Sumerios en Andalucía

Entrevista con el escritor, Mario Mas Fenollar

Sumerios en Andalucía

 © Juanca Romero Hasmen

Un viaje a través de la Historia supone aportar un pequeño grano de arena al amplio espacio reservado para el conocimiento. En Angulo 13, y siguiendo con nuestra línea habitual, esta semana abrimos una interesante página dedicada a la cultura sumeria, tan intensa como desconocida para la mayoría de la ciudadanía. El escritor Mario Mas Fenollar acaba de publicar “Sumerios en Andalucía, una revisión a la Prehistoria del Mediterráneo” (Cultivalibros). Con él damos un poco más de luz a este apasionante y amplio pasaje de la Historia Universal.

Geográficamente, ¿hasta dónde se extendió el “brazo sumerio”? –Los historiadores se refieren a Sumer más bien como a una región histórica, y no tanto geográfica. En cualquier caso estaríamos hablando de la región más al sur de Mesopotamia (la tierra situada entre los ríos Tigris y Éufrates), englobada actualmente en Irak. Si bien podemos delimitarla físicamente, no debiéramos olvidar que sus influencias culturales irían mucho más allá; no en vano a esta cultura se la conoce también como “cuna de la civilización”. En cuanto a la limitación temporal, se considera que la Civilización Sumeria se iniciaría a partir de la segunda mitad del IV milenio antes de Cristo, estamos hablando del 3.600 antes de nuestra era, es decir, que han pasado desde entonces unos 5.600 años. Finalmente, alrededor del 2.300 a.C. se dará paso al Imperio Acadio, heredero directo de la cultura sumeria.

Mario Mas Fenollar

Mario Mas Fenollar

¿A partir de qué época estuvieron los sumerios en España, y actualmente con que legado contamos en nuestro país? –Conviene remarcar que entre el 3.100 y el 2.900 a.C. se consolidarán los avances anteriores y, coincidiendo con la generalización del uso del bronce en todo el Próximo Oriente (y por supuesto del cobre) el comercio sufrirá un notable incremento a todos los niveles. No se trata de una explosión cultural exclusivamente sumeria sino que abarcaría todo el Próximo Oriente y la cuenca del Mediterráneo oriental. Hablamos por ejemplo de la civilización cicládica (en las islas comprendidas en la actual Grecia), expertos navegantes capaces de comerciar con el mineral metálico de sus islas tanto con Egipto como con Sumer. Sabiendo esto, es interesante constatar cómo a partir del 2.700 a.C. surgirá un foco metalúrgico en el sur de la Península Ibérica, en el seno de la ciudad de Los Millares. A esto se añade el hecho de que los restos de la muralla que defiende el sitio recordarán al sistema de protección localizado en la isla cíclada de Syros, al otro extremo del Mediterráneo. Hay otras muchas evidencias arqueológicas que  nos indican contactos, ya no sólo con la región de Sumer, sino con el Próximo Oriente en general.

No olvidemos que el sur peninsular es un lugar rico en minerales a partir de los cuales se obtendría tanto el cobre como el estaño. ¿Casualidad? Es muy interesante la lectura de “La epopeya de Gilgamesh”, un relato babilónico que bebe directamente de fuentes sumerias del III milenio antes de nuestra era. Gilgamesh sería rey de la gran ciudad de Uruk sobre el 2.600 a.C., la epopeya describe claramente cómo viajaría hacia occidente y cómo se encontraría con los marineros “hombres piedra”. Es interesante apuntar que por entonces en el Mediterráneo occidental, llegando incluso a la isla de Malta, tenía lugar la conocida Cultura Megalítica, conocida por el uso que hacían de la piedra para construir. Hablamos de los menhires, de los dólmenes, las cámaras de corredor y los tholois, ¡qué mejor forma de definir a un marinero del otro lado del mundo para un sumerio, acostumbrado a trabajar el barro cocido! También es sugerente cómo en el relato los marineros “hombre piedra” se asustan ante el puñal metálico con el que los atacará Gilgamesh, ¿no constataría esto la importación de la metalurgia desde oriente? La cuestión es que no estamos hablando sólo de sumerios, sino que debiéramos remontarnos en el tiempo al menos hasta el neolítico. Por supuesto, tras los sumerios seguiría la conexión marítima.

¿Cómo explicar las extrañas pinturas rupestres de una gran variedad de embarcaciones en el abrigo de Laja Alta en Cádiz? –Es chocante asociar pinturas rupestres ibéricas con  barcos. Por esto precisamente el abrigo de Laja Alta en Cádiz, único en Europa, es tan especial. Tenemos representadas una variedad de navíos coincidentes con los que desde el III milenio a. C. sabemos que surcaban el Mediterráneo oriental. Vemos barcos micénicos, egipcios, tal vez cicládicos y sin duda alguna una embarcación fenicia. Por supuesto que en las fechas que se datan las pinturas rupestres no encontramos en la Península Ibérica, ni en todo occidente, ninguna civilización con tan alto grado de sofisticación. La casualidad no puede explicar este yacimiento, máxime si tenemos en cuenta la coincidente variedad de las pinturas con la variedad de navíos al otro lado del mar. Ligado a otras pruebas, cabe imaginar que la antigua Cádiz, con su particular ubicación geográfica, habría constituido una especie de base para todos los marineros que (ya con cierta frecuencia) recorrían el Mediterráneo. No olvidemos que la mítica Tartessos, e incluso la propia leyenda sobre la Atlántida, podrían encajar en esta hipótesis: reminiscencias de contactos marítimos con occidente muy anteriores a lo que hoy se había considerado…

Para los profanos en la materia, ¿podrías explicarnos qué es un zigurat? –El zigurat es el templo religioso sumerio por excelencia, una enorme estructura a base de ladrillo cocido, constituida a partir de superposición de una plataforma sobre otra. En la actualidad los zigurats que se han encontrado se encuentran entre el actual Irán e Irak. En el tiempo habría que ubicarlas durante el III milenio antes de nuestra era. Ligado a  tu pregunta debiéramos añadir que en la actualidad se están estudiando los restos arqueológicos del conocido templo del Monte d´Accoddi, en la isla de Cerdeña, como un posible zigurat. Teniendo en cuenta esta suposición, sumada a otras en la propia isla sobre las que trato en el libro, de nuevo nos vemos obligados a admitir que marineros (en este caso culturalmente adscritos a Sumer) establecieron algún tipo de base en la isla italiana en algún momento del III milenio antes de nuestra era. Algo que encajaría a la perfección con lo que se propone en “Sumerios en Andalucía”. ¿Por qué la Historia no acepta que el hombre fuera capaz de atravesar el Mediterráneo hasta la llegada de los fenicios? Esta es una cuestión clave, de hecho yo me hago eco de algunos hitos marítimos sorprendentes,  sobre los que no hay duda, y que datan de muchísimo tiempo atrás.

Sumerios en Andalucía

 ¿En este puzle prehistórico, las Islas Canarias qué papel juegan si es que juegan alguno? –Las Canarias es un enclave estratégico para alguien que quiera cruzar el Atlántico, eso nadie lo pone en duda. Bien, en base a esta idea no quise cerrar el trabajo sin dedicar un anexo a las pintaderas. Las pintaderas, lejos de ser exclusivas de Canarias, han sido vistas por algunos investigadores como parte de un conjunto de elementos muy similares que se encontrarían desde el Próximo Oriente hasta  incluso América. En concreto las más antiguas, originales del Próximo Oriente, datarían entorno al 4.000 a.C., a Europa llegarían sobre el 2.200 a.C., también al norte africano para finalmente aparecer en el archipiélago entre el 2.000 y el 1.500 a.C. Las localizadas en Mesoamérica se datan sobre el 1.000 a.C. ¡Esto daría que pensar! Recordemos la importancia del comercio desde el Mediterráneo oriental a partir del 3.000 antes de nuestra era. ¿Otra coincidencia? Por último, los fenicios (ya lejos de ser los primeros navegantes mediterráneos) tendrían posiblemente un galardón más justo: los primeros navegantes que arribarían a las costas del Nuevo Mundo. Pero eso, será otra historia…

En tu reciente publicación “Sumerios en Andalucía: una revisión a la Prehistoria del Mediterráneo” cuestionas algunos de los planteamientos sobre la materia que hasta ahora se daban por válidos o suficientes. ¿Qué aportas como destacado o relevante en tu trabajo? –Particularmente no hay ningún dato que no se haya publicado, simplemente es una reordenación de las piezas que ya se conocían para conformar un nuevo punto de vista. Un nuevo enfoque al que ya no incomodan evidencias materiales como el zigurat de Cerdeña, restos de escritura de corte oriental en alguna tumba localizada en Huelva y perteneciente al III o II milenio antes de Cristo, la vinculación con la Troya del II milenio de la Fortaleza de la Bastida en Totana (Murcia) o reminiscencias literarias de ricos reinos occidentales (Tartessos y el mítico Argantonio, el Gerión de los trabajos de Hércules o la mismísima Atlántida).

 ¿Con este libro se despejan muchos interrogantes que hasta ahora los estudios de la Prehistoria habían simplemente enunciado? –¿Qué tiene que responder a eso el autor?, yo así lo considero. No se trata de algo que competa sólo al sur de la Península Ibérica, ¡estamos poniendo patas arriba a todo el Mediterráneo! Pero no me corresponde a mí juzgar el resultado. Espero que otros lo hagan, siempre desde el rigor y sin obviar los restos arqueológicos más comprometedores para la “visión oficial”. Sinceramente, tras este trabajo soy de la opinión de que lo verdaderamente sorprendente es que tuviéramos que esperar tanto tiempo para que ambas cuencas mediterráneas entraran en contacto.

¿Es este un libro escrito exclusivamente para los amantes de la Historia? –No, he tratado de ser pedagógico y de exponer sólo la información suficiente. La idea es que no sea necesario consultar ninguna enciclopedia. Francamente, creo que el resultado es accesible a cualquiera, amante, conocedor, curioso e incluso especialista.

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