“TONTOPOLLAS” EL FALSO FLEMÁTICO

“TONTOPOLLAS” EL FALSO FLEMÁTICO
© Juanca Romero Hasmen
¿Recuerda cuando estando en la escuela y posteriormente en la época de estudios de bachiller o universitarios, en nuestra clase siempre había uno o dos que parecían calladitos, algo atontados y muy estudiosos?, pues lamento comunicarle que se han escapado de los centros educativos extendiéndose por toda la sociedad. Evidentemente puede darse el caso de que a usted le importe poco o nada la existencia de estos insípidos personajillos, del mismo modo que quizá le haya despertado la sana curiosidad y quiera saber un poco más sobre el asunto. ¡Pues nada!, me decanto por la segunda corriente, y paso a continuación a describirle algunos escenarios verdaderamente llamativos. Si usted es del grupo a los que el tema no le interesa, deje de leer en este preciso instante estas líneas escritas por un insurrecto de lo políticamente correcto.
“Tontopollas”, conocido por su cansina verborrea eclesiástica y de retórica aprendida en los dibujos animados, se reconoce en cualquier ámbito social porque su apariencia es la de un benefactor, próximo a la santidad auto impuesta. Da el perfil de un gran estudioso de cualquier tema, lo que en las aulas podríamos identificar como un empollón mal empollado. En las calles puede identificarse porque jamás hablará mal de nadie cuando alguien esté junto a él, salvo que los presentes sean algunos de sus acólitos, secuaces o también llamados chupapingas en nómina. Jamás tendrá una palabra más alta que otra para referirse a cualquier tema. Aunque esté molesto o indignado por algo en concreto, “Tontopollas” se mostrará monótono de reacciones cual gorrino adormilado en medio de su particular chiquero.
Pero no debemos confiarnos, “Tontopollas” se acuesta cada noche haciendo un repaso de aquellos que no le son afines, de esos capaces de hacerle sombra o simplemente destaquen sobre su paupérrima presencia. ¡Es la perfecta definición de rencoroso, envidioso y acomplejado! Según algunos estudios científicos, el tamaño de la bilis de “Tontopollas” es superior a la media, conociéndose algunos casos en los que este tipo de sujetos han muerto ahogados en ella. El titular sería: “Tontopollas muere ahogado en su propia bilis en medio de un charco de pis”.
Si por algunas cosas del azar usted pasa a ser objetivo de uno de estos pazguatos, debe saber que su modus operandi es enmarañado y no exento de cierta complejidad. “Tontopollas” siempre se rodea de 4 ó 5 lame traseros dispuestos a morir por su líder. Con total probabilidad, a uno de ellos le encargará crear algunos perfiles falsos en las Redes Sociales para vigilar, perseguir e insultar a su rival. Alguien debería explicarles a estos “cortitos cipoteros”, que con un par de clicks de ratón puede saberse desde donde escriben o simplemente te vigilan… Curiosamente se ha dado el caso de algunos rastreos hechos desde oficinas municipales de algún ayuntamiento, ¿curioso, no? A otro de sus fieles le encargará la difícil misión de echar ficticia mierda sobre su objetivo, que por lo general, no va más allá de inventarse algunas roñas y extenderla entre cuatro comemierda como ellos. “La verdad sólo es una, y únicamente la conoce el poseedor de ella
“Tontopollas”, pajudo cibernético por naturaleza, fingirá fidelidad a los suyos aunque lleve años rajando de ellos, y ya puede alguien mostrar incluso grabaciones de esas conversaciones traicionera, que no será capaz de reconocerlas como suyas; “esa no es mi voz… es un montaje…” Guardará en su móvil, conversaciones y fotografías picantes con algunas seguidoras de aspecto desquiciado, de las que hablará pestes pero no admitirá jamás haber tenido contactos carnales con ellas… aunque haya grabaciones que apunten a ello. En definitiva, “Tontopollas” es lo que se conoce como un “señorito queda bien”, un tipo ejemplar. Pero como todos nosotros los mortales, nuestro falso flemático tiene un punto débil, y es no cuidarse de a quien cuenta sus tropelías, a riesgo de que alguno de sus interlocutores tenga pruebas o pueda contar el contenido de esas conversaciones inapropiadas…  “El zorro sin máscara, sigue siendo zorro aunque a medio vestir”
Dicen los más viejos, que el que juega con fuego, se mea los calzones. Que empiece el olor a pis, que la fiesta acaba de empezar.

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