MASONES DE CARTÓN PIEDRA

MASONES DE CARTÓN PIEDRA
© Juanca Romero Hasmen / Diario de Avisos
En incontables ocasiones, y en esta misma serie dominical, hemos tratado abiertamente algunos frentes referidos a la masonería. He escrito mucho sobre su verdadero sentido y el significado de sus prácticas, o al menos de algunas de ellas que por llamativas, merecían la pena conocer. A estas alturas, y lejos de estúpidos prejuicios, a nadie le queda la duda de que la masonería es una asociación discreta compuesta por hombres y mujeres de bien, librepensadores dispuestos a crear las bases para una sociedad mejor, desde la filantropía y los buenos valores. El buen masón no se hace notar, no es detectable por lo que representa o es, sino que actúa desde la creciente sabiduría que el estudio interior y docente le aporta. Pero sobre las correctas prácticas masónicas ya hemos hablado en muchas ocasiones y seguro habrá otras tantas para volver a hacerlo. Sin embargo esta semana quiero referirme a aquellos que por sus actos, podrían ser catalogados de malos masones. Se perfectamente que dentro de la masonería no gusta referirse de manera abierta a estos hermanos que interpretan la masonería de forma sesgada y poco ajustada a las buenas prácticas.
Parecen emerger con el mismo ritmo que los hongos de la calabaza, aquellos que buscan las puertas de la masonería persiguiendo notoriedad, algún tipo de ventaja y/o posición preferente sobre los demás. La auténtica masonería detecta prematuramente a estos personajes de rancia gomina, impidiendo incluso acercarse al primero de los escalones del necesario aprendizaje. Pero lo cierto es que la masonería como todos los segmentos de la sociedad, también tiene grietas por las que se escapan los buenos valores para dar paso a la fábrica de los egos, los intereses y avaricias. A pesar de que en todo el mundo existen logias agarradas a las antiguas y buenas prácticas, cada día es creciente el número de autodenominadas logias que se aproximan mucho a lo que es una burda sociedad en la que sus integrantes inflan el pecho por colocarse el mandil. En las puertas de estos prostituidos colectivos, se amontonan siniestros adoradores de demonios y cultivadores de los malos modos. Entre nosotros tenemos incluso políticos de plástico en el ámbito local, que a golpe de inventado poder, muestran el carnet de falso librepensador para lograr metas personales y saltar escalones como quien corretea por un oscuro patio de colegio. Lamentablemente la masonería ve como se ha colado entre sus filas, gentuza que día sí y otro también, se ajustan los crampones para aferrarse a la pirámide. El verdadero anti masón no es el retrógrado adorador de dictadores acomplejados ni de hedientes arzobispos. El auténtico anti masón es el que habiendo sido reconocido como hombre de bien, una vez dentro, muestra sus mañas… el que yo denomino masón twittero o masón de cartón piedra.

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