Luces y taquígrafos frente a la Santería

Entrevista con el escritor, periodista e investigador, Luis Manuel González Maristany

Luces y taquígrafos frente a la Santería

© Juanca Romero Hasmen

Hay cuestiones que inevitablemente llevan adosadas el sello de controvertidas, cargadas de un halo de sincretismo más o menos justificado que a muchos llega incluso a darle miedo de afrontar o tratar en un foro o punto de encuentro entre curiosos, lectores, oyentes o televidentes. Es el caso de la Santería, que automáticamente asociamos ocultismo a malas prácticas o yendo más allá, a cultos relacionados con la maldad. Esta semana he podido charlar detenidamente con Luis Manuel González Maristany, autor de “Ashe”, un riguroso y completo libro en el que la verdad sobre estas religiones afrocubanas se muestra con luces y taquígrafos.

Página dominical ANGULO 13 en DIARIO DE AVISOS (6 de julio, 2014)

Página dominical ANGULO 13 en DIARIO DE AVISOS (6 de julio, 2014)

Es tu libro “Ashe”, un estudio sobre religiones afrocubanas. ¿Son éstas las grandes desconocidas? -Desde cierto punto de vista, ya lo son menos. El problema radica en la mezcla aleatoria que hacen algunos practicantes y que desorienta al ciudadano común. Éste último, sin mucha información y siguiendo la lógica elemental, identifica igual a vertientes bien diferentes del espectro religioso del Caribe: Abakuá (no exactamente una religión), Regla Conga (Palo), el Espiritismo “cruza’o” (cruzado, mezclado) del oriente cubano, y así llega al exterior una imagen algo distorsionada de la expresión más estilizada de las religiones afrocubanas: la Regla de Osha, o Santería, inseparable de otra cercana como el Culto de Ifá. Ashé. Iniciación a la Santería pretende, con la mayor sencillez, explicar cuáles son los elementos que identifican a la Regla de Osha y satisfacer la curiosidad de todo el que se interese por cualquier razón: intelectual, académica, cultural, social.

¿Se ha estigmatizado sin fundamento a la santería? -Y con fundamento también. Pero intentemos poner orden. Por una parte, en la Santería no sólo existe la magia -que no brujería. Es también una actitud ante la vida, una forma diferente de vivir la espiritualidad en la que el iniciado asume compromisos no sólo con sus deidades sino con su entorno a todos los niveles. Digamos que la magia supone, como mucho, el 30 por ciento. Y de ese por ciento, muy poco alcanza esa apoteosis que supone un reto ético, y aún estético, para la sensibilidad actual. El componente ético permanecerá inmutable porque, según lo establecido en la literatura doctrinal, no hay otro modo de solucionar un grave problema cuando las circunstancias lo exigen. Sin embargo, los sacrificios no son, ni de lejos, la hecatombe del ritual griego del período clásico en el que se degollaban 100 bueyes (ekatombaios) en una mañana. Como mucho una codorniz, o una gallina de guinea, tal vez un baifo, para contrarrestar algo extremadamente acuciante para quien lo sufre. Pero siempre en caso excepcional y puntual, porque hay muchas otras soluciones. De lo estético se queja también una buena parte de los sacerdotes cada vez que conocen que “una obra” que debió tener cierto destino, la deposita el beneficiario perezoso en un lugar concurrido porque es más cómodo y cercano, cuando bien pudo tener la delicadeza de tomarse su tiempo y llevarla fuera de la ciudad o a un lugar apartado donde no ofenda la sensibilidad del resto de vecinos para quienes esas prácticas son ajenas, por decir lo menos.

Sin duda, la santería tiene su especial “caldo de cultivo” –si se me permite la expresión- en algunos países caribeños. ¿Lo que llega a las Islas Canarias y por extensión al resto de Europa es un sucedáneo, una caricatura irreconocible de la original? -La Regla de Osha parte de supuestos universales. El Hombre es el mismo en todas partes y en todas las épocas, con las mismas necesidades y los mismos sentimientos. He ahí una de las claves de su aceptación donde quiera que se instaure. Ahora bien, otra cosa es el enfoque con que la vive el individuo que se le acerca. Joseph Smith y Brigham Young reinterpretaron las sagradas escrituras y hay por ahí mucha gente satisfecha con el Libro de Mormón. A Canarias ha llegado de todo. También sacerdotes muy serios, apegados a las tradiciones de sus “casas de santo” -familia religiosa- donde una profanación o una tergiversación del ritual es muy mal vista. Personas que viven con mucha fe su misión, su, digamos, “apostolado”. Con mucha humildad, seriedad. Con compasión y solidaridad con el que toca a su puerta. Recordemos que, aún en Cuba, no todos acudían abiertamente. Se cantaba años atrás una canción muy simpática que decía: “Hay gente que dice que no cree en ná y va a consultarse por la madrugá”. Imagino que aquí ocurre otro tanto. Por ello, por el riesgo de desafiar la aprobación social y porque la vicisitud de cada quien sólo la conoce el que la sufre aunque a otros en la misma situación parezca menor, es que muchos sacerdotes se sienten identificados con el que se le sienta delante en la “vista” (consulta del oráculo). Inescrupulosos hay en todas partes pero por cuatro curas pederastas el mensaje cristiano no pierde su esencia.

Ashe, libro del escritor  Luis M. González Maristany

Ashe, libro del escritor
Luis M. González Maristany

Llama la atención que estando nuestro archipiélago tan cerca del continente africano, sin embargo la influencia de estas prácticas nos haya llegado desde América. ¿Cómo se produjo este periplo? -La lógica está detrás de los lazos históricos de Canarias con Cuba, los cuales se han difuminado tras la más reciente emigración a Venezuela. De Venezuela también llega una Osha renovada, con características muy particulares acordes al ambiente económico, social y espiritual, bastante diferente, que allí encontró el emigrante cubano. Pero no llega a Canarias sólo en el equipaje de la tercera generación. Según me comentó esta misma semana una personalidad tinerfeña con dos décadas de consagrado, los primeros atributos y rituales entraron por Icod de los Vinos en las maletas de emigrantes canarios retornados de Cuba hace más de 80 años.

En tu libro “Ashe, estudio sobre religiones afrocubanas. Iniciación a la Santería” pones puntos sobre íes en relación a estas prácticas religiosas. ¿Es verdaderamente hermético el mundo de la santería? -Todas las ceremonias lo son. En el libro sólo se habla de aspectos abiertos, fácilmente identificables. Creo. Porque me sorprendió hace unos días un sacerdote de Ifá (babalawo) al decirme que “se me habían escapado un par de cosas delicadas” (escuchó también la entrevista con José Gregorio González en el espacio Crónicas de San Borondón, de la Radio Autonómica). Como se negó a precisar qué contenido era (-“Mejor lo dejas así”, me respondió) ignoro cuál es la información que puede constituir una transgresión. En todo caso fue obtenida de una entrevista. No me hubiera atrevido a cruzar una frontera. No tanto por temor como por el debido respeto.

Conoces desde lo más profundo todo lo que representa la santería, viviéndola desde dentro durante todos los años que has vivido en Cuba. ¿Está impregnada en el ADN de la población? ¿Cómo vive un cubano/a –por ejemplo- el sentido de la santería? -Hay en Cuba una población variopinta. Con matices en la piel como en las ideas. Hay de todo. Hasta mormones. Si tomas en cuenta que la población negra triplicaba a finales del siglo XVIII y casi todo el XIX a la población blanca, es muy difícil ignorar el componente africano en todos los aspectos de la nacionalidad y gran parte de la cultura no se explica sin este elemento. Ni hubiera llegado tan lejos, como en el caso de la música, por ejemplo. También con el Marxismo llegó una cuota de ateísmo. Pero sí. Hasta el ateo, cuando oye un tambor, sabe, cuando menos, que es toque de Wemilere y no de bolero.

Luis M. Maristany

Luis M. Maristany

Deidades católicas tienen la misma imagen icónica que las propias de la santería. ¿Extraño cuando menos, no? -Ese fue el recurso del negro esclavo para poder celebrar y alabar a sus deidades. Se habla de un sincretismo, pero creo que debiera reformularse y hablar de un mimetismo. El negro, salvo contadas excepciones, era un instrumento, no un ser. Los perros que utilizaban para perseguirles cuando escapaban eran mejor tratados. Y descansaba  sólo en los días de celebración católica. Entonces no le quedó otro remedio que superponer las figuras para poder rendir homenaje a sus Orishas y puso a unos y otros allí donde hubo coincidencia de atributos. Es más que seguro que el negro tuvo que sacrificar las fechas. Pero al menos contó con la oportunidad, por ejemplo, de cantar a Shangó el día de Santa Bárbara, que tanto se le parece en lo externo.

Sin duda, este ensayo que acabas de publicar, se convierte en una inestimable fuente antropológica para la consulta. ¿Qué parte de tu obra ha sido más dificultosa para plasmar entre las páginas? -Todas fueron difíciles. Un sacerdote no te abre las puertas por tu hablar comedido ni una profesión de fe. Él no te ha llamado ni sabe tus intenciones. Más cuando son de la vieja escuela, como la mayoría con los que hablé. Tienes que demostrarle verdadero interés. Y aún así no creas que en la visita número cincuenta vas a recibir un torrente de información. Es un goteo espaciado. Y sin grabadora. Memoriza y corre a tomar notas.

¿Alguna de estas prácticas religiosas se inician desde la infancia, o las personas deben alcanzar algún grupo de edad concreto? -El atractivo de esta religión radica esencialmente en eso, en que no hay una receta general. Cada quien tiene su solución personal, a la carta. Algo tan caro al pensamiento posmodernista del que estamos imbuidos y en el que cada individuo es protagonista del Universo de  metro y medio de circunferencia que le rodea. Es sorprendente lo que ocurre cuando te enfrentas al oráculo. Y te puedes encontrar que hasta te consagren en el útero. Lo curioso, como un caso que todos conocen en Cuba, es que ese feto llegó a ser una de las voces más acreditadas hasta que murió, octogenario. Pero la consagración en edades tempranas es un hecho extraordinario y por causas de fuerza mayor como riesgos con la salud o la vida. Lo usual es asumir esta responsabilidad en edades maduras, cuando ya hay discernimiento.

Ashe, estudio sobre religiones afrocubanas. Iniciación a la Santería” ya está en las librerías. ¿Qué vamos a encontrar entre sus páginas cuando compremos el libro? -Tengo el convencimiento de que la Regla de Osha es tanto una religión como un patrimonio cultural con infinidad de facetas. He pretendido, con el lenguaje más sencillo posible y la información más fidedigna y consensuada entre las casas de santo, acercar este universo al lector curioso. Aunque, como digo en alguna parte, apenas he conseguido desgarrar el velo de su superficie.

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