Sobre
la naturaleza de los orbes;
una metateoría
Autor: Dalmiro Ubiña
Granada 2005
Introducción
El objeto de
este ensayo es poner de manifiesto mi propuesta personal para desentrañar
un fenómeno inexplicado como el de la existencia de ‘orbes’,
esos curiosos fenómenos luminográficos que aparecen
como extras en numerosas fotografías y grabaciones de video.
Para los profanos en el tema, destacaré algunas características
genéricas de este tipo de fenómeno anómalo.
Posteriormente, pasaré a desarrollar dos hipótesis
de trabajo que explicarían (aunque de manera excluyente)
la particular naturaleza de este fenómeno. He de matizar
que creo profundamente en la naturaleza anormal de este fenómeno,
y descarto cualquier tipo de explicación ‘ortodoxa’
en aquellos casos que son claros para mí. Lo hago así
por su correlación innegable con otros tipos de anomalías
con las que se relacionan de forma muy íntima y que durante
estos años de estudio e investigación he logrado recomponer
en un curioso puzzle. Para los escepticos y dogmáticos, solo
declararles mi profundo respeto al igual que mi sólida postura
en contrario. No han sido pocas las veces que un escéptico
ha intentado explicarme, entre generosas sonrisas de condescendencia,
la naturaleza ‘normal’ y nada sobrenatural de este curioso
fenómeno.
Las alusiones a fallos fotográficos, granos de polen, insectos
nocturnos, partículas de kleenex en el objetivo, glóbulos
termales de la atmósfera, e incluso, sorpresivamente, la
posibilidad de que fuera un lucero o el planeta Venus me dejaron
como poco, estupefacto. Me resulta imposible imaginarme un insecto
de forma esférica perfecta, un grano de polen del tamaño
de una pelota de tenis o una partícula de polvo que se mueve
ella sola por el objetivo.Cabe añadir que he obviado tanto
estas declaraciones presuntamente reduccionistas de algunos escépticos
como las más extravagantes de personas que han optado por
el lado contrario. Sin embargo, respeto todas y aplicando algo de
benchmarking, he conseguido aprovechar algunos contenidos. Paso
pues a exponer sin más dilación el primer item del
tema.
1.
La Forma Perfecta
Entendemos
como orbes, aquellos fenómenos luminográficos, invisibles
al ojo humano en condiciones normales, que aparecen reseñados
en soporte fotográfico y videográfico como pequeñas
esferas, traslúcidas o transparentes, diferentes en tamaño,
color y densidad y que, dejando a parte factores físicos
naturales, no poseen una explicación natural. Pueden aparecer
en soporte fotográfico y digital, aunque a simple vista son
invisibles o indetectables. Tambien se han recogido imágenes
de orbes en formato video (la mayoría de las veces con cámaras
de video equipadas con night-shoot o fotomultiplicadores para visión
nocturna). En definitiva, aparecen como delicadas ‘burbujas
de jabón’ aunque con algunos aspectos característicos
que después definiremos.
Al parecer se conocen desde hace mucho tiempo y fenómenos
similares han sido bautizados con llamativos nombres en muchas partes
del mundo. Faery Lights, Hobbedy's Lantern, Corpse-Candle, Elf Fire,
Jack-o-Lantern, Will-o'-the-Whisp, Bob-A-Longs, Night Whispers,
Fire Faeries, Jenny Burnt-Tail , Hunky Punky, Teine Sith, Huckpoten,
Irrbloss, Les Eclaireux, Candelas, Ruskaly, Fox Fire, son algunas
de las denominaciones extranjeras para estos fenómenos similares.
Los japoneses los llaman de forma muy gráfica "hito-dama",
que significa algo así como persona-globo.

Podemos afirmar
que ordinariamente son formas móviles y que su movimiento
puede parecernos, caprichoso y errático. Algunas veces poseen
una trayectoria puramente balística, dejando un curioso reguero
en la fotografía debido a su alta velocidad. Otras veces,
las series de instantaneas muestran un movimiento pausado tipo ‘mosca’,
con trazados y circunvoluciones suaves y lentas. Su forma es perfectamente
esférica, aunque el autor posee pruebas fotográficas
de orbes con formas más exóticas (cardioides, en forma
de escudo, estrella o mórula, acampanados, etc). Desconocemos
el motivo para que estas extrañas formaciones adopten una
forma esférica pero algunos investigadores han teorizado
lo siguiente; en el mundo natural la esfera es la forma más
perfecta y de diseño más económico y en relación
a los orbes la esfera sería la mejor manera de ‘contener’
de forma económica un paquete de energía.

Ocasionalmente
se agrupan en ‘clusters’ o aluviones, formando una imagen
extremadamente densa de globulos esféricos, situados a diferentes
distancias y alturas, y con colores y densidades tambien diferentes,
y haciendo prácticamente imposible realizar un recuento numérico.
Su tamaño estandar parece ser el equivalente a una pelota
de ping-pong aunque tambien se han fotografiado orbes de dimensiones
gigantes y otros de tamaño minúsculo. Su gradación
en la coloración y en la traslucidez sugiere que efectivamente
poseen diferentes densidades y que reflejan de forma distinta la
radiación luminosa. No parecen tener luminosidad propia pero
reflejan la luz del flash fotográfico y la radiación
infrarroja. Este es un aspecto especialmente problemático,
ya que si son capaces de ser iluminados por el flash de la cámara,
tambien deberian ser detectados a simple vista. Aparcaremos este
asunto para un desarrollo posterior.
Su altura de vuelo parece ser extraordinariamente baja. Normalmente
suelen flotar a una altura equivalente a un ser humano o incluso
a ras del suelo. A pesar de disfrutar de unas propiedades físicas
envidiables, su presunta ‘inteligencia’ les lleva a
realizar complejas trayectorias de vuelo que podríamos señalar
como ‘quasi-humanas’. Podemos encontrar fotografías
de orbes subiendo escaleras cuando lo lógico sería
realizar un vuelo con trayectoria más lineal y menos compleja
por encima de los peldaños. Parecen no interactuar con la
materia tal y como nosotros lo entendemos aunque posteriormente
veremos que esto admite un par de matices.

Ya hemos comentado
que poseen una forma esférica, similar a una burbuja de jabón,
aunque destacan aspectos muy curiosos en su estructura. En algunas
fotografías se aprecia la existencia de un ‘anillo’
que cicuncinda su perímetro, anillo que observándolo
a gran detalle presenta una estrecha estructura de pequeños
flecos o filamentos difuminados, muy similares a los producidos
por una descarga electrostática. Dentro de la estructura
esférica, a veces se situa tambien una forma parecida a un
núcleo excéntrico, lo que le da la curiosa forma de
un globo ocular. Su sútil estructura y la curiosa forma de
presentación de su forma tridimensional nos hace recordar
el modelo de célula viva vista al microscopio que todos hemos
estudiado en el colegio. Los ejemplares más grandes y activos
presentan varios anillos perimetrales concéntricos de finalidad
desconocida, pero coherentes con la estructura general. 
En relación a su coloración podemos afirmar que el
color más frecuente es el blanco y sus diferentes matices
de intensidad. A mucha distancia aparece el rojo, rosado y amarillo,
y muy poco frecuentes son los orbes de coloración azulada,
púrpura o verde. Desconocemos si esta divergencia en la coloración
obedece a algún parámetro propio de su naturaleza
o bien se trata de un efecto específico de la óptica
fotográfica que lo ha detectado.
2.
Primera hipótesis: La emanación
Podemos
empezar diciendo que hasta ahora, las explicaciones dadas para solventar
el origen de estas curiosas esferas son, cuando menos, demasiado
genéricas. Un grupo notable de los investigadores piensan
que estos orbes son el cuerpo extenso de un alma desencarnada, es
decir, un ente similar a un fantasma, en donde sobrevive la parte
intelectiva de un ser difunto. Otros piensan por el contrario que
se tratan de exóticos elementos relacionados con alguna actividad
ufológica, algo así como cámaras de visión
remota o sondas de exploración con tecnología que
ni siquiera podríamos sospechar. Mis análisis me han
llevado a plantear dos hipótesis alternativas. A la primera
la he denominado la ‘hipótesis de la emanación’.
Según mi criterio, estos orbes serían la emanación
de una energía puramente humana. Encontraríamos aquí
la mítica energía mental que muchos han buscando desde
hace siglos como ondas, radiaciones, radio mental, magnetismo animal,
energía orgánica, chi, prana, mana o cualesquiera
de los nombres equivalentes. Para realizar esta afirmación
me baso en los siguientes aspectos que he observado al analizar
el comportamiento de estas esferas.

2.1 El Huevo de
la Serpiente
A.___. Los orbes
aparecen fotografiados en escenarios vitales de alta carga emotiva.
Puede ser un funeral, una fiesta de cumpleaños, el día
de la Patria o una procesión religiosa. Según el notable
investigador malagueño Antonio Guerrero, es evidente que
existe una relación directamente proporcional entre ciertos
lugares y personas fotografiadas y sus correspondientes energías
emocionales en juego.
B.___ Aunque
no siempre es así, la aparición de orbes parece estar
supeditada proporcionalmente al número de personas que se
hallen en el escenario y que se encuentren emocionalmente ‘sintonizadas’.
Digamos que se produce un efecto de resonancia que hace aparecer
un mayor número de orbes.
C.___ Los orbes
aparecen en algunos casos fotografiados en íntima cercanía
con un agente. Pareciera que surgen o emanan directamente de esa
persona en cuestión. Como curiosidad, anotar que en fotografías
de orbes en donde el agente era un bebé o un niño,
el tamaño del orbe era especialmente reducido en proporción
a otros presentes en el mismo escenario fotográfico. Esto
nos podría llevar a pensar de forma simplista que personas
adultas emanan orbes grandes y niños pequeños emanan
orbes reducidos.
D.___El autor
posee pruebas fotográficas, de naturaleza especialmente sensible,
en donde se muestra una notable actividad de orbes en situaciones
de actos sexuales explícitos. He de aclarar que estas fuentes
documentales no son las normalmente proporcionadas por empresas
o publicaciones profesionales relacionadas con el sector del erotismo,
sino fotografías amateur realizadas por personas de la calle,
que inmortalizan fotográficamente sus momentos íntimos
para darles difusión a través de determinados medios.
Este punto es especialmente importante, ya que las fotografías
de similar naturaleza ofrecidas por profesionales normalmente no
poseen imágenes de orbes, al ser desechadas como fallos en
la película fotográfica, reflejos indeseables, etc.
Lo importante de este asunto es que he comprobado que una actividad
sexual intensa es capaz de generar orbes. Esto significaría
que una pulsión primaria tan poderosa como es el deseo sexual
sería un desencadenante claro para la aparición de
orbes que pueden ser fotografiados. Esto engarzaría con nuestra
tesis de que los orbes son puras emanaciones del ser humano en determinados
momentos de alta energía emocional. No podemos dejar de recordar,
por tanto, una vieja tradición de la filosofía hindú
que colocaba una potente fuente de energía psíquica
a nivel de los órganos sexuales (la famosa serpiente Kundalini)
y que podía ser despertada mediante diferentes series de
ejercicios y posiciones (Tantra). Volveremos a hablar sobre este
interesante aspecto más adelante.
E.___ Está
claro que la hipótesis de la emanación solucionaría
de manera cómoda muchos interrogantes sobre la presunta naturaleza
‘sobrenatural’ de los orbes, pero por desgracia también
añade innumerables interrogantes. El primero de ellos es
¿cómo se produciría esa emanación?,
y como consecuencia ¿cuál es la finalidad de esa emanación?.
Intentaremos responder a las dos en los siguientes apartados.

2.2. Demasiado rápido,
demasiado furioso
Desde hace bastantes
años se ha estimado que algunos fenómenos parapsicológicos
(esencialmente PES) tienden a producirse durante las fases alfa
de nuestro cerebro. Recordemos que nuestro cerebro, como un delicado
instrumento de intercambio eléctrico, funciona a diferentes
frecuencias medibles mediante un electroencefalograma o un SQUID
(Dispositivo superconductor de interferencias cuánticas,
un novedoso y sensible medidor de micro-campos electromagnéticos
aplicado al diagnóstico médico). Nuestro estado de
vigilia normal, en donde nos encontramos mientras conducimos, firmamos
un contrato o pelamos zanahorias para el almuerzo, se denomina ondas
Beta y normalmente ostenta un rango de frecuencias entre 15-30 Hz.
Las ondas Alfa (las más proclives a manifestar fenomenología
paranormal) ostentan un rango más bajo, entre 8-14 Hz, y
denotan un estado de relajación atenta o de concentración.
Los estados Delta y Theta se hallan en los estadios de relajación
profunda y sueño, y van desde los 3-7 Hz. Desde hace algún
tiempo se ha hablado también de un estado Gamma con un rango
global de unos 30 Hz y algunos investigadores han descubierto también
un pico de actividad global sobre los 40-70 Hz relacionada con un
posible bucle sincrónico de actividad córtico-talámica
(Penrose, Ioannes, 1994). Numerosas experiencias PES sobre telepatía,
clarividencia, EEC, etc, han sido registradas en sujetos dentro
una actividad alfa. Sin embargo, es de reseñar que existen
ciertos fenómenos inexplicables que se producen por encima
de ese rango ‘mágico’ de ondas alfas. Situaciones
de telepatía en fase crítica, apariciones de vivos
tras un accidente, clarividencia viajera en escenarios traumáticos,
etc, nos inducen a pensar que las ondas beta (o una actividad exacerbada
de estas ondas, llamémosles superbeta) pueden ser capaces
de producir también fenomenología paranormal. Hemos
declarado anteriormente que según la hipótesis de
la emanación, los orbes serían estructuras generadas
por los seres humanos en situaciones de alta emotividad, lo que
sugiere un estado muy exacerbado de ondas beta.
Ya hablamos
antes que una situación de actividad sexual intensa era un
perfecto catalizador para generar orbes, y en ese escenario, el
agente estaría en un estadio de ondas beta o superbeta, al
igual que aquellos agentes situados en el funeral de un familiar,
en las maniobras de rescate de una catástrofe o en un ring
de boxeo. A nivel físico, el agente presentaría notables
variaciones en el state ordinario de su cuerpo con efectos claramente
medibles, como segregación de adrenalina, hiperventilación,
respuesta de lucha-huida, cortejo vegetativo (sudoración,
piel de gallina, nauseas), stress psíquico, exacerbación
muscular (en algunos casos extremos se podría hablar de un
síndrome estudiado por la literatura médica y denominado
sansonismo, donde podríamos poner como ejemplo clásico
la madre que observa como su hijo queda bajo las ruedas de un automóvil
durante un atropello e inexplicablemente logra levantar las ruedas
del vehiculo y extraer a su hijo de debajo con una fuerza e ímpetu
desconocido e impropio en una situación ordinaria). En resumen,
podríamos proponer que los orbes son estructuras energéticas
de índole desconocida pero que se generan por el ser humano
en estadios superbeta como un efecto secundario a la actividad psíquica
exacerbada del agente.
Esta
hipótesis tiene no obstante claras incongruencias. ¿Qué
poderoso mecanismo podría poner en marcha nuestro organismo
para que nuestro cerebro se comportara como un emisor de energía
modulada?. ¿Podríamos pensar que bajo determinadas
circunstancias ambientales y emocionales nuestro cerebro se comporta
como un mecanismo superconductor capaz de generar orbes?. El investigador
ruso Boris Iskatov ha formulado un modelo matemático basado
en las transformaciones de Dirac y de Schroedinger donde prevee
un posible campo de energía-información residiendo
en un gas (agrupación caótica) global de micro leptones,
es decir, una estructura esférica con alto contenido de información
coherente, con una mecánica cuántica desconocida hasta
ahora, y que podría formar los ejes del estudio sobre la
materia oscura. El trabajo del ruso Anatoly Ohatim ha confirmado
experimentalmente la existencia de este supuesto gas de micro leptones
y sugiere que toda la información del mundo material está
imbuida en este gas, incluyendo los pensamientos del ser humano.
Esta información existiría en forma de hologramas
formando unas unidades mínimas denominadas ‘eidoses’.
2.3. El Más
Antiguo Idioma
Finalmente,
suponiendo que los orbes sean realmente emanaciones de exótica
naturaleza del ser humano, resta establecer el fundamento teleológico,
es decir, cual es el motivo u objetivo para este artificio. Si consideramos
como ciertas las tesis antes expuestas, estaríamos ante la
emisión de determinada información coherente, en un
formato energético que tal vez no sean capaz de reconocer
nuestros sentidos convencionales, pero que muy bien pudiera ser
una forma muy primaria de comunicación a nivel emocional.
En definitiva, si la hipótesis de la emanación fuera
cierta, supondríamos que los orbes son estructuras de información
emocional que surgen del ser humano como un primitivo lenguaje fuera
de nuestro equipamiento sensorial, actualizable tal vez por diferentes
medios de PES (telepatía, percepción extra sensorial,
etc). Un ser humano en una situación emocional exacerbada,
podría generar este tipo de estructuras, similares a semáforos
o señales indicativas de significado muy primario (miedo,
emoción, tensión sexual, odio), para transmitir información
a otro sujeto.
3.
Segunda hipótesis: Coexistencia
Como ya expusimos
al principio de este ensayo, la segunda hipótesis con la
que vamos a trabajar es excluyente de la primera. Lamento profundamente
este estado de cosas pero es evidente que no podemos intentar meter
una pieza redonda en un agujero cuadrado. El problema de los orbes
presenta ciertas peculiaridades que hacen necesario crear otra estructura
epistemológica, completamente diferente, si queremos darle
una explicación racional a algunos de sus efectos y características.
Por esa razón, he diseñado la teoría de la
coexistencia. En este punto del camino, ruego al lector que quiera
continuar que olvide temporalmente lo que ha leído hasta
ahora.

El afamado profesor
Sinesio Darnell, que también se ocupó en su momento
del estudio de ciertos fenómenos lumino gráficos,
los denominó ECNI, acróstico de Entidades Coexistentes
No Identificadas. Vamos a quedarnos con los primeros términos,
Entidades y Coexistentes. El primero presupone que se trata de entes,
sujetos individuales, y esta individualidad estaría gobernada
por cierta inteligencia. Coexistentes nos presentaría a un
fenómeno que existe en nuestro entorno de forma paralela
pero del que no podemos actualizar nuestras percepciones por motivos
que después discutiremos. Empecemos a analizar el primero.
3.1. Ordenando el
trastero
Si releemos
las teorías de otros investigadores que basan su planteamiento
en una base trascendentalista, podemos observar una postura clara.
Los orbes son el cuerpo extenso, material, semimaterial o energético,
que representa al espíritu de una persona fallecida. Su presencia
en determinados entornos cargados de fenomenología psíquica
es innegable. El orbe sería el contenedor espiritual de una
inteligencia completa, con sus emociones y su personalidad más
o menos intactas. Esta concepción encaja como un guante con
la idea japonesa de ‘hito-dama’, persona-globo. Su hábitat
sería el clásico para este tipo de manifestaciones.
Casas o lugares con carga traumática, con antecedentes de
disturbios psíquicos o con presunta fenomenología
paranormal. Sus efectos en ese entorno serían también
los clásicos, sensaciones extrañas de invasión,
focos o soplos fríos, sensaciones de tocamientos y movimientos
de objetos. Todo el catálogo de efectos adscritos a un caso
de poltergeist. Sobre este particular hemos de hacer un parón
y marcha atrás; la fenomenología poltergeista era
conceptualizada en el siglo pasado por los miembros de la S.P.R
como la ‘Teoría de la Muchachita Traviesa’, exponiendo
que se trataba de un efecto psicorrágico cuyo foco era normalmente
una muchacha conflictiva en edad púber o con notables conflictos
de tipo sexual (volvemos a la pulsión sexual como desencadenante…).
Vemos aquí una actualización del concepto de ‘fantasma’
o de espíritu errante, dotándolo de una nueva forma
material y finalmente descubriéndolo como extra en una fotografía.
Personalmente no me hallo en condiciones de afirmar taxativamente
que los orbes sean los nuevos fantasmas postmodernos de nuestra
era, ni siquiera que sean un elemento trascendental de una posible
supervivencia del alma humana a la muerte, pero he de declarar,
que efectivamente, poseen los suficientes rasgos definitorios para
otorgarles un mínimo de identidad subjetiva. Pasemos a explicarlo.
A. ______Los
orbes se comportan aparentemente de manera inteligente. Podemos
suponerles sin ningún problema un tipo de inteligencia primaria
(similar a la de un animal) y es innegable su relación con
otro tipo de fenómenos anómalos de significancia elevada
(psicofonías, p. ej.).
B. ______Los
orbes presentan tendencias y patrones de comportamiento, es decir,
realizan rutinas de actuación y actualizan sus reacciones
conforme se varía su entorno. Suben escaleras, se sientan
en sillones y reaccionan de forma coherente ante la presencia de
un agente. Esto supone un mínimo de inteligencia y emocionalidad.
C. ______Poseen un cierto instinto gregario y a veces se agrupan
colectivamente en ‘clusters’ o mejor, tomando un ejemplo
más afín a la biología académica, cardumen
de individuos (como los bancos de peces).
D. ______Existe
una clara variabilidad entre los individuos, con orbes más
activos y dominantes y otros con un rol más secundario.
E. ______Presentan una curiosidad innata por interactuar con todos
los seres vivos, especialmente seres humanos y animales domésticos
(también afines al entorno del ser humano). En este caso,
podríamos hablar de cierto instinto doméstico. Y aquí
me permitirá el lector retrotraernos de nuevo a fuentes históricas
para reseñar la conocida creencia del pueblo romano (la más
contrastada entre otras) sobre sus creencias en manes, lares y penates,
es decir, entidades espirituales domésticas, usualmente familiares
difuntos, que coexistían con los vivos en los hogares familiares
y a los que se les rendía un culto privado de índole
familiar.

3.2. La Rayuela
Hasta ahora
hemos dado por supuesto que los orbes son el vehículo en
donde se asienta una inteligencia anteriormente humana que ha pasado
tras la muerte a otro estado de existencia. Aparentemente, nuestro
instinto así nos lo dicta. Pero, ¿podemos estar seguros
que esa inteligencia es efectivamente un resto humano intelectivo?
Hace 30 años el escritor de ciencia ficción y científico
Arthur C. Clarke aventuró la posibilidad de existencia de
unos organismos biológicos, habitantes de nuestra estratosfera,
con forma de esfera (eso sí, de varios Km. de diámetro),
de una naturaleza tan sutil que les haría invisibles a nuestros
sentidos. Una especie de medusas invisibles inteligentes. Es obvio
que era una pura elucubración literaria de este autor pero
nos sirve de trampolín para aventurar algo. Es posible que
los orbes no sean fantasmas postmodernos tal y como nosotros entendemos
el concepto, sino especies biológicas específicas,
desconocidas todavía y de una naturaleza probablemente extraterrestre
o ínter dimensional. Entiendo que esta es una propuesta muy
arriesgada y posiblemente hayan empezado a aparecer ya ciertas sonrisas
entre algunos lectores, pero el problema es que existen datos que
avalarían (con poco presupuesto, lo reconozco) esta idea.
He aquí un par de ellas.
A. _____Los
investigadores José y Karen Escamilla, de Nuevo México,
llevan varios años realizando estudios sobre otro fenómeno
anómalo de similar naturaleza a los orbes. Se denominan ‘rods’
(barrotes, en castellano), y aparecen como estructuras fusiformes,
voladoras, con apariencia orgánica aunque muy similar a los
orbes, y que se comportan como organismos vivos. Estos ‘rods’
presentan una imagen muy similar a un microorganismo tipo bacilo
aunque a escala gigantesca (aproximadamente la longitud de un palo
de escoba). Existe también una cierta variabilidad en cuanto
a formas y comportamientos, distinguiendo el matrimonio Escamilla
hasta tres tipos básicos de rods: los llamados ‘centípedos’
o ciempiés, que presentan una serie de indentaciones aerodinámicas
a lo largo de su estructura, similar a las aletas de una sepia;
los rods blancos, que parecen ser el modelo básico y los
‘lanzas’ que son los más rápidos y estilizados.
Así mismo, los rods, al igual que los orbes, se agrupan en
clusters, con apariencia de trenes, con varios rods acoplados entre
morro/cola para formar algo parecido a un convoy. Y lo que es más
curioso (aunque me ha sido imposible contrastarlo), el matrimonio
de investigadores asegura haber encontrado muestras físicas
de rods muertos, carcasas o cascarones, de una naturaleza material
desconocida.
B. _____ Existen fenómenos luminográficos paralelos
a la aparición de orbes que denotan una interacción
de tipo biológico con nuestro entorno. En EE.UU. se denomina
‘mist’ o niebla ectoplásmica a una conformación
vaporosa, tipo humo de cigarrillo, que aparece con cierta frecuencia
en lugares frecuentados por orbes. Desconocemos su naturaleza y
si realmente son fenómenos concomitantes, pero podríamos
aventurar que se trata de un subproducto de los orbes. El investigador
especializado Rafael Jordan aboga porque esta niebla o ‘mist’
sea el producto de la desintegración material de los orbes,
o incluso, que sea la materia prima sobre la que los orbes podrían
formarse y estructurarse.

3.3. Limpiando los
pinceles
A final de esta
exposición, nos quedan algunos puntos oscuros sobre el tema.
En primer lugar, cual es la razón por la que los orbes, siendo
detectados por cámaras fotográficas y videográficas,
no pueden ser vistos a simple vista. En realidad, esto no es así.
Existen testimonios de personas que los han observado nuda natura,
es decir, a simple ojo. Tenemos en este caso un fenómeno
denominado COTET ‘’ Visión por el rabillo del
ojo’’ o visión periférica. Este fenómeno
aparece en determinados sujetos que afirman haber realizado avistamientos
de orbes a través de su visión periférica (la
que nos permite p. ej. ver la intensidad de una estrella lejana
mirando al cielo indirectamente). El problema estriba en que los
orbes, siendo cuerpos sensibles al flash de una cámara fotográfica,
no son observados directamente por el ojo humano. Se me ocurren
dos hipótesis sobre este asunto. Primera, existiría
una barrera psicológica en el ser humano que le hace imposible
observar (o interpretar lo observado) un fenómeno como son
los orbes. Una especie de efecto hipnótico ante determinados
fenómenos objetivos que pueden ser fotografiados pero no
observados in situ. Podríamos recordar aquí el famoso
Velo de Isis de los ocultistas iniciados, esa especie de incapacidad
profana para observar hechos y fenómenos de naturaleza sobrenatural
y que solo después de algunos entrenamientos rituales seríamos
capaces de rasgar. La siguiente opción que se me ocurre sería
una puramente física. Los orbes son estructuras que coexisten
entre dos dimensiones y por tanto, quedan fueran de nuestro aparataje
sensorial. Algo parecido a intentar ver el vuelo de una bala de
fusil disparada a 4.000 Km. /h. En cualquier caso, es evidente que
existe una incapacidad fisiológica del ser humano para detectar
estos orbes, y solo aquellas personas con una sensibilidad especial
son capaces de observarlos de modo natural.

Otro rasgo
a estudiar sería la interacción de los orbes con nuestro
entorno. Aparentemente gozan de una física especial que les
permite maniobras de vuelo increíbles, traspasar la materia,
invisibilidad, etc. Sin embargo, el autor posee pruebas fotográficas
de orbes reflejados en cristales, proyectando sombras sobre una
pared o incluso, afectando a la vertical de la llama de una vela.
Esto significa que interactúan de manera clásica con
nuestro mundo material, aunque sus efectos quedan fuera de nuestra
percepción por motivos que desconocemos.
4.
Motivos de discusión
Llegado
a este punto del estudio, hay que platear una discusión seria
sobre el tema de los orbes. ¿Cuál es su naturaleza?,
¿Qué condiciones son las más favorables para
que se generen?, ¿Qué identidad poseen y porqué
no somos capaces de descubrirla? Mi opinión final (aunque
no la definitiva) es que se tratan de proyecciones muy sofisticadas
de algo emanado por un ser humano. No creo que sean entes externos,
sino simples semáforos emocionales de una naturaleza innata
al ser humano pero olvidada. Queda en boca del lector rehacer mis
hipótesis y formar así una nueva teoría que
otorgue completa satisfacción al problema de los orbes.
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