MASONERÍA CRISTALINA

MASONERÍA CRISTALINA
© Juanca Romero Hasmen
Si es usted asiduo lector de esta página dominical, sabrá de mi interés por las diferentes vertientes informativas referidas a la masonería. Mi particular empeño está en poner luces y taquígrafos en todas aquellas cuestiones que se cuentan sobre estos hombres y mujeres de bien. Basta con entrar en Internet para toparnos de frente con argumentos esquizoides y ciertamente bastardos, que intentan desprestigiar a la institución, a una forma de entender la vida como la que representa la masonería. En la red de redes, y por derivación, en programas de radio, televisión y algunos artículos de la prensa escrita, los autodenominados menceyes de lo sabiondo –y muchas veces de lo “gediondo”-, presumen de ser aventajados informadores sobre asuntos que en muchos casos únicamente atañen a la masonería, pero que con redacciones llenas de despropósitos y escritas sobre papel poco higiénico, estos ególatras dicharacheros convierte en verdades absolutas.
Los masones de bien, y confirmo que son la inmensa mayoría, son sabedores de la necesidad de mostrar transparencia ante la sociedad, que viene arrastrando contaminadas sábanas con olor a naftalina y soniquetes del NODO. La masonería merece por justicia, poder abrir sus grandes ventanales sin que se le siga criminalizando por lo que no es, por lo que el pasado acuñó de forma dictatorial. La masonería actual representa modernidad de semblanza y arraigo a los auténticos usos y costumbres. Merece respeto, y por qué no decirlo, respaldo por parte de la sociedad. Ciertamente, y como es menester, las logias masónicas deben cuidarse de no realizar una apertura descontrolada, en la que puedan colarse aventureros del ego y coleccionistas de ficticios conocimientos. Es responsabilidad de cada hombre y mujer que forma parte del recorrido dentro de la masonería, aportar temple y rectitud para que sea entendida por toda la sociedad como una herramienta justa, necesaria y no tan hermética como a priori se pueda pensar. Y es responsabilidad de todos los ciudadanos, acceder de forma voluntaria a las fuentes fiables para descubrir que es realmente la masonería, cual es su sentido, y hacia dónde impulsa sus miras.
Evidentemente no es fácil la tarea, cuando en ella podemos encontrarnos con la inflexible postura de algunos que desde dentro de la institución, rechazan cualquier ventana abierta. Nos veremos obligados a cribar entre hombres librepensadores, auténticos masones, y los serpenteantes vendedores de la mentira, muchos de ellos capaces incluso de poner el título de “experto en masonería” en sus tarjetas de visita o incluso en la biografía. A ver si queda claro, un masón no se convierte en tal, únicamente porque se compre un anillo o un pin a través de Ebay o AlyExpress. La sociedad en su conjunto merece una masonería cristalina, porque además existe, es real.

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