RENACIMIENTO ESPIRITUAL

RENACIMIENTO ESPIRITUAL

© Juanca Romero Hasmen / Diario de Avisos

Nada hacía presagiar hace apenas 10 años que el concepto de vida que teníamos las sociedades occidentales, iba a convertirse en el mayor proceso de transformación humana del último siglo. Sin duda alguna, vivimos continuamente inmersos en un mar de etapas cíclicas que nos muestran una y otra vez que lo pasado regresa, y lo que regresa lo hace avalado por la experiencia de lo anterior. Nuestra forma de entender la vida está en la actualidad en estado de alerta. Al igual que ya ocurriera en etapas como la hippie o la new age, la búsqueda de agarraderas vitales nos lleva inexorablemente a disfrazarnos con las vestimentas de lo cercano a la Fe, a todo lo que se tiñe de divinidad, capaz de echarnos el cable que nuestra debilidad humanizada necesita.
En esta ocasión es un vendaval de crisis el que nos está empujando hacia la vertiente espiritual. La crisis económica de alguna manera ha dejado al descubierto hecatombes más internas como la crisis de identidad, de valores, de creencias… De aquellos días de colectividad flower power en los que lo mío es tuyo y lo tuyo con lo mío es de todos, hemos transitado hasta las horas de hoy en las que lo externo pasa a ser secundario, colateral ante la búsqueda interior, la esencia de lo que somos. El cuerpo ahora es el envase que porta la magia de la energía que nos conforma, y en la que reside nuestra auténtica identidad humana. Son días para excavar en lo que somos realmente, a sabiendas que en muchas ocasiones lo que se muestra es la verdad de la gran mentira en la que estamos viviendo frente a los demás y frente a nosotros mismos. ¡Saber quiénes somos realmente, asusta!
Quizá sea por ese miedo atávico o simplemente por la guía de un puñado de complejos, también están los que se visten de espirituales de cara a la galería porque eso les reporta complejos lazos sociales en un entorno de cartón piedra. Personajes de cuadriculado postín que enarbolan banderas de la nueva espiritualidad reuniendo a un reguero de debilitados incautos al módico precio de 150 o 200 euros. La nueva forma de entender la espiritualidad si está bien entendida, pasa por realizar un trabajo intenso sobre la alfombra de los egos y las conjuntadas verdades y mentiras de lo que somos realmente. El palurdismo casi beato y adoctrinante, está alejado de todo lo espiritual y muy próximo a la estafa emocional, muchas veces alentada desde impropias poltronas. El viaje a nuestro interior no puede ser jamás guiado por agentes externos con billeteras dispuestas a ser rellenadas. Este viaje toca realizarlo en soledad, aferrados a nuestros sentimientos, sabedores de que los miedos y vergüenzas acechan, pero sin los regueros de confetis lanzados por payasos de impostadas túnicas mediáticas. Esta es la etapa en la que podemos ser libres para simplemente ser, sentir y sobretodo, fluir.

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