamos digiriendo la enfermedad o infortunio de esa persona y se pasaría a los comensales. Este tipo de ofrecimientos siempre debe realizarse con las dos manos y un corazón abierto.

Así pues, aunque estas prácticas pudieran parecernos cuando menos cruentas o insanas, no debemos dar la espalda a una realidad más que palpable y que actualmente está instaurada en nuestra propia sociedad. Barranco de Badajoz ejerciendo su potencial energético y espiritual, actúa para este tipo de creyentes como polo imantado y centro de poder en el que el contacto con las divinidades se torna más claro y directo.

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