Salamanca incógnita (II)

2ª Parte

Salamanca incógnita (II)

© Juanca Romero Hasmen

 

Los amaneceres salmantinos tienen una luz especial, precedidos por sutiles aromas a café y abolengo. Conmigo para siempre llevaré el calor de sus calles y su gente, la amabilidad castellana que brota desde la sencillez y la cortesía. Salamanca ejerce de flecha enamorada que se clava en el corazón para dejar su impronta durante el resto de los días, sin duda, es una ciudad llena de magia. La pasada semana en este mismo espacio dominical, recorrimos algunas de sus calles en busca de leyendas y pasajes de la Historia. Pero nuestro viaje no ha concluido. En la mañana del miércoles me dirigí hasta la Universidad de Salamanca –la más antigua que existe en España-, y junto a su portada me esperaba Antonio Llorente, profesor de la mentada universidad, con quién quería descubrir algunas de las curiosidades que encierra esta centenaria construcción. Concretamente fue en 1553 cuando se dio por finalizada la construcción de la majestuosa portada, que más allá de lo encantador de su recargado cúmulo de ornamentos en piedra, es conocida por algunos detalles llenos de incógnitas.

Salamanca

¿Ha escuchado hablar alguna vez de la rana sobre la calavera? La conocida como rana de Salamanca es un detalle ornamental, si se quiere decir así, que está labrado en la portada del edificio de la Universidad de Salamanca y que con el paso del tiempo, se ha convertido en parada obligatoria para los visitantes, apareciendo incluso en las guías turísticas. Se trata de la representación de un pequeño anuro que aparece ubicado encima de una calavera. Y así, surge un interminable reguero de leyendas en torno a la rana. Según cuentan, y así me lo hace saber el profesor Llorente, este símbolo oculto entre los enredados ornamentos, tiene que ser encontrado por aquellos estudiantes que quieren aprobar los exámenes, de modo que todo el que no llegue a encontrarlo por sus propios medios, no podrá doctorarse. Pero lo llamativo es que el tiempo se ha encargado de extrapolar la curiosa tradición a todos los viajeros que llegan a la ciudad con afán turístico, y que buscan a la escondida rana para obtener de este modo suerte en la vida. Pero la pregunta es clara, ¿qué hace una rana adosada a una calavera y qué significado tiene si es que lo tiene?

_ Rana sobre la calavera en la portada de la Universidad de Salamanca _

_ Rana sobre la calavera en la portada de la Universidad de Salamanca _

Después de medio milenio debatiendo que puede significar esta iconografía en la piedra, hay postulados muy sólidos que han estudiado no solo esta representación, sino el conjunto de la fachada, porque es en ella donde al parecer están las respuestas. Hay que centrar la atención en tres calaveras que representan a los hijos de los Reyes Católicos (María, Isabel y Juan), que murieron antes de su construcción. El cráneo que porta a la rana pertenece al príncipe Juan que murió en 1497. Un  estudio del catedrático Benjamín García Hernández apunta a que “el conjunto de la rana y la calavera sobre la que se posa, pretende mandar un mensaje iconográfico para burlar de esta manera a la Inquisición”. El hijo de los Reyes Católicos murió de una enfermedad a pesar de los esfuerzos por salvar su vida. Esta representación señala que el príncipe Juan (rana) no volverá de entre los muertos (calavera). Un dato curioso que me hizo hasta gracias, es que a la rana se la conoce con el nombre de Parrita, en honor al doctor Parra, el médico que trató la enfermedad del príncipe.

_ Famoso ye invasor astronauta de la Catedral Nueva de Salamanca _

_ Famoso ye invasor astronauta de la Catedral Nueva de Salamanca _

Pero sigamos nuestro encantador paseo por las calles de la ciudad, ahora, en busca de la cercana Catedral Nueva. Me habían contado que en su fachada vive un extraño personaje, en realidad uno de los muchos que forman parte de esta belleza arquitectónico-religiosa. Se trata del conocido Astronauta de la catedral. ¡Sí!, un astronauta en una fachada de la catedral que fue construida entre el siglo XVI y el XVIII. ¿Cómo es posible? Se habla de una broma por parte de los restauradores de la catedral, aunque parece insólito que algo así pueda ocurrir en una obra arquitectónica considerada Patrimonio Histórico Español, y cuya Ley deja muy claro cómo debe realizarse cualquier obra de limpieza, mantenimiento o reconstrucción. Pero a pesar de la normativa establecida para estos edificios, todo apunta con más que claras evidencias a que se trata del fruto del aburrimiento de algún restaurador/es que quiso dejar su impronta tallada en piedra, generando miles de horas de debates radiofónicos, televisivos e incluso en un buen puñado de libros. El astronauta “desnarigado” –fruto de la barbarie- sigue formando parte del conjunto de rarezas que enredan los muros catedralicios; un toro, un cánido comiendo frutas, un ángel con evidente sexualidad, un dragón que parece comer un cucurucho de helado… y así un interminable listado de anomalías que darían sin duda cada uno de ellos para dedicarle una página completa cada semana.  Lamento no poder afirmar que el “des trompado” astronauta es una señal irrefutable de la existencia de dioses venidos desde las estrellas hace cientos de años, pero el señor con escafandra es de nueva generación, un invitado inesperado a la fiesta del patrimonio prostituido.

No quería abandonar la provincia de Salamanca sin acercarme hasta Topas, un pueblo cercano del que siempre escuché hablar desde mi época de estudiante de Letras Puras y que es el portador del hermoso y literario Castillo del Buen Amor. A poco menos de 30 kilómetros del centro de la capital salmantina, y circulando por una agradecida carretera (A-66 y la SA-CV-127), me encontré con la calma de Topas, un notorio grupo de casas que se ven acomplejadas ante la majestuosidad e impotencia del castillo. En mi cabeza no paraban de revolotear códices antiguos, cantares, duelos y amores imposibles. Aquel lugar forma parte del escenario de mi pasión por los libros y por momento se entremezclaba con las leyendas de corte misteriosos que se cuentan sobre él. Innumerables testimonios que hablan de ruidos extraños, el sonido de golpes e incluso el aliento de una respiración en tu nuca que llega de ninguna parte.

 ¿Es el Castillo del buen Amor un hotel “encantado”? Sea como sea, el actual edificio está ubicado sobre las bases de una fortaleza del siglo XI, y ha pasado por las manos de dueños tan ilustres como los Reyes Católicos o la familia Fonseca, un amplio linaje de arzobispos. A los amigos de los libros les sonará los nombres de Alonso Fonseca y María de Ulloa, personajes del Libro del Buen Amor, que ha dado nombre al castillo. Sin duda se trata de un lugar que sugestiona, lleno de ingredientes propios de leyendas y de historias para no dormir; estrechas escalinatas, puertas que no se saben muy bien hacia donde llevan, pequeños ventanucos, largos pasillos y amplios salones…lo que más me causó repelús fueron todos esos animales disecados y sujetos a la pared que parecen querer escaparse para tomar venganza.

 Cuentan que por los pasillos algunas veces se oyen gritos y se ve pasear a una mujer vestida de gasa blanca. Icono recurrente en todo buen castillo y palacete que se precie, pero que en el caso que nos ocupa, parece estar mejor documentado que en otros muchos lugares. Sin duda, este expediente así como otros muchos relacionados con antiguos vestigios romanos, ocuparán espacio durante la próxima temporada radiofónica de Angulo 13. En mi camino de vuelta voy dejando la amplitud de Castilla, los anchos valles llenos de contrastes cromáticos. Pero en esta ocasión no me marcho con pena porque Salamanca siempre me espera y yo la espero a ella. En pocos días regresaré para seguir descubriendo su calor, su olor y su forma de querer, porque ante todo, Salamanca enamora.

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