ME DECLARO DISIDENTE DEL PERIODISMO DEL MISTERIO

ME DECLARO DISIDENTE DEL PERIODISMO DEL MISTERIO
PREVIO
ESTE ARTÍCULO ESTÁ REFERIDO A UNOS POCOS, UNA MINORÍA. GRACIAS A DIOS, LA APLASTANTE MAYORÍA DE DIVULGADORES DEL MISTERIO, SON PERSONAS CON MUCHA VALÍA. ELLOS SON LOS PRIMEROS QUE DEBERÍAN ALZAR LA VOZ.
Al parecer hay aludidos por este artículo sin tener que estarlo.

©Juanca Romero Hasmen

Como premisa, me gustaría pedirle amigo lector, que si es usted persona de sensibilidad acentuada y buen gusto en las cosas de la dialéctica, posiblemente este no sea el artículo indicado para su lectura. En las siguientes líneas no estoy muy por la labor de guardar las formas, ya que en muchas ocasiones en las que las guardas, acaban por encharcar de podredumbre tus propios bolsillos.
El periodismo del misterio, en términos generales, huele a verdadera y auténtica mierda, y esa pestilencia se envuelve en el ruidoso papelucho de los califatos autoproclamados por cuatro o cinco comedores de caca espectral. ¿Parece fuera de tono mi comentario?… aún está a tiempo de retirarse y no leer las próximas líneas.
De veintitrés años dedicados a la comunicación, solamente doce los he dedicado al periodismo de lo insólito, sin abandonar nunca el centrado en la información general. He dirigido magazines, informativos, coordinado retransmisiones, la programación de emisoras de radio y hasta dirigido seis medios de comunicación. No lo apunto por razones de ego –que lo tengo muy bien servido-, sino por dejar claro a unos cuantos boca chanclas, lamedores de obtusos traseros públicos, que tengo tablas para repartir con los ojos cerrados a quienes agitan falsa maestría cuando lo único que han hecho en su mediocre vida, es hablar de las teorías de algunos ufólogos borrachos, y ponerse coronas de reinados hechas con el cartón de un Happy Meal.
No lo voy a negar, siempre he sido combativo con las formas y métodos de algunos divulgadores del misterio. La hemeroteca está ahí, y se puede comprobar cómo desde el minuto uno, no he reído las gracias a ningún personajillo cuando compruebo que el susodicho juega con la mentira y los malos modos. Así nació el proyecto Angulo 13, en el que siempre han tenido cabida los crédulo y los escépticos, siempre que lo que cuenten, esté sustentado en verdades. Cuando eso no ha sido así, yo mismo he sacado el látigo de la crítica. No me gustan aquellos que se autodenominan periodistas del misterio porque abanderan un montón de carroña mangoneada en los suburbios de la información. No le río las gracias a los inquisidores, ni a los come mierdas que se arrastran entorno a ellos para lamerles esa oscura raya que se muestra entre nalga y nalga.
Sinceramente, me la refanfinflan todos los que me consideran un disidente dentro de periodismo de lo insólito, y me la refanfinfla porque mi trayectoria va más allá de un simple carrusel de cuentitos de ególatras platilleros, y vendedores de lucecitas fruto de humos de porro adulterado. Me importan muy poco los infantiloides amagos de campañas de desprestigio y las chorradas que argumentan para conseguir callarme. Igual no se me ha entendido bien… ¡No me calla ni Dios! Seguiré persiguiendo a esta gentuza, a estos caciques del misterio, para darles caza, para destaparlos, para machacarlos y hacer pienso para cerdos con ellos.
Me declaro disidente del periodismo del misterio porque no estoy de acuerdo con la telaraña que un puñado de contadores de roña han creado. Son una minoría, pero dañina, perjudicial. No estoy de acuerdo con la mafia que ha montado un grupito de cuentacuentos, utilizando métodos de chusma barriobajera, cobrando impuestos revolucionarios y extorsionando a quienes no están o estamos bajo su doctrina.
Me declaro disidente del periodismo de lo insólito porque entiendo que la verdad debe prevalecer siempre, porque estoy en contra de quienes perpetúan un “misterio” por seguir sacando rédito de la mentira. Siempre he tenido la libertad para escoger en que radio intervenir, en que televisión aparecer o en que publicación escribir. Esa libertad es la que en muchas ocasiones ha servido de cerrojo para ser censurado por quienes no quieren aire fresco en sus casas… todo se acabará por saber en su momento, de eso puede estar seguro.
Mientras en los suburbios del misterio unos cuantos se afanan por atacarme y buscar el momento para la zancadilla, yo de forma casi intuitiva me acabo rascando el castañero como muestra de indiferencia. Cuando la vida es plena y uno hace lo que le gusta y encima acorde a su conciencia, no hay homilía que me perturbe. Tengo la fortuna de pivotear mi vida con otras motivaciones diferentes a las que pueda aportar el periodismo del misterio, que me resulta interesante pero no está entre mis prioridades. Aquellos que apuntan sus miras contra mí, simplemente están perdiendo el tiempo, pero no porque no vayan a obtener respuesta por mi parte, sino porque en el orden de prioridades los tengo un poco más abajo. Dicho esto, que nadie dude que los pondré en la picota cuando corresponda, sacando todas sus miserias, trapicheos –a veces con las cosas del dinero público- y deslices personales. Decía un sargento durante la mili, que la guerra se gana cuando al ataque del cañón, respondes con cuatro o cinco bombarderos. ¡Y qué caray!, quien nada tiene, nada pierde, y eso es algo que los contrarios suelen olvidar.
En fin, que puedo entender, amigo lector, que este artículo no le haya gustado. El tono no ha sido quizás el correcto, y el mensaje se ha escorado a una parcela un poco personal, pero no le quepa la menor duda de que lo aquí escrito es un mal endémico, que está extendido más de lo que pueda parecer, y protagonizado por algunos canonizados públicos que cuando sean destapados, quedarán relegados a putos cancerberos de serie b.
Este artículo tiene muy poco de periodístico y mucho de visceral, pero le recuerdo que me declaro disidente del periodismo del misterio, y quizá también de las buenas formas y apariencias elementales. En fin, no le entretengo más. Sigo disfrutando de mi profesión, con esperanza y positivad, mientras aprovecho los pocos ratos libres que me quedan, para afilar el hacha con el que cortar las cabezas de los fariseos del misterio.
Feliz día.

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